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Filosofía Coworking

El aumento de emprendedores, la posibilidad que da la tecnología de trabajar de manera remota y la necesidad de establecer relaciones cara a cara son parte del por qué de este boom de espacios colaborativos. Aquí, tres ejemplos a distintas escalas.


Según estudios de JJL, consultora especializada en la industria de coworking, actualmente a nivel mundial el porcentaje de metros cuadrados que está siendo operado por cowork o espacios flexibles es menor a un 5%. Es decir, cada 100 metros cuadrados de oficinas, 5 están funcionando bajo este modelo. Para el 2030 se proyecta que será un 30%. Cada 100 metros cuadrados, 30 estarán siendo operados por este tipo de espacios. El pronóstico nos indica entonces que este fenómeno se multiplicará muchas veces de aquí a los próximos 10 años. Lo que se traducirá en que 1 de cada 3 edificios podría estar operando bajo este modelo.

Si bien en Chile los procesos van un poco más lentos, la revolución de este concepto está cada día más incorporado en nuestra cultura. Tanto, que está transformando no solo las formas de trabajo, sino también el sector inmobiliario a medida que las empresas buscan formas de trabajo más flexibles. Iniciado por startups, emprendedores e independientes, el coworking hoy se está extendiendo a empresas grandes y pequeñas, que buscan incorporar el espacio compartido en su estrategia de negocios.
La tecnología ha colaborado en esa dirección impulsando a que más personas trabajen de manera remota y las empresas y sus empleados se están dando cuenta del valor de la colaboración cara a cara.
A medida que el coworking ha evolucionado, también lo han hecho las formas en que se ejecuta.

LAUNCH COWORKING

Piso 3, edificio Millenium. Entramos a la sede más reciente de Launch Coworking. La directora de comunidad del espacio nos pasea por los 1.000 metros cuadrados distribuidos en dos pisos tipo loft, completamente comunicados. Durante el recorrido nos explica detalladamente cómo opera el sistema. “Vendemos dos grandes tipos de productos: membresías y espacios fijos de trabajo. Todos tienen créditos para salas de reunión. Tenemos una plataforma digital donde puedes reservar salas de reunión en nuestras tres sedes de Santiago y la de Talca. Cada plan incluye cierta cantidad de horas o de créditos, y por ser miembro tienes un precio especial. Los que no son miembros del espacio tienen un precio estándar de pack de 5 a 40 horas“.

Lo cierto es que detrás de todo este detallado recorrido y planificado diseño de los espacios está la experiencia en el modelo de negocio de su fundador, Gonzalo Camiruaga (33). Pionero en el rubro, el emprendedor se lanzó con su primer cowork el 2014 en Callao con Augusto Leguía. “Esos tres primeros años fueron de mucho aprendizaje sobre el negocio. Nos dimos cuenta de que generar comunidad era relevante para el segmento objetivo en ese minuto, el uso de los espacios lo entendimos mejor y ahí nacieron las cabinas de teléfono. Porque en Callao, como no lo teníamos, la gente salía a hablar a la calle, en invierno, lloviendo. Hoy hay otra etapa de cambio. Antes la demanda inicial eran pequeños emprendedores, freelancers, que todavía continúan, pero ahora se ha sumado una necesidad de las empresas. Hace cinco años, en el mundo era muy incipiente que las empresas se mudaran de espacio de trabajo a un espacio compartido. Eso hoy está pasando mucho”, explica. Gonzalo cree que el cambio se debe a diferentes comportamientos sociales que han desencadenado esta demanda. “Hoy estamos conectados 24/7 al celular y la vida laboral y la personal están mezcladas. Ya es una sola. A diferencia de los 80, que marcabas tarjeta e ibas a trabajar a las 8 a.m. y salías a las 6 p.m. y te desentendías. El pensamiento de las nuevas generaciones entonces es: si voy a estar full conectado tengo que pasarlo bien o estar muy a gusto en mi trabajo. No transan su calidad de vida. Nosotros potenciamos harto actividades internas, que van desde desayunos, cumpleaños, happy hour, capacitaciones, charlas de marketing digital, etc., y todos estos contenidos son impartidos por miembros de la misma comunidad. A muchas empresas les sale más simple llevar su equipo de 30, 40 o 100 personas a otro lugar y no hacerlo ellos desde cero, con una cultura organizacional a cuestas”, dice el fundador de Launch Coworking, quien justifica con ello el proceso de expansión que comenzarán a partir de fin de año con tres nuevas sedes en el centro, Providencia y El Golf, apalancado a esta nueva demanda de empresas más grandes. www.launchcoworking.cl

“En términos de industria es bien transversal: son profesionales jóvenes entre 28 y 45 años. Abogados, ingenieros informáticos que desarrollan distintos tipos de software, broker de propiedades. Lo que sí tienen en común es que la mayoría son prestadores de servicios”, dice Gonzalo Camiruaga, fundador y cabeza del proyecto.

CENTRO LEÑERÍA

Dos casas patrimoniales pareadas, como parte de un conjunto de viviendas habitacionales construidas en 1937, conforman la nueva sede del Centro Leñería, en la calle Triana, barrio de conservación histórica en Providencia. Un espacio colaborativo de trabajo de 1.000 metros cuadrados distribuidos en 4 pisos, que está en su fase final de restauración y remodelación interior a cargo de los arquitectos y socios fundadores Francisco Salvatierra y Jorge Castillo. “Partimos el 2012 buscando oficina de arquitectura para nosotros. Nunca pensamos en abrir un cowork, de hecho la palabra no existía cuando empezamos”, cuenta Francisco. El espacio les quedó chico y buscando llegaron a una casa que llevaba tres años abandonada, donde vendían leña cerca del metro Irarrázaval. En esa remodelación nace Centro Leñería.

Comenzó a llegar gente que se interesaba en el proyecto y apenas se vaciaba un espacio había más personas dispuestas a arrendarlo. Después habilitaron otra sede en El Aguilucho, pero lamentablemente les pidieron la propiedad. Como proceso de aprendizaje para la sede Triana formaron un proyecto integral, con inversionistas y analistas. El ejercicio ha sido formalizar lo que venían haciendo. “Todo lo que hacíamos allá era autogestionado, si hacíamos una exposición era con gente cercana, si hacíamos cenas clandestinas era con chefs amigos, acá se formalizó el espacio con actividades más ordenadas”, cuenta el arquitecto. En el primer piso hay una galería de arte funcionando, el café Max, una sala de reuniones y el restaurante Triana, que está a punto de inaugurar, a cargo de Fabricio Castelucci, quien administra y ha hecho varios proyectos gastronómicos, como el café Público del GAM. “Este espacio asociado a la gastronomía queremos que sea el corazón de la casa, que le meta vida desde el barrio y abastezca la casa completa, que son 65 personas trabajando, y con la casa full vamos a ser 80. La segunda y tercera planta son oficinas privadas y espacios de cowork, y en la azotea se está terminando un espacio destinado para hacer clases de cocina, cenas de talleres, eventos y lanzamientos”. www.centroleneria.cl

“La intención no es crecer con miles de sedes. Nuestra filosofía es habilitar espacios para el desarrollo de proyectos de todo tipo aprovechando esta plataforma”, dice Francisco Salvatierra.

COWORK CAMM

Puerto Varas, al igual que otras regiones, también está experimentando la llegada de nuevos espacios de trabajos más colaborativos. Un buen ejemplo es el cowork del Centro de Arte Molino Machmar. En el último piso se encuentran nueve estaciones de trabajo fijas, donde se arrienda un escritorio y se comparte un espacio en común, que tiene derecho también a una sala de reuniones. “Son emprendedores de diversos rubros, como asesores financieros, coachs, importadores, arquitectos, diseñadores y publicistas. El hecho de compartir esta comunidad bajo techo les permite enriquecer sus proyectos, generando alianzas y potenciarse entre sí como una gran red”, dice Javiera Ureta, directora ejecutiva de CAMM. La cafetería, ubicada en el -1, es también una instancia de networking. “Tiene un público fijo, incluso se sientan en el mismo lugar. Entre ellos se respetan los puestos. Hay algunos que están acostumbrados a compartir una misma mesa. Como ya se conocen han empezado a salir cosas. Y cuando la sala de reuniones está ocupada hay algunos emprendedores que bajan a la cafetería y también se potencian las relaciones”, explica Javiera. El cowork comenzó a funcionar el 2017, un año después de que el edificio fuese entregado por el MOP, tras su remodelación.

El edificio fue construido en 1932 por Humberto Machmar y era un molino de harina, uno de los más importantes de la cuenca del lago Llanquihue y funcionó como tal  hasta mediados de los 80. Después de eso quedó abandonado. El año 2005 se propuso convertirlo en un centro cultural. Presentaron el proyecto al programa Puesta en Valor del Patrimonio, del Gobierno Regional. Se logró conseguir el financiamiento y se reconstruyó todo el edificio por completo. Todo lo que se pudo salvar del molino fue marcado y vuelto a poner donde mismo estaba. Pero el edificio tenía una plaga importante de termitas entonces gran parte se tuvo que quemar. Estructuralmente fue reforzado con vigas de fierro, porque la madera no resistiría la carga de peso que tendría con el nuevo uso. www.molinomachmar.cl