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A escala de barrio

Hacer ciudad significa construir edificaciones a escala humana, donde los habitantes gocemos de la vital oportunidad de encontrarnos, vernos las caras y conversar. La nueva oferta inmobiliaria en zonas de Providencia, incluso en Nueva Las Condes, apunta a esta forma; edificios de mediana altura cuyos primeros pisos se caracterizan por tener comercio de barrio, y así no conformarnos con la escuálida conversación de ascensor.


Según un artículo publicado en The New York Times Magazine, en mayo pasado la Organización Mundial de la Salud agregó oficialmente un nuevo trastorno en la última versión de la Clasificación Internacional de Enfermedades. Se llama ‘trastorno del juego’, que el organismo define como una preocupación excesiva e irrefrenable por los videojuegos, lo que resulta en discapacidad personal, social, académica u ocupacional significativa durante un período de al menos 12 meses. En el reportaje entrevistaron al menos a cuatro estadounidenses, todos ellos jóvenes o universitarios, quienes casi sin percatarse habían caído en una rueda de soledad con sociabilidad cero. Ni siquiera hablaban con su compañero de habitación. No salían, no hablaban con sus vecinos. ¿Realidad o ficción? La historia parece conocida. Sea por causa de los videojuegos o no, lo cierto es que la sociedad actual, y fuera de las fronteras norteamericanas, se siente sola de aquí a la quebrada del ají. Algo similar ocurre con la sociedad chilena, extrapolándonos a esta nueva adicción. De hecho, el ‘estallido social’ no fue solo a causa de la desigualdad, también es un llamado a gritos a crear comunidad, a dejar fuera la soledad como corriente de nuestro tiempo. “Nuestro peso de inhumanidad e incomunicación es brutal, el movimiento social chileno, más allá de lo económico, también es un grito fuerte de soledad, del ente urbano que no se encuentra en la ciudad y que a partir de un detonante que fue el precio del metro se encuentra y reencuentra en distintos espacios públicos de Chile, y en la capital en la Plaza de la Dignidad o Baquedano, y se dan cuenta de que efectivamente pueden construir una comunidad o barrio. De hecho, para mí Plaza Italia ahora es básicamente una comunidad, un barrio”, apunta el publicista con estudios de antropología Cristián Leporati.

Y eso justamente, nuestros barrios, ¿dónde quedaron? Leporati continúa: “En Chile las ciudades son bastante atomizadas y con poca vida de barrio; la gente no se conoce en las ciudades, la gente es profundamente desconfiada y eso se da básicamente porque el entorno en las ciudades chilenas es desarrollado por las inmobiliarias, no por una mirada urbanística, por lo tanto la persona más se aísla. Se construye un edificio y listo, se van construyendo cosas pero sin ninguna lógica urbanística racional”.

El rol de las inmobiliarias hoy
Pasando todas estas cosas, las inmobiliarias, de forma racional y a través de estudios, algunos antropológicos, más en sintonía con lo urbano, han visto que solamente construir edificios, además de intervenir un barrio –porque donde se construyó un edificio antes había 5 casas, ahora en un edificio hay 100 familias distintas–, modifica la lógica de la comunicación cara a cara en la manzana. “En eso las inmobiliarias han descubierto con el tiempo que no basta con hacer un edificio con buenos departamentos, buenos espacios y buena ubicación, sino que también la oferta inmobiliaria viene acompañada de una humanización o de una propuesta más a escala humana. Antes las inmobiliarias, en su mayoría, ponían una piscina, un poco de pasto, un ‘barbecue’ y un gimnasio, y con eso pensaban que estaban listos y estaban haciendo un aporte a la comunidad de ese edificio; pero efectivamente no estaban aportando al entorno del edificio, a la manzana. Se dieron cuenta, además, que este debe incluir elementos propios de la vida barrial, como es el lugar donde comprar, el lugar donde conversar, manifestarte, etc. Dialogar con el entorno. Para allá va la cosa, quizás más adelante las inmobiliarias hagan jardines infantiles, plazas con juegos. Todo eso gratis porque es un aporte a la comunidad, ya que están interrumpiendo la calidad de vida dada por una economía de escala feroz. De lo contrario las edificaciones actúan como islas, y Chile está lleno de islas”, continúa Leporati.

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Providencia, el ejemplo
En algunos sectores de la comuna de Providencia, como lo son las zonas de Manuel Montt, Eliodoro Yáñez y Bilbao, en los últimos 10 años –sin contar la potente herencia barrial de la comuna y sus entes articuladores- se ha disparado la oferta de comercio sobre todo en los primeros pisos de edificios de baja y mediana altura,  donde se han instalado cafés, almacenes, zapateros y un sinfín de proveedores que además de ofrecer servicios a la comunidad entregan la posibilidad de comunicarse entre vecinos, encontrarse, conversar del tiempo o de política y crear vida de barrio. Nicolás Cañas, director de la Dirección de Barrio y Patrimonio de la Municipalidad de Providencia, respecto a lo anterior afirma que “es importante destacar la historia que tiene Providencia en torno a este tipo de desarrollo inmobiliario, porque creo que no es un hecho que sea reciente, sino que es un hecho que históricamente se ha caracterizado en la comuna, y eso uno lo podría ver desde la concepción que tuvo, y el trabajo de los dos asesores urbanos que tuvo la municipalidad –Jaime Márquez y Germán Bannen–, que son los que construyeron o dieron la imagen de la ciudad de Providencia que tenemos hoy. En esa época se desarrollaron una serie de pasajes paralelos a Av. Providencia con comercio –entre Andrés Bello y Avenida Providencia–, como el Patio del Sol y Los Dos Caracoles. Eso es una forma de pensar ciudad y de hacer ciudad que quedó planteada desde el plan regulador; los primeros pisos tienen un programa de áreas comunes, la incorporación de áreas verdes, lo que te genera una riqueza hacia el espacio público”.

Luego agrega: “Sobre los ejes más consolidados como Manuel Montt, Eliodoro Yáñez y Bilbao, donde las inmobiliarias han instalado edificios de 6 a 12 pisos y que incorporan comercio en su primera planta, lo que hacen es contribuir a estos ejes que son de carácter comercial y lo hacen  generando nuevos espacios que mejoran esta calidad urbana.

Y el otro sector con una solución urbana interesante es la Av. Pocuro y sus alrededores. Un ejemplo que a mí me gusta mucho es un edificio que está en Pocuro justo al frente del Club Providencia, donde generaron una plaza pública hacia la avenida, sin rejas. Y además generaron unos cafés y almacenes de barrio con productos orgánicos. Esto contribuye a la vida de barrio, y a diferencia de Manuel Montt o Bilbao, que son en su mayoría solo zonas comerciales, este edificio está inserto en un contexto residencial. Esto viene a consolidar lo que característicamente ha tenido Providencia, que es una comuna de barrios, a una escala caminable, donde puedes recorrer tu barrio y conoces al casero y a la persona del café”, termina Cañas.

Proyectos que nos hacen sentido

Edificio Nataniel Cox, de Inmobiliaria Ingevec (www.ingevec.cl), ubicado en el centro de Santiago, cuenta con una placa comercial en el primer piso y excelente conectividad. A pasos de la estación de metro Parque Almagro y cercano al parque del mismo nombre.

El proyecto Urban La Florida, de Inmobiliaria Ecasa (www.ecasa.cl), en Av. Vicuña Mackenna. Serán 2 edificios residenciales de 19 pisos. Los departamentos son de 1 y 2 dormitorios, ubicados a pasos del metro Bellavista. Cuenta con una placa comercial de 8 locales en 1er. y 2do. piso y equipamiento comunitario.