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La luz como material

Las fechas no calzan. Si la mayoría de los artistas que trabajan con luz sitúan sus comienzos hace una década, ¿por qué no los vimos antes con la frecuencia que vemos sus intervenciones hoy? Puede ser que ha llegado tarde, pero el interés está aquí, probablemente gracias a Instagram y otras plataformas. Aunque no cuentan con los incentivos y muchas veces se les niegan las condiciones, tenemos una escena potente que se relaciona de igual a igual con los cultores en Berlín o Nueva York, que con más ingenio y talento que recursos está lista para envolvernos con su obra.


Ya eran pareja y formaron una dupla artística uniendo las técnicas de ella y las obsesiones de él. Empezaron a “coser con luz”, a explorar las posibilidades que ofrecían las cintas led. Crearon un sistema autorrecargable para poder transportarlas, las sacaron a la calle –en Chile y otros países–, las pusieron en pisos, escaleras, estatuas y todo tipo de estructuras y se dieron cuenta de algo: el sofisticado cerebro de los seres humanos a veces se comporta de manera muy similar al de las simples polillas, apenas se enciende la primera luz la gente llega a mirar, a tomar fotos, a saber qué pasa.

“Nos interesa mucho la relación con el lugar, con la gente que va a mirar lo que estamos interviniendo; ese momento de ver y experimentar un quiebre dentro de la cotidianidad de un espacio y resignificarlo. La fotografía es un registro, lo que un coleccionista podría comprar de nosotros, pero me interesa incluso más la experiencia. Las impresiones de la gente, la interacción, completan la obra”, explica María Aparicio, arquitecta y artista reconocida por su trabajo cosiendo fotografías, también parte de la dupla de lightlandart The Tremendos junto al diseñador Werner Fett, su pareja. Por ejemplo, esa vez que recorrían París tratando de aprovechar al máximo la infinidad de rincones aptos para sus intervenciones que esa ciudad ofrecía, cuando instalaron una serie de cintas led en el suelo de un callejón oscuro como si fueran una escalera, no habrían logrado el mismo resultado sin la preciosa mujer –con look de modelo– que se soltó del brazo de su acompañante para posar ante sus cámaras entre las cintas, sin que nadie se lo pidiera. Otras veces se ha tratado de multitudes viendo cómo subrayaban los gestos de la escultura de Rebeca Matte frente al MNBA.

La evolución de esa interacción entre espacio, gente y luz es su búsqueda para 2019: “El año pasado pasamos de las cintas a tubos led, luego a fluorescentes led, y hemos ido jugando con eso. Ahora estamos jugando con la posibilidad de intervenir sobre personas, al individuo, con acciones, en movimiento y con luz, integrando el sonido también. Lo que hizo Denise Lira en el MAVI, a pesar de que se trataba de una imagen proyectada, era luz y sonido. Para mí ahí está el cómo la gente va a vivir el arte, lo que viene. Lo que yo viví sentado en la escalerita mirando y escuchando este mar después de haber caminado por el túnel, es una cuestión que no se puede llevar a registro fidedigno ni en la mejor foto o video”, dice Werner Fett.

El circuito que acoge a los artistas lumínicos incluye espacios expositivos como MAVI, MAC Forestal, Galpón Víctor Manuel, Centro Cultural Los Piñones, Departamento, MNBA, Metro 21 y diversos sitios temporales facilitados por la municipalidad de Independencia.

Roy Macdonald, miembro del colectivo de arte lumínico Trimex Collective, cree que efectivamente hay un interés mayor en este tipo de expresiones artísticas y lo atribuye a internet, a una mayor exposición a lo que ocurre afuera. “La gente está con muchas más ganas de verlo en vivo, de vivir eso que ni la foto ni el vídeo capturan, la atmósfera y la experiencia”, dice.

Hace 10 años, cuando ellos partieron, en este circuito no existían el mismo interés ni la valoración por las atmósferas y las experiencias que observan ahora, que traspasa desde el arte a la industria publicitaria, como demuestran los muchos requerimientos que reciben de marcas de autos, de cervezas y otros alcoholes. Hace 10 años todo era incluso más precario que ahora, se topaban frecuentemente con la barrera de las carencias para realizar sus proyectos. “Hay que inventar las soluciones desde lo disponible, hay que ingeniárselas para hacer las cosas con presupuestos a veces nulos. Como afortunadamente hemos podido investigar y aprender mucho de lo que hay detrás de estas tecnologías, tenemos un grado de manejo que nos permite crear nuestras propias herramientas. Por ejemplo, en Recreo (el ciclo de festivales de música electrónica y arte que tuvo lugar en un colegio en desuso en Independencia) mezclamos proyección de video con láseres sincronizados y mapeados. Fue algo que desarrollamos nosotros junto con un software especial para ese proyecto. Hay un montón de conocimiento que la gente no suele asociar al arte”, explican los Trimex Collective.

Esa vinculación con la ciencia y la tecnología les ha valido invitaciones a participar en proyectos como “Los sonidos del Alma” (el observatorio en Atacama) y mostrar su trabajo en Barcelona y Tokio, por ejemplo. Viajes que en parte tuvieron que financiar ellos mismos.
Claro, como hacen notar ellos, hasta los tubos de pintura significaron en su momento un avance tecnológico que permitió a los impresionistas salir a pintar en medio de la naturaleza, libres del peso de los tarros. Asimismo, esta frontera menos explorada se ve tremendamente atractiva para artistas jóvenes y muy probablemente, a medida que las tecnologías mejoren, la luz va a ser cada vez más utilizada como soporte. “Pero lo más importante es el contexto, una instalación lumínica cabe en un museo, sobre la fachada de un edificio o un monumento, en una fiesta electrónica y en muchas partes más que quizá aún no sospechamos”, dice el arquitecto Juan José Aldunce. “Si bien somos muy técnicos, nos gusta mucho trabajar en torno a la tecnología, nosotros la entendemos como una plataforma para mostrar contenido. Desde el contenido resolvemos la parte técnica; el contenido indica qué debemos usar, ya sea en un lugar o en torno a un concepto específico. Eso es lo que hace la gran diferencia entre arte y ‘tech porn’”, dice Andrés Terrisse.

Pintar con luz
“Nos metimos en esto porque nos llamaba mucho la atención ver lo que habían hecho otros artistas que ya en los 80 y 90 estaban trabajando con luz y con video. Nos preguntábamos ¿cómo se hace? Nos dimos cuenta de que no usaban lo proyectores con el formato rectangular tradicional sino que pintaban con luz.  Pensamos ‘si nadie lo está haciendo no podemos esperar a que alguien lo haga para poder verlo’”, recuerda Octavio Gana sobre los inicios de Delight Lab. La primera proyección que hicieron –él y su hermana, Andrea Gana– ocupó la fachada del MAC en 2009 y fue el proyecto de título de ambos, él saliendo de diseño y ella de arte. Desde que se establecieron como Delight Lab –con sus tres áreas de trabajo: mapping a gran escala en espacios públicos; museografía digital e instalaciones inmersivas e interactivas en museos; implementaciones audiovisuales escénicas en danza, teatro, ópera y musicales– han atraído la atención de medios muchas veces; por ejemplo, cuando mediante una reconstitución cuadro a cuadro hicieron caminar a Allende por calle Morandé, cuando hicieron lo mismo con Neruda o cuando realizaron la primera versión de su festival de arte lumínico, el Kuce, y en lugar de recibir las mil personas que estimó la Intendencia de Santiago recibieron 10 mil y se les retiró la autorización para el resto de sus actividades en la vía pública.
En octubre de 2014 hicieron arder el Centro Panruso de Exposiciones, un histórico monumento en Moscú, con el fuego, los patrones y los cantos de los selknam; esa participación en el festival Circle of Light, el más importante del mundo en este tipo de arte, los hizo merecedores del premio de la audiencia. Volvieron a Chile con ese triunfo y ganas de organizar un festival.

“Es fascinante ver cómo la arquitectura se transforma en otra cosa. En la investigación que hizo Andrea para nuestro proyecto de título nos dimos cuenta de que todo esto estaba vinculado a las fantasmagorías que vienen de hace 300 años”, dice Octavio. En los siglos XVIII y XIX la gente hablaba de linternas mágicas para referirse a los primeros artefactos de proyección, los que se fueron perfeccionando, adquirieron ruedas –a veces también humo– para salir a las calles donde muchos no entendían que se trataba de una máquina y huían asustados pensando en que habían visto fantasmas. “Todo esto es muy anterior al cine. Fuimos incluso más atrás e investigamos la arquiastronomía, lugares como Machu Picchu con estructuras pensadas para proyectar ciertas sombras, o la pirámide del estado de Yucatán, donde una serpiente va descendiendo con el sol; en Escocia también hay formaciones cuyo calce con el sol es perfecto. Eso es verdadero mapping cientos de años antes de la electricidad”, explica Andrea Gana.
Cualquiera que haya pasado un rato observando una fogata –el primer control lumínico que tuvo el hombre– entiende el tipo de placer ancestral del que hablamos.

“Todos nosotros y los demás proyectos que has entrevistado estamos trabajando la luz, pero además la temporalidad como tema. La mayoría de las veces hay un control mediado por la tecnología, eso permite tener una estructura, una narrativa, algo que se va desarrollando, en eso hay un aspecto importante, hablamos de un arte vivo de alguna forma”, agrega Sergio Mora-Díaz, quien junto a los Delight Lab y Marco Martínez es parte del colectivo artístico que creó SONPENDULAR, una obra que ocupó la iglesia en desuso de las carmelitas descalzas en Independencia, que durante dos días se presentó en tres funciones, a las que asistieron alrededor de mil personas y para la que varias decenas quedaron fuera.

A Sergio le interesa crear estados atmosféricos con un trabajo que es instalativo, muchas veces interactivo, y que tiene cabida en galerías, de eventos y escenográficos. De hecho tiene un proyecto muy vigente con un coreógrafo en Nueva York, el que ha viajado por varias ciudades de EE.UU.

La naturaleza genera los fenómenos lumínicos más increíbles, como las auroras boreales y las luciérnagas, y en medio de ella todos los sentidos se ven estimulados. Por eso es el gran referente para estos artistas. Las palabras clave son experiencia, inmersión, espectacularidad, monumentalidad, y si se puede integrar interactividad la figura se completa. También deberíamos hablar de sinestesia, el nombre de uno de los proyectos de Sergio Mora-Díaz, también una especie de condición médica o psicológica, o la habilidad que tienen ciertas personas de visualizar sonidos o escuchar colores, la integración o traducción entre un sentido y otro, y en gran medida lo que buscaba SONPENDULAR.

Marco Martínez dice que no viene de la luz sino del documental. Después de realizar el de Electrodomésticos  –“El frío misterio”–, otro para Tortoise y otros de fotografía, se unió al proyecto de Carlos Cabezas cuando hacía su regreso a los escenarios y se hizo cargo de las visuales. Posteriormente vinieron otras colaboraciones con miembros de Sonic Youth y otras bandas, fundamentalmente electrónicas. Marcos se acuerda que fue en una residencia artística en el sur de Chile donde se encontraron con Octavio y Andrea Gana, y nació esta idea de una obra lumínica y musical, a la que luego se incorporó Sergio Mora-Díaz. Trabajaron durante cuatro meses para crear la primera versión, que se exhibió gratuitamente en julio de 2018. Para la segunda se reforzó el sonido, se hicieron algunos cambios en la narrativa visual, pero se mantuvieron los 50 minutos de tensión divididos en cuatro capítulos.

En enero pasado, antes de que el monasterio del Carmen Bajo de San Rafael se llenara de luz y sonido, se inundó con el aroma del romero y el gopal: se intentaba involucrar la mayor cantidad de sentidos posibles y al mismo tiempo crear una atmósfera de ritual.

“Es un gran desafío ocupar una iglesia que lleva 20 años en desuso, tiene mucha fuerza ese gesto. La iglesia ya tiene una carga potente, la manera de plantearnos la obra fue ‘vamos a hacer una especie de rito lumínico, vamos a hacer una limpieza’, eso involucra una catarsis para que luego venga la paz. Por eso la obra de a poquito va preparando un viaje hasta que llega un caos, y después la tranquilidad y un dejo de nostalgia”. Cuentan los artistas de SONPENDULAR que durante el montaje entró una monjita, hizo un gesto de desaprobación, bajó la vista y salió rápidamente. Hasta ahora es la única muestra de descontento con la obra. sonpendular.cl / @trimexcrew / @the_tremendos