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manualidades, frivolité, block print, estampado, hecho a mano, bordado, bordadoras de conchalí

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Crear, respirar, hacerlo con amor. Tres manualidades que son capaces de detener el tiempo, algunas casi extintas, pero que escondidas siguen conviviendo entre nosotros. Saque hilo, aguja y papel que aquí lo invitamos a relajarse.


Aurora frivolité
‘Tic, tic, tic’ se escucha una y otra vez en la terraza de Sandra Pérez, quien junto a su hija Pamela son la cabeza del taller Aurora Frivolité. Ese ‘tic’ tan sonoro y delicado no es por cualquier cosa, es la naveta que suena y suena, ya sea de madera o de plástico; es la herramienta poderosa que da vida a los nudos del famoso –y casi extinto– frivolité, técnica manual realizada por mujeres hace muchísimos años pero que hoy ha decaído hasta casi morir. Nosotros queremos hacerle un homenaje. Buscando, casi con ojo detectivesco, encontramos este taller en La Florida –que además imparte clases en Ñuñoa y Providencia–, un encantamiento femenino, una dupla que conmemora una manualidad que hacía la mamá de Sandra y que quiere vivir por siempre.
“No hay una historia oficial, pero la más fuerte es cuando Marco Polo va al Oriente y trae estos tapices enormes a Europa, y hechos con un nudo gigante que es el nudo base del frivolité. Luego Marco Polo influyó para que el grosor del nudo disminuyese para convertirlo en encaje; traspasó el aprendizaje a las princesas, pero muchas veces, cuando necesitaban cosas más elaboradas, les pedían a las esclavas que trabajaran, y de ahí viene el mito de que si tú haces frivolité antes de tu luna de miel no te casas, porque era un trabajo de las esclavas”, cuenta la dupla. “Mi mamá, de hecho, me traspasó el saber después de mi luna de miel”, cuenta Sandra con dulzura.
¿La herramienta?, una naveta, donde se enrolla el hilo; se usan las dos manos y el hilo se va entrelazando haciendo el nudo, un revés y un derecho, siempre. “El frivolité consiste en tres aspectos: picot, el anillo y la cadena: los picot son las puntitas; con estos más el nudo formas un pañito y es por etapas, no es como el croché. Por ejemplo, formas dos anillos y luego cierras y después te unes a los picot”.
“Es una técnica muy distinta al croché y al palillo, es un proceso de mucha relajación, se deja fluir la mano, es un nudo muy simple. Y lo que le da la femineidad son los hilos con los que se tejen, lo fino que es, porque se tejen con hilos número 10, muy delgados, incluso los que se usan para coser”, termina Pamela. En Aurora Frivolité hacen clases en Providencia, Ñuñoa y La Florida. Tel.+56998432139 @aurorafrivolite 

Mónica Undurraga
Lo que hace Mónica, artista y con bastantes estudios de diseño y arte textil en el extranjero, es el block print o, dicho en castellano, estampados en bloques o tampones sobre tela. Esta es una antigua técnica que viene de India, del Oriente, y Mónica lo llevó con sus manos a una escala profesional. En su luminoso taller nos presenta sus trabajos como olas que se las lleva el viento, así, livianos y potentes a la vez; trozos de telas, de linos, de ropas reutilizadas encontradas en mercados de pulgas o de ferias, que vuelven a tener sentido o bien una segunda reinterpretación con el arte que plasma sobre ellas. “Primero lo de la costura y lo del hacer con mis manos lo veía como un tema aparte de la pintura, pero luego de hacer los cursos en Inglaterra y mi máster en arte textil en la Universidad de Golsdmith lo empecé a mirar con otros ojos, lo vi a la misma altura que la pintura. Comencé con una colección de paños estampados con serigrafía de lino, y lo vendí todo. Sí, esto es lo que quiero hacer, me dije”.
Ahora Mónica, ya instalada en Chile, se dedica por completo al block print, siempre con el upcycling como parte de su trabajo. Sus diseños son frescos, espontáneos, coloridos, amables. “Soy muy observadora, y todo lo que me va interesando, siempre estoy atenta, como la naturaleza, los colores, las combinaciones, las personas. Partí con dibujos, un pajarito, una flor, pero ahora estoy más en estampados de secuencias, un patrón, una repetición, como lo que se hace en serigrafía pero a una escala más chica, me parece un desafío mucho más interesante”, explica la artista.
Lo que usa: una goma rosada de plástico para estampar, hace el dibujo a mano y a través de calco lo pasa a esta plancha, y después con las mismas gubias que se ocupan para la xilografía lo graba y lo estampa sobre la tela. “Lo que hago lo veo como una misión de transmitir la apreciación y el valor que tiene lo hecho a mano y la reutilización de telas. Toda la industria textil es muy contaminante. Los niveles de cantidad de tela que se van a los basureros y que no se biodegradan y que generan estos gases espantosos es gigante. Toda esta industria que hay en Chile importada está devastando la tierra: entonces agreguémosle valor a lo que ya tenemos y a lo hecho a mano”. @monicaundurragastudio

La herencia de Conchalí
Paula Gúmera se dedica hace 22 años al bordado manual. “Me inicié en aquellos años con unas señoras que nos enseñaron a bordar e hicieron un taller, todos los días había gente nueva. Una señora me ubicó a mí para trabajar con ella, me enseñó a bordar, yo era muy joven, tenía 19 años. Con el tiempo estas señoras que hacían los talleres se fueron y cada una con lo que aprendió se independizó, y ahí se formaron las Bordadoras de Conchalí y ahora somos las Bordadoras de Huechuraba… antes había muchas, estas calles estaban llenas de talleres; ahora solo quedamos 6”, relata.
Fue por la vorágine de las importaciones de productos chinos del tipo a menor precio que este trabajo a mano comenzó a desvalorarse, sin embargo las seis que quedan, una de ellas Paula, continúan con el legado. “Me fascina lo que hago, me da alegría ver cuando vienen las clientes que en el pasado les compraban a sus hijos, ahora esas hijas crecieron y les vienen a comprar a sus hijos. Esto no se puede comparar con un bordado chino (…) Uso máquina de coser Singer y Pfaff 230, una semiindustrial alemana, que en el mercado actual ya no hay, la cuidamos como si fuera de oro. Le faltan horas a mis días para seguir en esto. Yo antes me quedaba hasta el amanecer trabajando. Mi pasión es el bordado a mano”.
Paula hace sábanas, para guaguas, de popelina, por ejemplo, y para adultos de 200 hilos. Hace individuales de policrón, todo en telas de calidad. También servilletas de cóctel, manteles, chalecos, cortinas de baño. Todas las terminaciones se hacen a máquina con las máquinas antes mencionadas. “Todo el trabajo lleva un proceso de cortar la tela, medirla, después marcarla y después uno empieza a bordar sobre el dibujo marcado: flores, ramas, espigas, hasta copihues hemos hecho. Ocupo tonos bajos, celeste pálido, blanco entero para novias… Un juego de sabanitas bordada a mano me demoro hasta dos semanas. Después lo plancho y lo embolso. Los diseños ahora casi todos son propios. Me basé en diseños prediseñados y después comencé a modificarlos, hasta llegar a los míos”. Tel. +56951946443