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Las texturas del desierto en las fotos aéreas de María Elena de Ignacio Infante, presentes en el libro “Deserta”, de ARQ Ediciones.

La potencia de Atacama en potencia

Esa mancha marrón interminable que se parece mucho al vacío no es la inmensidad de la nada y mucho menos un lugar para ir, saquear o turistear y largarse como si nada, dejando un peladero, basura, o una obra de mitigación ofensivamente desproporcionada respecto a las ganancias obtenidas.
¿Cómo podría ser a futuro; cómo habitarlo de modo sostenible? Pedro Ignacio Alonso tiene un puñado de buenas claves para volverle la dignidad a un lugar que podría, bien cuidado, regalarnos energía no solo a los chilenos sino a toda Sudamérica… limpiamente.
Revisamos con él algunas de las conclusiones del libro “Deserta”, un estudio de la Universidad Católica que investiga las posibilidades del desierto de Atacama en una mirada que integra la tecnología y la ecología.


Full Diseño N°17, 28 de abril 2017

“Con un cuadrado de CSP (Concentrated Solar Power) de 20 x 20 kilómetros en el desierto de Atacama (un cuarto de este cubierto por espejos), se podría suministrar energía eléctrica a todo Chile. Con uno de 50 x 50 km, a toda Sudamérica”. Y esta cifra puede ser sobre una superficie discontinua, terrenos aquí y allá.
Las comillas son de Pedro Alonso, que cita el tema que trata Francisco Förster, una de las tantas colaboraciones que contiene “Deserta”, libro a cargo de Alonso (León de Plata, Venecia 2014), cuyos estudios ha publicado y presentado en el Pabellón de Chile en la Bienal de Venecia 2012, en la revista AA Files de la Architectural Association de Londres y en la Manifest de Princeton, Estados Unidos.
El tema es tan interesante: ¿Cómo podría ser habitable el desierto de Atacama de modo sostenible? La Universidad Católica está enfocada en el asunto a través del Centro del Desierto de Atacama, plataforma de investigación interdisciplinaria entre geógrafos, biólogos y arquitectos, con la que Pedro Alonso colabora desde que volvió a Chile de su doctorado en Inglaterra y en donde participa como arquitecto; de ahí nace “Deserta”, que parte de la pregunta central: “Qué significa habitar el desierto y por qué la gente elige vivir ahí, si no es habitable y supuestamente no hay nada”. Alonso se responde que es por la actividad económica –minería, astronomía, turismo y actividad científica–, “si no, nadie lo haría”; justamente los temas de los workshop que han dirigido con The Architectural Association de Londres, en los que han revisado las relaciones de urbanismo, diseño y arquitectura que se pueden desarrollar ahí, en un sistema de ecología industrial. ¿En síntesis? Volver a pensar el desierto, rediseñarlo, no como solemos hacer –sin tocarlo para nada o sobreexplotándolo y abandonándolo–, sino al revés, habitándolo e instalando mucha más industria, dado el potencial energético e interés científico que tiene.

SABIDURÍA ESPACIAL 
El modelo que plantea Alonso sienta sus bases décadas atrás, en el concepto de ecología industrial de John McHale y los modelos que experimentaba la NASA en la carrera espacial. “En el fondo lo que entra al sistema no sale, no es una cosa lineal donde consumes en un lado y botas de otro. Es circular, todo lo que entra se mantiene la mayor cantidad de tiempo posible en un ‘loop’ y eso incorpora variables como los servicios, transportes, desperdicios, etc. El modelo de cápsula espacial, que ya estaba presente en los 70 con las primeras exploraciones de la NASA, un circuito cerrado que es el que se tendría que replicar: cómo la ciudad, el paisaje y el territorio se conciben desde un ciclo ecológico y se incorporan a la industria. Cuáles son las tecnologías, cómo se recicla la basura, el agua, de dónde viene la comida y cómo integrar tecnología en un proyecto que es de arquitectura, pero también de diseño y otras disciplinas. Esas fueron las preguntas que trataron de responder durante los workshops realizados en Atacama.

REDISEÑAR EL DESIERTO
El libro revisa una serie de tecnologías disponibles, existentes, que son susceptibles de aplicar de modo integrado, según los distintos contextos y ecosistemas, marino, de puna, de la costa. “No está tan lejos, las tecnologías existen, hay que conectarlas.
“Por ejemplo, si una operación minera -como lo hace Minera Esperanza- o urbana saca el agua del mar y la desaliniza, o tiene CSP (Concentrated Solar Power), que es sustentable, y su agua va a la fitodepuración, produce algas que se pueden transformar en biodisel o ir a un invernadero y generar comida, puedes decir que hay una operación de infraestructura con estas 4 tecnologías que pueden producir comida, depurar agua, generar energía y permitir una sustentabilidad en el desierto. No saco el agua del oasis, la ocupo y la tiro al mar llena de contaminación, no es: ‘ocupo poco, gasto poco y apenas terminé de ganar plata me largo y dejo el hoyo’, sino que dejo instalada una cierta ecología industrial que además produce riqueza para el país. Imagínate que quedaran en el lugar otras 4 industrias que puedan seguir funcionando en otro tipo de ciclos porque están vinculadas al turismo, o la astronomía, o la comida o a la energía. Antes la minería generaba al menos ciudades en torno a la explotación, hoy hay hoteles de paso para los trabajadores que viajan por turnos al Norte, que a la larga es igual a más gasto y más contaminación con los viajes”.
Ejemplos de cómo hacer esto hay varios y no se trata como suele pensarse de soluciones supertecnológicas y carísimas, algunas las tenemos en Chile desde hace años, explica Alonso. Soluciones simples y locales, como el sistema Tohá de reciclaje de aguas, el sistema Suka Kollus de la cultura de Tiwanacu, los atrapanieblas, o incluso de una planta desalinizadora solar que ya existía en 1874, técnicas que se pueden integrar con eólica, biomasa, CSP -solar concentrada. “Un artículo de Francisco Foster, doctorado en Oxford, dice que si uno hiciera un cuadrado hipotético de 20 x 20 km de CSP, le podría dar energía a todo Chile, y si fuera 50 x 50, a todo Sudamérica. Es hipotético porque no hay un terreno plano de 20 x 20, ¿pero si lo tuvieras repartido en distintos lugares? Atacama tiene la mayor cantidad de kilowatss hora por metro cuadrado del mundo. Si tienes una industria que en 20 x 20 produce la electricidad para todo Chile y además depura el agua y está vinculada a procesos de producción de alimentos, etc. se complejiza la figura, se le agrega diseño, la construcción del ‘loop’ ecológico se podría completar, pero si tiene poca gente no se alcanza a cerrar. Eso intenta plantear el libro: la potencialidad del desierto, la tecnología, la radiación, pensar el desierto de nuevo no como un espacio vacío, sino como un lugar que debería ser rediseñado, se podrían generar unas microecologías industriales que producirían riqueza y podrían ser sostenibles”.

TECNOLOGÍA A LA MANO. “Deserta” pasa revista al estado de las tecnologías vinculadas a un urbanismo sustentable desde una perspectiva medioambiental integrada, que enlaza ecosistemas y recursos. Aquí algunas soluciones.
– Desalinizar el agua: Charles Wilson instaló la primera planta desalinizadora solar del mundo en Atacama en 1874. Produjo 2º mil litros de agua desalinizada por día junto a una mina de salitre en Las Salinas, en Antofagasta. Se trataba de 64 bandejas en madera cubiertas de vidrio. (Gonzalo Carrasco, pág. 249)
– El sistema Tohá de depuración y reutilización de aguas servidas: Se aplica a las aguas domésticas y residuos industriales líquidos orgánicos, riles, creado por José Tohá. Tiene un biofiltro con varios estratos por donde escurre el agua reteniendo la materia orgánica que es degradada por lombrices y flora bacteriana. Se genera un humus de los residuos de las lombrices y el flujo finalmente va a dar a una cámara UV donde las bacterias patógenas mueren en 60 segundos. Es de bajo costo, no produce lodo y el humus de las lombrices sirve de abono. (Flavio Sciaraffia, pág. 215)
– Suka Kollus: Es un sistema de cultivo andino asociado a Tiwanacu, que optimiza los recursos y el suelo en el contexto de los cultivos de terrazas; se trata de plataformas elevadas, rodeadas de canales que se valen de la pendiente para distribuir el agua. Permite recuperar suelos y utilizar tierra no apta para el cultivo volviéndola apta, ya que el drenaje que produce genera microclimas. (Flavio Sciaraffia, pág. 222)
– CSP: “Se ha estimado que la energía invertida en construir una planta de CSP se recuperaría en alrededor de 6 meses, a diferencia de los aproximadamente 2 años que se requieren para los paneles solares convencionales”… para el desierto de Atcama el costo de la electricidad de las plantas CSP ya es comparable con el costo de la electricidad de las centrales eléctricas a carbón con recolección y almacenamiento de CO2, que para el 2017 debería ser semejante al precio de las centrales eléctricas a carbón, con los impuestos sugeridos por el informe Stern”. ( Francisco Förster, pág. 270)

EN EL TINTERO. Si sabemos el potencial energético de Atacama (cambiar la base de nuestra economía del cobre a distribuidores de energía para el continente), ¿por qué no se hace el cambio?
Las condiciones ya existen y de hecho hay grandes cambios ocurriendo en estos momentos. De acuerdo con Francisco Förster, el dato más revelador es que en la última gran licitación de energía del Gobierno se alcanzaron los precios más bajos en el mundo por generación de energía eléctrica de cualquier fuente hasta la fecha, a USD 29 el MWh, la mitad del precio ofrecido por generación a carbón en la misma licitación. Dos tercios de los 12.4 GWh/año adjudicados correspondieron a energías renovables no convencionales. Ciudadano Inteligente muestra un 95% de cumplimiento de las promesas relacionadas a cambios en la regulación de energía de este gobierno, lo que demuestra también que hay grandes avances desde el lado regulatorio. En el análisis que Förster público en “Deserta”, esperaba que el precio de la energía solar igualara la del carbón a fines de esta década, pero la tecnología redujo sus precios incluso más rápido que esa expectativa, y ya igualó al carbón.

¿Por qué las mineras pueden seguir actuando en un esquema que no es sustentable a largo plazo? ¿Falta legislación acorde, voluntad política, conciencia? El problema es que el precio por contaminar es en general muy inferior al del daño que los proyectos causan a la biosfera, que nos provee de muchos servicios que sí pueden ser cuantificados. Si se midieran las externalidades negativas globales, incluyendo por ejemplo el impacto debido a las emisiones de gases de efecto invernadero o el impacto de verter millones de toneladas de ácido clorhídrico en el mar y se aplicaran multas e impuestos acordes con estas externalidades, muchos de los proyectos en cuestión nunca se ejecutarían. Los que argumentan que estas externalidades deberían ignorarse por el bien de la economía ignoran el problema de cómo reemplazar los servicios prestados por la biosfera y les pasan el problema a las futuras generaciones. En este plano, efectivamente se requiere un acuerdo a nivel nacional, una revisión de la legislación vigente, y en definitiva la voluntad política para asumir el costo real de las externalidades negativas globales en el largo plazo. Supone un cambio radical en la ética de hacer negocios.