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Más Deco


Ahora son los higos. Ando hablando –y esperando- que se me crucen desde que empezó marzo. Mi reloj estacional así los ha registrado siempre, y ahora incluso en los semáforos clásicos de ellos (Los Leones con Costanera) no han estado. Partí a los puestos de mi barrio y sí, encontré, no los campantes, pero me hice de varios porque no resisto que los higos –no las brevas, que son las hermosas de diciembre–, más dulces, pequeños y concentrados, estén ausentes de la dieta y las invitaciones que reciben el otoño. ¿Les pasa lo mismo? ¿Son de los mateos que hacen conservas? Los caseros me dicen que todavía quedan, pero que están de salida. Alarma 5.0. Hay que atinar ya.
Quedan bien en preparaciones saladas y dulces. Dan para ir chancheando desde el minuto en que se compran y ya después en lo que la creatividad y la tradición digan. Aparte son ricos en fibra (los secos más todavía), también en potasio, calcio, fósforo, zinc y más; vitaminas de todas las letras y, bueno, caben en ese grupo llamado “energía natural” que hoy valoramos harto.

Salados: fascinantes en ensaladas de hojas amargas, con rúcula, chicoria, berros, endivias. De todas maneras con cerdo, pollo, vacuno. Tan simple como echarlos en la cocción. Si están arrugadillos, hagan un prehidratado antes. Me gustan abiertos por la mitad con queso de cabra y al horno con romero. Lo otro es en salsas. En la juguera con un poco de aceto balsámico, aceite de
oliva y pimientas de todos los colores.

Dulces: Helados veganos de plátano. Los pelan, cortan y congelan junto con el plátano. Antes de servir meten a la juguera o en la procesadora si los quieren con más trozos. Yo echo algo de frambuesa para dar contraste acidito, y si quieren más todavía, algo de pomelo rosado. Son ricos en cualquier queque directo a la masa, ahí eligen si picados o molidos.  @raqueltelias