*

Más Deco

Hugo Marín, casa-taller, cabezas, obra, arte

Estar presente

Hugo Marín, el gran artista chileno, ha sabido navegar por el río de la vida. Su obra, representada en la escultura y la pintura, es un tesoro de la sabiduría. Hoy se enfrenta a una nueva etapa, deja la casa-taller que ha habitado por años para comenzar un nuevo camino a sus 89 años.


Inquieto y vigente. De mirada intensa. Con los colores vibrantes sobre el cuerpo. Así nos abrió las puertas de su taller Hugo Marín, ubicado justo frente al Parque Forestal. “Ya lo estoy dejando, partiré a vivir a la playa y compartiré el tiempo con visitas a Santiago”, cuenta mientras se prepara una taza de té.
Conocido por sus cabezas de gran formato que conforman parte de su obra escultórica, que habla de su habitar en diversos lugares del mundo, siempre ha estado conectado a lo divino. Fue la experiencia con el guía espiritual indio Maharishi Mahesh Yogi, su maestro, el mismo que durante los años 60 fue maestro también de Los Beatles, la instancia donde Hugo conoció y aprendió de la meditación trascendental, misma técnica que profundizó en Suecia para luego poder enseñarla.
Con ya casi 90 años cumplidos, la visión y experiencia de Marín hablan del arte como una herramienta desalienante para los tiempos que vivimos hoy. “La palabra misma puede ser alienante, pero hay una pista que te lleva a lo que es la trascendencia. Es una palabra que te hace ir más allá de la dualidad. La dualidad es lo que representa el bien y el mal, la luz y la sombra, lo que acompaña que es la vibración. La vibración lleva esa parte que es la energía potencial a manifestarse, es decir, esa vibración es lo que se ha llamado también el Verbo, y por eso a Cristo se le llamó el Verbo, no dentro de la manera más literaria sino que en física cuántica significa vibración, el impulso de la creación”, explica.
Dice que es en el mestizaje donde el arte debe poner el foco hoy ya que “se ha puesto mucho el énfasis en el objeto que se transa, para contrarrestar el estereotipo de la globalización en la parte económica o lo que podríamos llamar mercado”, cuenta, y para él hay que “hablar del ser profundo, y el ser es todo lo que somos”, suma.
Cuenta que su obra se le dio de una manera simple porque empezó a hacer esculturas con cabezas, “y había la dimensión de los ojos un poco más oblicuos, entonces sentía que esa era la parte del mestizaje, que la teníamos culturalmente. El mestizaje es un paso a un mundo de gran riqueza cultural.
Hoy comienza un cambio de piel, dejará su casa-taller para partir al litoral. Vendrá el no seguir trabajando con su ayudante Germán Acevedo, con quien ha estado por más de 27 años. Y él frente a esto aplica una fórmula que recibió de Maharishi: lo que siempre cambia es el absoluto. “Este mundo está en expansión, y si hay expansión hay disolución. Le puedes poner pausa, a lo que otros dramáticamente llaman muerte, pero yo participo de la eternidad”, concluye.

*Esta entrevista fue publicada el 4 de agosto de 2018, en la edición N°795