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De Colección Por Macarena Sánchez

Sacacorchos (doble palanca A1)

Neville Heeley / 1888

Han pasado 130 años desde su creación y sigue vigente su diseño


Los descorchadores datan desde el 1600, como consta en el “Tratado de la Sidra”, de James Worligge, y si pensamos desde cuándo fermentamos uva para hacer vino, hay que remontarse 7.500 años en los montes Zagros, en Irán, pero eso es otra historia.

Inicialmente su diseño era una rudimentaria T, un tornillo y un soporte o asa de madera para hacerlo girar y luego tirar con fuerza; idea que venía de otro contexto, bebedor por cierto: el ejercito y la práctica de extraer las balas de las armas mediante un tornillo. Este invento en forma de T patentado en 1795 en Inglaterra evolucionó con algunas mejoras y variaciones. Pero su problema y el de otros diseños, como el descorchador de 1 palanca –el típico que usan los mozos–, es que ¡uffff, por dios que cuesta sacar el corcho!… es solo para hombres y forzudos, poco inclusivo.

Neville Heeley en 1888 soluciona el problema de una vez y para siempre con su A1. Incorpora 2 palancas a los lados que hacen subir el corcho una vez enroscado y así nace el llamado sacacorchos con alas, que en 1930 Dominich Rosati repatenta y masifica en EE.UU. modificando un poco la forma.

Fue el más popular y probablemente sigue siéndolo. El de 1 palanca puede ser más cool, porque  lleva implícito la sapiencia del entendido en vinos, del sommelier, y ostenta la destreza de quien abre la botella con la fuerza de sus bíceps.  Pero el de alas tiene el appeal del artilugio mecánico, encantador, familiar, el de la casa de todos. ¿Quién no jugaba cuando era chico a que era una persona? Si hasta tenía cabeza que giraba, bracitos que subían y bajaban, cuerpo y columna vertebral. Era una maravilla cuando lo llevaban a la mesa, tenías una muñeca parecida a Robotina para entretenerte mientras los adultos conversaban quién sabe qué cosas.

Alessandro Mendini, sabiamente, hizo explícita esa idea al crear en 1994 su Anna G, por Anna Gili, el famoso descorchador de Alessi. A él le parecía un ritual con esta bailarina que giraba para descorchar la botella. Le puso vestido, peinado y carita con sonrisa completando la imagen de la muñeca; fantasía posible creada por Heeley y que aún sigue vigente 130 años después ¡Salud!

 

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