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La casa del cerro

Un espacio que reformula vivir en la ciudad y propone conectarse con la naturaleza. Ni tan lejos ni tan cerca, parece ser la dosis justa de convivencia entre este matrimonio y la urbe. Hoy disfrutan de otro aire, otro cielo y una naturaleza privilegiada.


El publicista y director de cine publicitario, que hoy trabaja en la productora Funky Films, Javier Valdivieso tenía la inquietud particular de vivir en un lugar amplio, tranquilo y cercano a la naturaleza. Cuando conoció a Francisca Lira, socia y directora ejecutiva de la productora Surface, además de ser la coorganizadora del ciclo de charlas Tedx El Arrayán, el proyecto de vivir apartados de la locura citadina comenzó a concretarse y agrandarse. “La idea general de la casa partió de una inspiración vista en el cerro y del modelo constructivo que iba a ser utilizado por un constructor local y con experiencia en el cerro”, cuenta el matrimonio.
La arquitecta a cargo fue María Paz Mujica, quien se adaptó a los requerimientos tanto del constructor, del terreno y del cliente, llegando a un resultado final que dio en lo justo. La casa fue creciendo orgánicamente por etapas, primero existía el gran espacio principal por el que se accede, junto a una pieza con baño ubicado un nivel más abajo. Cuando la familia comenzó a crecer el matrimonio decidió construir el segundo piso.
Vivir camino a Farellones les dio lo que buscaban: estar en contacto con la naturaleza, todos juntos en familia y que este fuera el lugar de encuentro. “Las puertas siempre están abiertas y todos los fines de semana viene gente a disfrutar de la casa, el aire limpio, las vistas impresionantes, y eso nos encanta. Nos gusta tener la posibilidad de salir a caminar y subir al cerro, tenemos un acceso casi privado a un trekking por la parte de atrás al cerro Pochoco”, cuentan.
Enamorados de los perros, las plantas, los árboles, los pajaritos y la vida al aire libre, Francisca y Javier saben que si vivieran en pleno corazón de Santiago sería muy difícil, casi imposible, lograr un espacio como este. “En el invierno ver la nieve y cómo los cerros blancos se nos vienen encima es impagable, además nuestra agua es de vertiente. Constantemente vemos cóndores sobrevolando el lugar y también se han aparecido zorros y lagartos por el sector. Al llegar siempre nos reciben conejos y codornices, por nombrar algunas cosas que sabemos que más abajo, en la ciudad, no las encontraríamos”, suman.
La casa parece quedar lejos, pero no lo está. “La gente en un comienzo se complica, pero al conocer la ruta y el camino se dan cuenta de que estamos al lado, pareciendo que estamos fuera de Santiago”, explican.
Es cosa de abrir la puerta y entrar en los gustos de cada uno. “Somos los dos bien busquillas, cachureros y nos encanta el tema de la decoración. Llevábamos recolectando cosas cada uno desde siempre en nuestros departamentos de solteros. Juntamos todo y quedó esta decoración ecléctica, con un poco de todo, muchos colores y hartas cosas”, dicen.
La casa es un proyecto que está constantemente en expansión. Se acabó el segundo piso y empezó la terraza, “luego el quincho, después la piscina, al final hicimos un invernadero. Hoy estamos dedicados al jardín, hicimos un antejardín seco con cactus y suculentas, y en el cerro tenemos alrededor de 30 árboles, en donde destacan los kiri”, dicen, proyecto al que Javier le ha metido mucho corazón, haciendo germinar los árboles desde las semillas. Para él este es el árbol del futuro por sus impresionantes características.

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