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Casa, zapallar, familia, arte, galería animal, arquitectos

Juntos pero no revueltos

Descansar y disfrutar con la familia, esa es la premisa de este matrimonio que hace varios años cambió un departamento por esta casa donde pueden recibir a todos y a su vez disfrutar cuando están solos gracias a la estructura de los espacios.


Una casa amplia donde recibir a los hijos y nietos, y a la vez muy práctica para disfrutar cuando van solos, fue lo que les pidieron los dueños de casa a los arquitectos Leonardo Valdés e Ignacio Cruz. Los arquitectos, aprovechando el desnivel del cerro, en Zapallar norte, hicieron dos rectángulos, uno arriba del otro, donde la planta alta y de acceso es como un gran departamento con la habitación principal en un costado –otro rectángulo más pequeño que sobresale de la estructura principal-, pasillos amplios, el living, comedor, una terraza techada y bien protegida y la cocina. En este nivel no hay escalones y se accede desde el lado oriente por una rampa, siempre pensando en poder disfrutar la casa al máximo en el futuro y que no sea un tema la edad, ni las condiciones físicas de cada uno.
En la planta baja están las habitaciones para los hijos y los nietos, además de una salita, todo con salida al jardín y con una escalera que la une con el piso de arriba logrando en conjunto una gran casa donde todos tienen su espacio, los hijos, nietos e incluso los amigos de estos, pero con la gracia que cuando los dueños de casa están solos, ese nivel pasa desapercibido y tienen su “departamento” con una vista despejada al mar desde cualquier punto.
El interiorismo también se lo encargaron al arquitecto Leonardo Valdés, quien diseñó varios muebles para los distintos espacios comunes, como la gran mesa de comedor, que tiene la particularidad de tener un porcentaje de la cubierta pintada de otro color, simulando una mesa más pequeña para, como explica el dueño de casa entre risas, “no nos sintamos tan solos”. Valdés no dejó ningún detalle suelto, hasta los radiadores de la calefacción están cubiertos por madera, logrando que pasen desapercibidos.
El gusto por las cosas buenas también se ve en las obras de arte elegidas, la mayoría compradas en la galería Animal, como los grabados de Matta y la escultura “Los Nadadores” de la española Aurora Cañero. Hay objetos traídos de viajes, como las alfombras, un tapiz y cuadros de pavos reales del comedor. Aquí la división con el living está a cargo de la chimenea de diseño más moderno, como la arquitectura de la casa, y que sin duda le da movimiento a la decoración más tradicional y clásica y con tonos más bien neutros, que dejan que el entorno y la familia sea los reales protagonistas.

Tradicionales de Zapallar
Los dueños de casa llevan años veraneando en el sector, al comienzo arrendaban casa en el pueblo, luego tuvieron un departamento en el Parque de Zapallar y hace varios años compraron este terreno donde levantaron esta casa que les permite recibir con soltura y tranquilidad a toda la familia. Años más tarde se le encargó a los mismos arquitectos construir el quincho a un costados de la casa, una ubicación privilegiada con vista al mar y a un pequeño bosque lo que le da un toque muy cálido y natural a ese espacio.
La casa y el quincho los une el jardín proyectado por María Isabel Aguirre con distintas especies de la zona, combinando los colores con arbustos verdes, donde nada se interpone con la vista hacia el mar. Esta es una de las zonas que más disfruta el dueño de casa, caminar mirando las distintas flores y el océano es un lujo que sin duda le gusta compartir con quienes visitan la casa. Es natural verlo guiar a los invitados a las mejores vistas desde y hacia la casa agregando anécdotas como que el dormitorio que está bajo el suyo es el preferido por los adolescentes porque es independiente y pueden dormir hasta más tarde.

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