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La XXI Bienal de Arquitectura, “Lo común y lo corriente”, que estará abierta hasta el 27 de octubre, pone en el tapete un tema diferente. Parecen quedar de lado (esta vez, por lo menos) las grandes obras, las cosas extraordinarias, las que llenan la web con fotos seductoras, hechas para impactar en Instagram. También parece desviarse de la notable preocupación de los últimos años por lo social, por lo mínimo, por lo que se hace con presupuestos superajustados, que tantos logros ha dado a la arquitectura nacional gracias a las innovaciones de Elemental y otros.

¿De qué se trata entonces esta Bienal? De lo otro, de lo que no está en esos extremos, de lo que se sitúa en ese centro más o menos indefinido, a veces anodino, sin pena ni gloria. De lo de todos los días, de nuestras casas, escuelas, tiendas, postas, calles. De las plazas en las que juegan nuestros niños, de la panadería de la esquina.

¿Vale la pena que una bienal de arquitectura, entonces, centre la mirada en todo eso que con frecuencia no se destaca por bien hecho, por su valor? Sí, claro. Porque de eso están hechas nuestras ciudades, donde vive casi toda nuestra población (y la del mundo). Si no tiene ese valor hoy, el tratar este tema es una invitación a que lo adquiera. O, al menos, a que la profesión (y sus estudiantes, asistentes frecuentes a las bienales) mire en esa dirección. Cualquier cambio en este rango, aunque sea menor, promete amplificar sus efectos multiplicado por la enorme cantidad de personas afectadas.

Porque hay que recordar que muchas ciudades que admiramos y visitamos, aunque destacan por algunos monumentos notables, están hechas por un estándar superior de ese ‘común y corriente’. Por supuesto, visitamos los edificios icónicos de Nueva York, pero una parte clave de su atractivo son la calle, la tienda, la vereda, su intensidad y vida. Si nos sacamos la foto con la Torre Eiffel, el Big Ben, el Coliseo, lo que de verdad nos hace volver es la ‘experiencia de ciudad’ hecha del café en la vereda, del edificio normal, de la calidad de ese ‘todo’ que no está solo hecho de las grandes luces de la disciplina.

Importa, claro que importa, porque la experiencia enseña que no todos los ‘comunes y corrientes’ son iguales. Hay unos mejores que otros, hay unos que nos hacen anhelar vivir ahí, y volver si no tenemos esa suerte. Y están los nuestros, que necesitan que nos fijemos en ellos para traer la calidad de nuestra arquitectura, reconocida internacionalmente, a lo de todos los días.

Bienal de Arquitectura de chile 2019, 3 al 27 de octubre de 2019.
Más info en www.bienalarquitectura.cl

Ricardo Abuauad, arquitectura, bienal de arquitectura, ciudad

*Decano Campus Creativo UNAB.