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Hablemos acerca y a través de la luz

EILD 2019. Una profesión tan joven como la del diseñador de iluminación necesita instancias para afianzar su norte, sus métodos y su lenguaje. Especialmente en eso último se centró el más reciente Encuentro Iberoamericano de Lighting Design. A través de una buena estrategia y una buena elección para su sede 2019, la organización se aseguró de dejar una huella tanto en los participantes como en la histórica ciudad uruguaya de Colonia del Sacramento.


El viaje desde el aeropuerto de Montevideo a la ciudad de Colonia del Sacramento toma más de dos horas; no importa con cuánto optimismo los conductores uruguayos aseguren que es menos. Yo al menos repartí ese tiempo entre dormir un poco, enterarme un tanto de las elecciones que vienen en Uruguay y preguntarme cosas como ¿por qué la versión 2019 de EILD tiene lugar tan lejos de los entornos donde generalmente se invierte en diseño de iluminación, de las grandes ciudades?

Buena parte de la historia de Uruguay comienza en esta ciudad, la más antigua del país, que conserva en pie monumentos del siglo XVII. Colonia del Sacramento fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1995, fue fundada por portugueses en 1680, en tiempos en que esa nación disputaba con España el dominio del río de La Plata. Para defenderla de constantes ataques construyeron un bastión que ahora, en 2019, en el Encuentro Iberoamericano de Lighting Design, gana protagonismo. En el Bastión del Carmen, ahora un centro cultural, tienen lugar todas las exposiciones y charlas del evento.

“Le damos mucha importancia al lugar. La reunión no se hace donde nos sea más cómodo, sino donde definimos en base al espíritu y lo que nos provoca esa ciudad. Las experiencias anteriores nos van dando ciertos indicios. La experimentación ha sido una constante en todos los EILD; en algunos casos fueron workshops directamente ligados a una ciudad, en otros fueron juegos articulados, cada uno nos fue dando parámetros de testeo de relación entre los distintos participantes del evento”, contestó a la pregunta del porqué en Colonia Eli Sirlin, arquitecta, académica, autora y especialista en diseño de iluminación desde 1990, con experiencia en su aplicación arquitectónica y en espectáculos, una de las miembros de EILD que actuaron como anfitriones en la versión 2019.

Cada uno de los encuentros –que comenzaron en 2010 y que tuvieron como primera locación Valparaíso– ha buscado distintas estrategias de relación. En este caso, con dos países ligados (Uruguay y Argentina), el tema fue la comunicación. “A partir de eso empezamos a pensar en comunicar ‘sobre la luz’ y comunicar ‘con luz’. Nos interesaba que las conferencias estuvieran ligadas al tema de la comunicación y no a escucharnos a nosotros mismos decir lo mismo de otros años. No queríamos gente sentada escuchando hablar de la luz, queríamos gente metiendo las manos en la luz”.

La decisión de optar por esta ciudad y esta escala respondió a una estrategia: por un lado, permitió que muchos de los asistentes participarán en workshops donde aprendieron a crear, instalar y controlar un proyecto lumínico real; por el otro, dejó como donaciones a la ciudad estos mismos proyectos lumínicos reales. Ahora lugares como el Bastión del Carmen y su teatro o el portal que permanece como vestigio de la ciudad amurallada han cambiado completamente su aspecto única y exclusivamente gracias a la luz.

“Creemos que en tanto podamos compartir estas experiencias entre proveedores, sponsors, diseñadores o quien sea, vamos interrelacionando el lenguaje: ellos van entendiendo de qué hablamos nosotros, nosotros empezamos a entender de qué hablan ellos. A través de un recurso como un taller de trabajo, que tiene pensamiento lateral y estrategias lúdicas, generamos un espacio de encuentro distinto a la relación puramente comercial. Nos abocamos a tres puntos en las charlas, solo tres: Colonia, comunicar con luz y comunicar sobre la luz. Lo demás fue trabajo horizontal en talleres”, explicaban los organizadores.

El ingeniero industrial y asesor independiente en las áreas de acondicionamiento eléctrico y diseño de iluminación desde comienzos de los años 90 Ricardo Hofstadter, otro de los miembros de EILD que actuaron como anfitriones, hizo notar que hasta hace poco no existían instancias para que arquitectos o diseñadores pudieran especializarse en la luz. “Hoy es una profesión que para alcanzar esa categoría se ha nutrido fundamentalmente de tres fuentes. El concepto de diseño de iluminación fue surgiendo de manera autónoma junto al avance del desarrollo tecnológico lumínico. La profesionalización es del siglo pasado y hubo paladines y promotores de esta profesión nueva; ellos venían del aspecto tecnológico, como ingenieros ligados a la producción de herramientas utilizadas por diseñadores lumínicos; en otros casos fueron arquitectos que devinieron en diseñadores de iluminación. Pero las principales teorías formativas sobre iluminación vinieron del teatro, los primeros manuales y pioneros en Sudamérica venían del teatro”.

La luz como lenguaje

Es importante contar con ese dato para realmente dimensionar el efecto de la luz sobre un espacio, su capacidad de comunicar casi tan potente como los diálogos de los actores en una obra de teatro. En ese sentido, Signify –la marca que hasta hace poco conocíamos como Philips Lighting, heredera de toda esa tradición–, sponsor oro en EILD 2019 y que ha adoptado como filosofía entender la luz como un lenguaje, tenía bastante que decir.

Como señala Guido Di Toto –general manager South Latam de Signify– a un cliente –no importa si es solo una residencia o una ciudad completa–, lo que le importa es el resultado. “Si eso se logra con ampolletas, con leds o con lo que venga ya será un problema de Signify. Lo que espera el cliente es una determinada cantidad y calidad de luz en una cierta superficie, una eficiencia energética, un determinado ahorro. Hoy el led ya es una tecnología expandida y la transformación que empezamos a despuntar es la luz pasando a ser un vehículo de comunicación de varios niveles: la luminaria misma, es decir que esta sea capaz de entregar información como si está prendida o apagada, cuánto consume, si necesita mantenimiento o no. Un segundo nivel es dado por sensores ya no vinculados a la luz, que pueden ser de temperatura, de ambiente, de sonido, lo que se nos ocurra. Un tercer nivel es llevar datos o internet a través de la luz. Ya es una realidad y tenemos un montón de edificios funcionando y veremos cada vez más en el futuro”.

A nadie puede sorprender el hecho de que nuestra sociedad está cada vez más conectada entre individuos y con las cosas. Se habla de 50 billones de equipos conectados para el año 2030 y es claro que las redes basadas solo en radiofrecuencias no van a dar abasto. Aquí es donde la luz y su espectro de conectividad mucho menos limitado van a entrar no como competidores sino como complementos. “Para determinadas aplicaciones donde tenemos mucha congestión en el espectro de radiofrecuencia, el li-fi pasa a ser una tecnología casi inevitable”, asegura Di Toto.

Lo vi con mis ojos: una laptop conectada a un proyector mostraba un video de YouTube. A través de un pequeño accesorio con una especie de lente y conexión USB recibía internet desde la luminaria colgando sobre nuestras cabezas. Bastaba cubrir la lente con la mano y la conexión se interrumpía, el video se detenía, lo mismo ocurría al sacar la laptop de la luz. Los expertos aseguraron que los teléfonos y laptops de alta gama más recientemente lanzados por las distintas compañías ya cuentan con conexión li-fi a través de sus cámaras.

Talleres como “Emergencias lumínicas” se propusieron como misión construir colaborativamente un relato con luz sobre la memoria y representarlo en dos contextos históricos y motivadores de la ciudad de Colonia. A través del error y los resultados inesperados “LED Attack” se concentró en las distintas aplicaciones de esta tecnología y en cómo utilizarla mejor en futuros proyectos.