*

Más Deco


Una de las primeras cosas que te enseñan en filosofía es que el ser humano es un ‘zoon politikón’, como decía Aristóteles; un animal cívico hecho para vivir en comunidad, con todas las implicancias emocionales y espaciales, los goces y dolores de cabeza que conlleva el término.

La cueva del Paleolítico, la casa medieval, la casa burguesa, funcionaban en modo aclanado, con la familia extendida, con los más viejos de la tribu, o la abuela, los hijos adultos, el tío o tía, algún primo allegado, no era raro ni mal visto, por el contrario, cada uno aportaba desde su individualidad a la sinergía del grupo bajo un aglutinante común: la cooperación.

En algún minuto, sin embargo, nos volvimos animales tan individuales que preferimos tener una pieza para cada uno, un baño para cada uno… ¡un televisor para cada uno!, y no cupo nadie más en la casa. Tal vez fue en el momento en que la lógica de mercado se volvió la unidad de medida de todas las cosas y entonces tener tu casa propia, tu auto propio, tu todo propio se volvió la meta; como en el sueño americano, con todas tus comodidades, tu espacio y tu confort, evitando al máximo las convivencias y roces con los otros.

¿Individual o en comunidad?
La oficina de arquitectura holandesa Beta Office, que proyectó en Ámsterdam una casa para tres generaciones: niños, padres y abuelos, dice que hasta la Segunda Guerra Mundial era común que las casas estuviesen ocupadas no solo por la familia nuclear, sino también por sus extensiones, y que luego, con la bonanza económica en los 60 y 70 las familias se dividieron geográficamente.

En Asia, donde se valora y respeta a los mayores, históricamente ha sido común que los ancianos puedan permanecer en la casa de sus hijos sin tener que terminar sus días solos. Un ejemplo perfecto de esta filosofía es la Saigon House, del estudio japonés Tomomi Kito Architect & Associates, que ampliamos en estas páginas.

Eugenio Grove, arquitecto, director del Laboratorio de Innovación de la UDP, coincide. “¿Desde qué momento comenzamos a cuestionarnos que vivir en comunidad, más aclanados, era malo? Desde los años 50, 60 diría, desde la posguerra, hubo un cambio cultural y económico y el sistema de mercado nos fue volviendo individualistas”.
 
En modo choclón
Hoy el cohome o coliving, el compartir vivienda con familia grande en casas multigeneracionales se plantea como un modo de habitar en esa vieja línea cooperativa anterior al boom económico y de consumo que se desató desde los 50.
En Estados Unidos, por ejemplo, existen actualmente con la crisis de vivienda cerca de 5 millones de casas multigeneracionales, como informa Metropolis Magazine.

Y es lógico que la sociedad navegue hacia esas aguas si se considera el escenario actual: escasez de vivienda, se vive más años en mejor condición de salud, no se pretende ir en soledad a un asilo, pero a la vez se necesitan cuidados. Muchos jóvenes permanecen más tiempo en la casa parental dados los altos precios de los arriendos y los bajos sueldos al entrar al mercado laboral. Por otro lado, los matrimonios que pasan todo el día fuera de casa trabajando necesitan una red de apoyo para los niños; red que pueden brindar abuelos y parientes que a su vez necesitan compañía. ¿No es más lógico entonces convivir y no segmentar?

“Los tiempos políticos y económicos cambiantes ahora requieren que las sociedades occidentales reconsideren esta situación al contemplar este nuevo paradigma en el que una vez más las generaciones deben cuidarse…”. Indica la presentación de la casa de 3 Generaciones, de Beta Office.

Y como señala Grove, se trata de un cambio que hay que ver en positivo. “Creo que volver atrás, al colectivo social, a la familia, a la tribu, es una necesidad que se está transformando en tendencia. El gran factor positivo de los coliving es justamente saber compartir socialmente espacios y buscar estar con gente y no solos. Sin embargo, hoy la sociedad lo cuestiona porque lo traduce solo a valores de mercado; que es más barato, y eso es mal visto porque el exitismo económico obliga a que tienes que irte de la casa y niega la raíz social que tenemos. En cambio, es como los cowork o la movilidad compartida. Primero se vio como  ‘no tienes plata para tener tu propia oficina o un auto’, pero ahora se entiende lo enriquecedor de la sinergia que entrega el cowork y que usar un scooter o bicicleta es una opción sustentable. Si lo ves desde el punto de vista humano, no comercial, son una excelente alternativa. Que tus nietos crezcan junto con los abuelos es fantástico. Hay que tolerar, requiere un montón de factores, pero a la larga es más lógico, nos está dando la posibilidad de volver a interactuar físicamente, porque la tecnología si bien nos conecta, físicamente nos aleja y cada día la gente está más sola. ¿Qué mejor que llegar a la vejez con mis hijos, mis nietos y mi familia? Es fantástico”, dice Grove.