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La justicia en el aire

Santiago está irrespirable. Hoy más que nunca. Una contaminación histórica reposa sobre las cabezas de miles de ciudadanos que hoy se ven más afectados por el uso de lacrimógenas. Un problema crónico, agravado por la contingencia. El programa In the Air, creado por la arquitecta española Nerea Calvillo, aparece como una solución a la mano para tomar conciencia de la calidad del aire del lugar donde vivimos.


Para cambiar hábitos no basta dar datos, hace falta sentirlos. Una buena manera es hacer visible lo invisible. Eso fue lo que planteó la arquitecta Nerea Calvillo, fundadora de C+Arquitectas, con el programa In The Air, un proyecto que investiga distintas formas de visualización de la calidad del aire. El proyecto www.intheair.es nació en 2008 con motivo de un taller de visualización de datos hecho por Medialab Prado, Madrid, junto con un equipo de colaboradores internacionales que desarrollaron la aplicación digital, y un prototipo llamado ‘fachada difusa’. “En ese momento el aire era un tema poco visible socialmente, y me di cuenta de que, aunque los datos eran públicos, sabíamos muy poco de lo que representan. Además me interesaba entender la relación entre la calidad del aire y la trama urbana, entender sus diferencias espaciales”, cuenta Nerea.

La aplicación es de fácil uso y no necesita un conocimiento acabado sobre la calidad del aire. “De hecho, se diseñó para que la navegación por el espacio aéreo fuera muy intuitiva, como si fuera un videojuego. Lo que es específico de la aplicación con respecto a otras visualizaciones de la calidad del aire es que relaciona los datos entre estaciones y a lo largo del tiempo, a través de unas mallas que dibujan unas topografías: los paisajes de la toxicidad. Así, es muy fácil comprender lo que está ocurriendo sin necesidad de tener conocimientos sobre química atmosférica”, explica Nerea.

Una de las ambiciones del proyecto era que pudiera servir como plataforma de información ciudadana, por lo que puede consultarse online y en tiempo real.

“Es urgente cambiar de paradigma económico y buscar modelos en los que el bienestar social y medioambiental pasen a un primer plano. Para ello la reducción del consumo, la erradicación del colonialismo y el decrecimiento económico son inevitables”,dice Nerea.

Desde su creación, ¿cuáles han sido los alcances que ha tenido la aplicación, cómo ha evolucionado? ¿En qué está ahora?
Después de la aplicación hemos explorado otros formatos para comunicar la calidad del aire a la ciudadanía. Nos interesa en este momento en especial cómo comunicarlos en el espacio público, para que puedan ser debatidos colectivamente, y para que la gente tenga que enfrentarse a ellos. Además estamos explorando, en colaboración con el estudio de arquitectura que codirijo (C+Arquitectas, www.cmasarquitectas.net), cómo hacer que los datos puedan ser comunicados y a la vez produzcan una experiencia. Por ejemplo, en Yellow Dust, que realizamos para la Bienal de Arquitectura y Urbanismo de Seúl, los datos se traducían en una nube que envolvía a los visitantes. Utilizando una estrategia similar, en Los Descensos, como parte del programa Imagina Madrid del ayuntamiento de Madrid, utilizamos datos del nivel de los pantanos para conectar las geografías de los recursos medioambientales con sus lugares de consumo.
Haces visible lo invisible, necesario para hacer cambios desde lo micro a lo macro, ¿qué cambios puede sugerir la aplicación para un usuario común o para el funcionamiento de una ciudad?
En el taller de Medialab no solamente diseñamos la aplicación, sino la plataforma digital que la contiene. En ella explicamos de dónde vienen determinadas emisiones, qué es necesario hacer para reducirlas, etc. Esta información puede ser muy útil a los usuarios, pero la aplicación también puede servir a gestores para ver la historia de la calidad del aire y su distribución espacial en la ciudad, como un elemento de investigación o consulta.

Santiago es una ciudad crítica en este tema, ¿qué cambios crees que son urgentes de hacer para que el aire cambie?
Las condiciones geográficas y climáticas, los tipos de industria, los modos de transporte, los tipos de producción energética, la cantidad de vegetación, el uso del suelo… todos estos factores afectan radicalmente la calidad del aire. Por eso es muy difícil encontrar soluciones que puedan servir por igual a todas las ciudades. Santiago tiene una dificultad añadida, y es que la cordillera impide que circule el aire, por lo que la contaminación se acumula.
Además es importante recordar que la calidad del aire está intrínsecamente ligada a desigualdades sociales, por lo que es necesario abordarlas simultáneamente. Por ello hay cambios que pueden reducir emisiones y contribuir a la igualdad, como es priorizar las redes de transporte público, fomentar economías circulares para la reducción de desechos, cambiar las dietas alimentarias, reducir la deforestación, etc.

Para ti, ¿cuáles son los cambios más urgentes que debemos atender como sociedad?
Existen propuestas que abogan por un crecimiento ‘verde’ y sostenible. Pero lo que no tienen en cuenta es que no hay planeta para tanto crecimiento. Por otro lado, utilizar el crecimiento económico como indicador del desarrollo y bienestar de los países ha demostrado ser un fracaso, pues no ha tenido en cuenta la desigualdad social y la contaminación que ese crecimiento implica, no solamente dentro de los países, pero sobre todo fuera de ellos, fomentando el colonialismo.