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Hofplein: Arquitectura para estar juntos

Diseñar para la ciudad, resucitar un viejo edificio y destinarlo como espacio público, camping y recitales desde las 4 a.m. incluidos. Esa es la propuesta de Gabriel Peña, una inyección de marketing para adicionar a la recuperación arquitectónica.


¿Qué tienen que ver marketing y arquitectura? Para Gabriel Peña, chileno, fundador en 2006 de la oficina Peña Architecture, en Róterdam, Holanda, y representante de la AOA en ese país, es un muy buen modo de activar antiguos edificios, transformándolos en centros pulsantes de la ciudad. Fue el caso de la vieja estación de trenes de Hofplein que su oficina y AFARAI transformaron en un minimall de emprendedores creativos terminado en 2015.
Declarado monumento nacional a inicios del nuevo milenio, el edificio, de 5.575 m² incluyendo la habilitación del techo, se transformó en centro de reunión para los ciudadanos de Róterdam. Pero no siempre estuvo así. De hecho había estado cerrado desde hacía años. ¿Cómo darle vida y atraer a la gente para que realmente lo ocupara?
En cuanto a los aspectos netamente arquitectónicos, se restauró el techo transformándolo en una atractiva área para eventos. Se renovó el área correspondiente a los arcos de la estación removiendo la cubierta de concreto, limpiándola y reforzándola con una nueva capa, el mismo tratamiento que recibieron las columnas, dando una cara renovada al lugar. A la vez se abrió hacia la calle utilizando los patios antiguos que ahora sirven como nuevas vías y se mantuvieron las antiguas fachadas empotradas de madera y los detalles decorativos que fueron restaurados.
“Es un edificio que todas las personas reconocen. Empezamos a hacer eventos dentro del espacio público interior, la gente empezó a venir a las fiestas; estuvieron Prince, Chaka Khan, conciertos gratis, fue increíble. Los recitales empezaban a las 4 a.m. hasta las 6 de la mañana, horarios superextraños, entonces la gente se preguntaba “¿qué está pasando aquí?”. Todo esto fue durante la construcción. La idea era cómo crear un ambiente, una identidad para este edificio que es monumental, pero que se entiende como de nosotros, de la ciudad. Así buscamos crear identidad y un vínculo con la gente. Lo comenzaron a apreciar y ahora lo protegen porque lo sienten de ellos. Aquí tienen sus fiestas, hacen glamping en el techo y nosotros ponemos la carpa, las camillas, los baños, y alquilas una carpa por una noche, en el centro centro de Róterdam… ¡a 6 metros de altura! Es una vida urbana que te da el monumento…”.

¿Qué está vivo de vuelta? Sí, y además encontramos nuevos conceptos, un jazz club en combinación con un restaurante, una tienda de discos, hay de todo, un mix de programas que la ciudad necesita. Hicimos un análisis de cuánto vale mensualmente un espacio en Holanda y Róterdam para alquilar y eran 100 a 120 euros por metro cuadrado. Nosotros nos pusimos a 75, por debajo. Entonces todo el mundo quiso venir. Pero lo enfocamos a los jóvenes que son creativos y que tienen un enfoque en el futuro y no para hacer dinero.

¿Son industrias creativas las que están instaladas ahí? Todas. La idea es colaborar. Hacemos, por ejemplo, el Winter viewscope, todos los inviernos. Pagas 10 euros e incluye cine, una pizza y una frazada si te da frío. Es un concepto: estar juntos, apreciarlo. Es invierno, hay nieve y las personas vienen igual.

Cuéntanos un poco sobre este modo de abordar la arquitectura. Eso es lo que yo llamo la nueva manera de pensar, de actuar como arquitectos. En el año que estamos, 2017, te tienes que ampliar; un edificio acumula mucho más carácter por tantos otros factores, no solo la arquitectura. Es el uso, el mix de programas, el acceso. Este es un edificio abierto y para todos, una riqueza cultural que es mucho más importante que la del dinero. La gente lo aprecia así. Mi oficina también hace espacios sociales y viviendas, todos con una conciencia de hacer arquitectura para la ciudad, hay que buscar un balance también y en esto creo que el arquitecto puede contribuir. La estación Hofplein es una nueva manera de actuar, de pensar, de ser como arquitectos que tiene que ser la inspiración de la ciudad, lo que siento, el ambiente. Eso es lo que quiero utilizar en mi edificio; en este caso creo que lo alcanzó al hacer más marketing, no para ganar más dinero sino para el edificio, para que contribuya a la sociedad.

LO QUE PIDE LA CIUDAD
De visita en Santiago por el pasado encuentro de exportadores de ProChile, este arquitecto de la Delft Unversity of Technology, seleccionado para el Premio de Arquitectura de Róterdam y el Premio Job Dura en 2013, habla de cómo se diseña para la ciudad, cómo hacer que los peatones realmente transiten por determinadas áreas y cómo transformar un viejo inmueble.

¿En qué casos es mejor transformar un edificio que construirlo desde cero?
Son dos preguntas diferentes, porque modificar un edificio es muy difícil, honestamente siempre los gastos son como un 30% más que hacer un edificio nuevo. Hay que tener una conciencia mucho más clara si alguien quiere modificar su edificio, ser muy responsable como arquitecto de cómo lo haces.

Uno pensaría que como ya está listo sería más barato. Sí, pero tienes que buscar soluciones buenas y utilizando edificios que ya existen, que ya tienen una carpeta, un programa que tienes que redensificar, utilizar, es muy difícil. Ya tiene un carácter, una situación tan específica que no la puedes repetir.

¿En qué casos es mejor reutilizar? Depende del enfoque de la ciudad. Róterdam es bastante nueva, fue bombardeada en la Segunda Guerra Mundial y de ahí a hasta ahora está produciéndose la ciudad. Acá (Santiago) está la arquitectura de los años 60, por ejemplo, y hay que ver cómo haces una ciudad vital para todos. Es algo muy específico, un equilibrio; algo nuevo puede contribuir igual de fuerte que algo modificado, pero hay que buscar el balance.

¿Qué diferencia tiene con el típico centro cultural que se instala en una estación de trenes? Yo creo que el carácter que tuvo Hofplein: es un programa público, pero que ya tenía una sala de danza, por ejemplo, eso lo hace distinto. Se cerró y no se trató de simplemente abrirlo y meter cultura. Sino cultura específica, un carácter, el más adecuado para un edificio.

¿Qué determina ese carácter? Lo que es la ciudad a nivel de ojo. Lo que tú ves a esa altura es tu espacio, como no podemos diseñar un espacio que sea a esa altura. Eso te da acceso a cosas, la red activa de la ciudad. Si diseñas para la ciudad. Si quieres activar cosas, un peatón cada 10 min. tiene que pasar por algo atractivo, si no se le va de la memoria. ¿Cómo activas un edificio con esa mentalidad? Esa es la pregunta. Eso es análisis, la ‘city life’, hay que buscar el tejido de la ciudad. Ese es el análisis que hay que hacer. Y eso es lo que espero, si me dan la oportunidad de hacerlo en Chile sería bueno.