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Más Deco

Arquitectura, Bienal de Venecia 2016, Iñaqui Carnicero

La inesperada oportunidad de adaptarse

Iñaqui Carnicero. Recordamos la visita del curador del pabellón de España, ganador del León de Oro, a la Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos de la Universidad Católica. La mirada fresca y renovada de Carnicero que habla más de austeridad que de superestrellas de la arquitectura.


Máster en Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid, profesor de la Universidad de Cornell, a Iñaqui Carnicero probablemente se lo asocia a nivel internacional como el curador de España junto con Carlos Quintans, León de Oro por el pabellón nacional en Venecia 2016, o como autor de las naves 16 y 15 del renovado centro cultural Matadero, en Madrid. Más allá de eso, Carnicero posee una visión de la arquitectura que encuentra soluciones impensadas y novedosas, austeras y sorprendentes a partir de prácticamente… nada. Una casa cuya envolvente se corre para crecer al doble de su tamaño y luego volver a ser un pequeño y tímido cubo en medio del campo (Revolutionary); unas puertas que se abren hacia el cielo, haciendo las veces de pórtico (Matadero) o una casa que parece enorme, pero que en realidad son dos (Pitch).
Ingenio es la palabra, un ingrediente que parece impregnar a las nuevas generaciones de estudios españoles que enfrentadas a la fuerte crisis económica que sacudió al país sacaron a lucir sus mejores talentos y creatividad, como dejó en claro su curatoría en Venecia.

¿De dónde nace está idea de centrar la curatoría en lo inacabado y no en el resultado? Alejandro Aravena pedía que compartiéramos la problemática que había sufrido el país en los últimos años y que más duramente hubiese afectado a la arquitectura. En nuestro caso, en España era muy obvio. Durante los años de bonanza se construyeron edificios públicos a una velocidad tremenda, entonces cuando llegó la crisis, muchas de las construcciones que estaban en marcha y edificios programados, cuando se acabaron los recursos, en vez de planear una alternativa, una manera de reorientarlos, simplemente se abandonaron, se quedaron así en el paisaje. Una serie de artistas, fotógrafos, han ido recogiendo estas ruinas contemporáneas y nos parecía que había sido tan dejado por parte de la administración pública que de alguna manera había que denunciarlo o ponerlo de relevancia. Nos interesaba mostrar también la parte positiva que muchos estudios de arquitectura han ido haciendo, quisimos darle la vuelta, y estas arquitecturas inacabadas ponen el enfoque en el proceso por encima del resultado, y generan una cierta belleza de algo que está en constante cambio, adaptación.

¿Hay una arquitectura española nueva respecto de generaciones anteriores como Calatrava, Miralles? Yo no los metería en un mismo saco. Yo he sido muy crítico de Calatrava, me parece que es una arquitectura muy ensimismada, muy objetual, muy egocéntrica de alguna manera. Nosotros pensamos que la arquitectura tiene que ser considerada frente a lo existente y prever, plantear soluciones a futuro, cambios y adaptaciones a otros usos. En su caso no dejan de ser muy estáticas, que permanecen así toda la vida.

¿Esta crisis sacó todo el talento que tenían? Sí, eso también nos interesaba: cómo en momentos de restricción y constricción económica la creatividad y brillantez de muchos estudios en España se han ido agudizando.

ARQUITECTURA EN CRUDO
Redefinir, convivir, flexibilidad producto de los pisos vacíos y falta de vivienda, ¿es una constante hoy en España? La gente es mucho más consciente de que lo que ya está construido es un bien que pertenece al entorno y puede utilizarse. Ahora muchos estudios jóvenes se dan cuenta de que ya con pintar o introducir un mueble, un elemento, el espacio funciona de maravilla, hay mucha más permisividad a la hora de entender la arquitectura como algo más crudo, sin ese preciosismo que existía en el pasado. Es verdad que eso ha cambiado. Aparecen nuevas estrategias, estudios que están introduciendo el movimiento, ciertos artefactos que sirven para una cosa y para otra.

¿Quiénes? Por ejemplo Pacman, en una casa utilizan estanterías unidas a un sistema de carriles y simplemente moviendo con este mecanismo la casa se reconfiguraba de diversas maneras. El estudio Cuac, de Granada, interviene en un edificio existente y utiliza como único material un encofrado perdido (moldes para hormigón) como material barato con el cual resuelve toda una estantería y se convierte en la espina dorsal de una rehabilitación. A mí me interesa mucho este tipo de arquitectura que es capaz de transformar el espacio y demostrar que con pocas cosas es posible hacer mucho; cómo al ponerse condicionantes –solo tienes un material para resolver– das respuestas inesperadas y tremendamente interesantes.

Carlos Quintans en una entrevista a MásDeco hablaba de una arquitectura más consciente o más humanizada ahora, ¿no es justamente el fin que debería tener siempre? Esto es muy interesante analizarlo ahora. Como hemos tenido recursos y dinero proveniente de Europa, se ha asignado a edificios públicos que muchas veces han sido promovidos por gobiernos que utilizaron la arquitectura como estandarte o propaganda política. Alcaldes de pueblecitos pequeños hacían un auditorio que no necesitaban, pero pasaba a la historia; entonces la arquitectura se ha politizado, utilizado de una manera completamente alejada de las necesidades reales de la sociedad. Y nos está sirviendo ahora para redefinir lo que es la arquitectura y lo que son las prioridades.

CASA PITCH: TRANSFORMER

Iñaqui compró junto a un amigo un terreno en Los Peñascales, una zona rocosa cercana a Madrid, donde construiría las casas para ambos. “Comenzamos cuando el momento económico estaba más alto y la casa más barata de todas era el doble de lo que le prometí a mi amigo que iba a costar”. Con esta problemática ideó una solución que habla una vez más de la flexibilidad. Como cuenta: “Nos compramos entre los dos una parcela que interiormente podemos vivir en dos. Inicialmente teníamos cada casa de 50 m². Lo interesante era encontrar acciones, mecanismos que permitieran entender el espacio como un lugar más grande de lo que en realidad era: las dobles alturas, la conexión interior-exterior vienen a potenciar esa idea”. En el fondo se trata de dos casas adosadas que parecen una y pensadas como un solo proyecto. “La planta se resuelve con un muro que separa las dos viviendas y un sistema de correas que permite que el espacio interior se transforme. Podíamos presumir que teníamos una casa el doble de grande”, explica. “Tengo la gran suerte de conocer de manera casual, colocando plaquetas en el suelo, a Anton (Iakoviny Pitch), un trabajador rumano, que me atrae por lo meticuloso y el amor que pone. Le pregunto si había trabajado a una escala mayor y me dice que sí a todo. ‘¿Has construido un espacio? Sí señor. ¿Has construido en hormigón? Sí señor’. Y nos metimos en la aventura. Luego me di cuenta de que su castellano era malísimo y contestaba sí señor a todo, pero es de las experiencias más bonitas y probablemente el aprendizaje mayor que he tenido en mi vida con él y su gente, aprendizaje de la lógica de la obra, de la construcción”.

Exteriormente casa Pitch mira al bosque de El Pardo y la silueta de Madrid que se dibuja a lo lejos. De la topografía aprovecha dos inmensas rocas que se encontraban allí para incorporarlas a la estructura, y en este nivel, a ras de suelo, ubica los estacionamientos donde actualmente funciona el estudio. “En verano es el lugar más agradable para trabajar”, dice. En la planta baja, el mobiliario se sintetiza en un solo gran elemento que articula varias funciones, “almacenamiento, mostrador de la cocina, área de estar y cortaviento de la entrada”. Aprovecha estantes y armarios y les da un doble uso: “Todos los elementos de almacenamiento los pegamos a la fachada para mejorar el aislamiento térmico y reducir los costes energéticos”. Con el espacio por protagonista, Pitch obvia la escala y las soluciones usuales de una casa típica para presentarse recostada sobre el paisaje y enorme como es en toda su horizontalidad.

Arquitectura, Bienal de Venecia 2016,  Iñaqui Carnicero