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Ortúzar Gebauer Arquitectos, Chiloé, Eugenio Ortúzar y Tania Gebauer, arquitectura, Chonchi, full diseño 20

Inspiración rural

Los arquitectos de la oficina Ortúzar+Gebauer llevan varios años viviendo en Chiloé. Además de su propio hotel y su oficina tienen varias obras residenciales en la isla. En todas se observa un interés particular por el paisaje, por adaptarse a él sin perturbarlo demasiado y por integrarlo a la construcción. Esta casa en Chonchi no es la excepción.


Full Diseño N° 20, 24 de noviembre 2017

Lo más fácil, lo que se hace con más frecuencia, es traer máquinas, arrasar con la vegetación, crear una explanada, construir sobre ella. Eugenio Ortúzar y Tania Gebauer –pareja y socios en la oficina Ortúzar+Gebauer Arquitectos– recuerdan que visitaron muchísimas veces este terreno, que hicieron estudios preliminares para ubicar la casa más cerca del camino pero encontraron ruido, así es que abrieron un camino que no existía en el bosque hasta encontrar el lugar indicado. “En general nos toca muy a menudo cambiar la ubicación a los clientes. Siempre quieren la explanada y ubicaciones no muy favorables. Pero los dueños de esta casa estaban dispuestos a buscar hasta encontrar la ubicación precisa, con las mejores vistas y orientación, lejos del ruido del acceso”, comenta Tania. “Traíamos una escalera metálica, la apoyábamos sobre los árboles y mirábamos desde las copas las vistas que iba a tener la casa. Afortunadamente hoy tenemos acceso a drones y con toda esa información se empezó a construir, casi sin botar árboles”, completa Eugenio.
Si ya habían esperado 25 años desde el momento en que compraron el terreno hasta empezar la construcción, a los dueños no les importaba mucho esperar un poco más en el proceso del trazado. Ellos conocían el trabajo de Ortúzar+Gebauer –quienes tienen varias obras esparcidas por la isla– y tenían un amigo en común. Se acercaron a los arquitectos con algunas ideas en mente: querían un especie de galpón perdido en la naturaleza, muy íntimo, pero a la vez espacioso e iluminado. A su vez, los dueños recibieron la propuesta de que planteara una incógnita desde el acceso, que se revelara al entrar a la casa. “En el interior ellos nos propusieron el albayalde y nosotros propusimos que la arquitectura fuera la estructura, de tal manera que todos los libreros que ves son a su vez estructurales. Combinamos eso con su idea del blanco para que la casa tuviera esta especie de calma y fuera muy iluminada”, dice Eugenio.
Los dueños de esta casa ya tienen hijos y nietos. Además tienen amigos y sus hijos, también. Querían contar con espacio para recibirlos sin perder su privacidad. La solución que propusieron los arquitectos fue separar la casa en distintas alas; a un lado los dormitorios de las visitas; al otro lado, más cerca de la cocina, el dormitorio principal. “Nosotros trabajamos este sistema de volúmenes que funcionan como exclusa. Se puede ocupar un volumen, dos volúmenes o la casa completa. Así también se mimetiza mejor con la naturaleza y se acomoda mejor al terreno. Esa división de usos de los volúmenes nos permite movernos, girar para salvar la vida a un arbolito”, dice Tania. Ella explica también que es una lección aprendida de observar las construcciones en el campo, donde se vive mucho en distintos volúmenes, donde el habitar no es monoconstructivo y los hijos suelen levantar sus casas junto a las de sus padres, creando una especie de conjunto rural casi autosuficiente, un núcleo familiar.
“Las casas más vernáculas de Chiloé bajan los cielos y reducen las ventanas para conservar el calor. Nosotros que habíamos vivido en casas antiguas de acá sabemos que eso va en desmedro de la habitabilidad y nos dimos cuenta de que había que llevar el exterior al interior. Por eso esta casa es tan alta y tiene tanta luz. Aun en una semana de lluvia se siente como estar un poco afuera”, explica Eugenio. Desde Santiago y las costas cercanas ellos trajeron a la isla y a sus proyectos un espacio para compartir que no era tan corriente acá: las terrazas empiezan a fusionarse con estas nuevas formas de arquitectura sureña.
“Lo que no podíamos dejar de conservar de la esencia del habitar en Chiloé es que todo se vive en torno a la cocina, al fuego. Por eso proponemos las cocinas integradas al espacio común. De manera que la familia pueda estar siempre compartiendo”, culmina Tania. ortuzargebauer.com

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