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De Colección Por Macarena Sánchez

Bec Petit Mobilier

Hurlu / 2017

Un pedacito de madera por aquí, otro descarte por allá y todo se va armando, sumando para dar forma a esta colección de pequeños muebles de diseño, éticos, simples y ligeros.


La ecuación tiene 3 partes. Primero, en el corazón de los bosques de Aquitania, en Gironde, la Francia meridional, Adam, empresa de packaging realiza cajas de madera para vino, para productos agrícolas y de cosmética, a partir de plantaciones certificadas locales, de pino y álamo. Luego, el estudio de diseño Hurlu toma aquellas maderas que por fallas de ensamblaje o impresión fueron descartadas y las transforma en esta encantadora familia de Petit Mobilier. Finalmente, una vez vendidas las piezas, 3 € de cada lámpara, por ejemplo, van a Atelier Éco Solidaire de Bordeaux.

El acento va puesto rotundo en la simplicidad técnica y formal, dice Hurlu. “La ética y la función” guían el objeto y, además, tienen las tres B estos Petit Mobilier.

Son buenos. El consumidor accede a objetos de larga vida útil, gracias a la calidad de las maderas certificadas, respetuosas del medio ambiente y a un precio accesible –son baratos–. Son bonitos. La forma y el tipo de descarte ya predeterminan su simpleza. Se aprovecha cada trozo en la mejor posición, tamaño y uso. Y eso no es excusa para hacer piezas obvias, por el contrario, el buen diseño hace de las limitantes su gran plus y Hurlu logra 6 objetos preciosos, una lámpara de pie, otra portátil, una de pared, una bandeja, un porta cartas y una regla, todos tan frescos, tan alegres y luminosos, que transforman la connotación peyorativa que tiene la palabra ‘desecho’ o ‘descarte’, habitualmente feo, sucio, inservible, en su virtuoso opuesto: bello, limpio, útil y alegre. Ese es uno de los regalos de la sostenibilidad: no solo reutilizar lo que botó la ola, sino transformarlo para dejar algo mucho más bello en este mundo.
@hurludesign

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