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Departamento, Mauricio Sanz, hotel Bidasoa, bar, hombre, hugo grisanti

Justo lo necesario

Es la obra de un reconocido estudio de diseño de interior, pero es también la interpretación de los gustos y pasatiempos de su dueño. Eso es lo que más resalta en este departamento integrado, bueno para carretear, pero sobre todo masculino.


Nosotros lo vamos a conocer como Mauricio Sanz, joven, soltero, padre de un niño, empresario hotelero, miembro de la familia dueña del Hotel Bidasoa. Pero cuando el diseñador de interiores Hugo Grisanti lo llama por teléfono le dice “Chicho, nos vamos a tomar todas las Ki-Way (la bebida energética natural de Marko Zaror, novio de la hermana de Mauricio) de tu refrigerador”. A través de años de relación laboral, ellos han pasado de clientes a amigos, con un nivel de confianza que no solo permite asaltar el refrigerador, sino que beneficia enormemente el resultado en proyectos como Hotel Bidasoa y este, el departamento de Mauricio. “Después de mostrarles un par de referencias, con indicarles hacia dónde vamos, la respuesta siempre es ‘vamos, lánzate’. Es muy rica esa libertad, y uno los hace participar con mucho agrado”, dice Hugo.
Debe ser un gran desafío dedicarse a algo por largo tiempo, distinguirse en ese rubro hasta conseguir un sello reconocible y sin embargo enfrentarse a un proyecto tratando de que este sello no suene más fuerte que la voz de la persona que ha requerido tus servicios. Es un poco lo que pasó aquí. “De hecho le hemos dicho a Chicho que cuando le pregunten quien hizo esto diga que fue él. Es parte del coqueteo, decir este es mi departamento, de un hombre que quiere tener un espacio rico. Me parece superrazonable. Hemos estado haciendo hartos departamentos de hombres solteros”.

¿Cómo se logra dar ese carácter a un departamento? Cuando haces departamentos con niños tienes otra visión de los espacios, de los materiales. Este no es un espacio recargado de chiches, casi todo contribuye a una historia. La paleta de colores es bien acotada, la madera, el gris y el azul turquesa. También las texturas; optamos por papeles con patrones más geométricos o líneas. No pondríamos quizás algo tan vegetal o natural o con flores. Las cortinas son más lisas; los muebles, de líneas simples.

Los pasatiempos masculinos tienen mala fama estéticamente hablando. Para nosotros fue todo lo contrario. El mueble fue diseñado para instalar la tele. La mayoría de los muebles los diseñamos y mandamos hacer, algunos los encontramos en anticuarios y los mandamos retapizar, pero la idea siempre fue que todo quedara a la vista. Que conocieras sus pasatiempos y gustos fácilmente. Entras y lo primero que ves es un bar.
Hugo dice que no sabría decir cuál es la clave. Quizás es la geometría, como dijo, la alfombra y la mezcla con la paleta de colores. La rigurosidad con que se respetó es como anclarse en una estética sin perder atrevimiento en términos de diseño.
“El cliché noventero de que el hombre no puede estar preocupado de echarse crema, de que no quiere que le toquen el sofá de cuero porque es cómodo aunque es horrible ya no existe. Y no existe en ningún ámbito. Nadie va a un restaurante o bar que es feo, a nadie le gusta vivir en una casa que no sea atractiva. La gente se ha dado cuenta, hombres y mujeres, que hay especialidades. Si te duele la muela vas a un dentista, si tienes un problema legal vas al abogado. Si vas a armar una casa llamas a un interiorista. No tiene por qué saber dónde comprar las cosas o cómo ponerlas. Nos han tocado muchos clientes, hombres solteros o separados, que nos han dicho ‘me gustan los lugares bonitos, no sé cómo hacerlo, ayúdenme’. Ir de compras con tu interiorista no te hace femenino”.

Y reconocer que tenemos un lado femenino y abrazarlo no tiene nada malo. ¡Para nada! @gisanticussen

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