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De Colección Por Macarena Sánchez

Ingo Maurer

1932 / 2019

A los 87 años de edad, el 21 de octubre pasado, el diseñador alemán, uno de los grandes nombres del siglo XX, que transformó el modo de hacer luminarias, nos dijo adiós.


Alessandro Mendini decía que Ingo Maurer, el llamado poeta de la luz, era un mago y que nunca pudo definirlo bien. Decía que no diseñaba en realidad lámparas como lo haría cualquier diseñador ‘normal’,  y que en cambio las usaba, combinaba; “las instrumentaliza, monta, junta, desmonta, divide, etc., para objetivos y finalidades que no tienen que ver directamente con la intención de diseñar una lámpara como instrumento para dar luz”.

Y es verdad, la lámpara es solo la materia que le sirve a Maurer para plasmar ideas, como la tela lo es para el pintor. Más que diseño, lo suyo es verdaderamente arte conceptual vestido de luminaria. Probablemente por su formación de tipógrafo y luego diseñador gráfico, su materia prima son las palabras y juega con ellas generando la forma a partir del concepto, con humor, poesía y un fuerte componente simbólico.
De ahí vienen obras como Porca Miseria!, 1994, un montón de platos de porcelana china hechos trizas como si alguien los estuviese arrojando al aire. O el famoso Lucellino, 1992 (‘luce’ por luz y ‘ucellino’, por pajarito), la dulce ampolleta con alas. O Flatterby, otra ampolleta con los insectos y mariposas danzando armoniosos a su alrededor.

Maurer no solo crea lámparas, regala –como lo hace todo el arte conceptual– un bonus track, un plus escondido en el nombre de la obra para ver con ojos nuevos el mundo; el texto que junto al objeto gatillan un nuevo recorrido neuronal que genera sorpresa. Un: “¡Oh!”,  “¡que lindo!”, “¡qué divertido!”, porque tiene un significado diferente que no esperabas.
Por eso también sus sistemas de luces son en muchos casos verdaderos collages, ensamblajes en los que juega con la fragilidad y lo efímero, con materiales como el papel o los corchetes o la misma loza que mencionábamos. En Zettel’z 5, de 1997, por ejemplo, usa hojas de papel en las que podías escribir un mensaje o una poesía. O su famoso y ligero One from the Heart, de 1989, una lámpara/espejo que recuerda mirarse con los ojos del corazón, amorosamente.

Por todo esto sus obras están presentes en el MoMA, fueron expuestas en el George Pompidour, Victoria & Albert Museum y tantas galerías y escenarios de arte. Porque logró hacer de un objeto de diseño como es la lámpara un soporte de arte, casi inmaterial, como un mero mensajero que transporta con gracia la luz del pensamiento. www.ingo-maurer.com

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