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Claudia peña, Decoración, Coleccionista, Arte, Providencia, Casa

La belleza de lo roto

Claudia Peña tiene una relación particular con los objetos, especialmente con esos que perdieron sus funciones originales, a los que ella les encuentra unas nuevas y sorprendentes. Esa relación sale de su taller y se extiende por toda esta preciosa casa.


Medio curva, medio barco. En uno de los barrios más bonitos de Providencia, la casa se construyó hace 85 años y hace más o menos 15 la encontró la artista visual Claudia Peña. Ella sabía que sus pequeñas rarezas darían trabajo, que habría que echar abajo muros y rehabilitar cocina y baños completamente. Aun así, se enamoró del patio y de su potencial, de sus naranjos, limones y palmeras.
Se la quedó.
Los muros que cayeron estaban en torno a la cocina, que según Claudia era enana. En el segundo piso se construyó una terraza y en el primero una pieza curva, como para poner una cuna, la gran rareza de la casa, se convirtió en un gran clóset. Mientras los roperos empotrados de las piezas volaban para ganar espacio, aparecían ventanas nuevas para hacer entrar más luz.
“El dueño anterior era arquitecto y tenía su oficina acá atrás, cruzando el patio. Esa era la mitad, la otra la usaba como garaje y yo la boté para tener un taller más amplio. Le puse lucarnas y creo que en la parte alta de los muros los vidrios alrededor de todo el perímetro ya estaban. Pinto todos los días, especialmente si tengo exposición. Me gusta trabajar en mi casa porque soy muy neurótica con el tráfico. Me pongo el overol en la mañana, me lavo los dientes, me vengo al taller y no me movilizo. Me carga salir, lo hago solo para buscar a los niños al colegio cuando no se vienen en micro. Somos una familia muy cívica”, dice Claudia.
Para ella el corazón de la casa es claramente su taller. Pero en el interior de la casa dice tener muchas cosas interesantes: “Tengo cosas raras. Como unas muñecas que hago, que son como cadáveres exquisitos, que voy haciendo de distintas cosas; con pelo de amigas, manos de pinceles, patas de plancha. Miden uno 60 cm. Tengo unos fanales que hice con monos victorianos dentro. Tengo una colección de calaveras”. Le gusta eso.
Sin duda el resto de los habitantes sienten que el alma de la casa es la salita, un espacio que alguna vez fue un comedor, pegado a la cocina, con salida a la terraza, al lado del taller. Ahí están la tele y los escritorios donde los niños estudian y hacen tareas. “Es el lugar que más se ocupa. Luego en mi pieza, en el segundo piso, tengo una terraza techada, pero con enredaderas, una colección de cactus y una cama para ir a leer. En mi pieza también tengo una colección de corazones y un mesón antiguo, como esos que se usaban para medir y cortar telas, bien largo. Lo tengo lleno de cachureos. No sé cuántos años me tardaré en empacar todo si me cambio”, se ríe Claudia.
Su único criterio para comenzar una colección es que sean objetos que le gusten, pero las calaveras, los corazones y lo victoriano ya dibujan una línea, un poco oscura: “Tengo un gusto por las cosas más bien rotas, por la belleza de las cosas imperfectas. Si hay una tetera y le falta una oreja me da lo mismo; con eso voy armando estas muñecas, de pedazos de cosas que ya no sirven. Hago implantes con pedazos de cosas. Mi última exposición fue en octubre. Eran unas pinturas objetos. Eran unas ventanas que recogí de un edificio que habían echado abajo. Las pulí completamente y aparecieron unas ventanas de fierro preciosas, con manillas de bronce. Sobre eso trabajé. Pinte sobre madera. Al mismo tiempo las pinturas contienen objetos. Hay marcos pintados por atrás, hay una especie de vitrina con cosas de cristal pintadas, unas lágrimas, tapas de vidrio, pedazos de pelo, papeles, herramientas, todo sobre la pintura. Mi trabajo es realista, entonces hago una especie de trampa. De lejos no sabes qué es de verdad y qué está pintado. Cuando te acercas lo descubres”.
¿Cómo se puede saber más de Claudia Peña y su relación poética con los objetos rotos? Lo mejor por ahora es googlearla y ver qué han dicho de ella curadores y críticos. Ella, como sus monos victorianos, es a la antigua. No le gustan mucho las redes sociales porque hacen perder tiempo y confundir lo realmente importante. Pero de todas maneras contesta mails que le llegan a aquicpena@gmail.com , otro juego de palabras muy típico suyo, ¿lo notó?.

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