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Basílica del Perpetuo Socorro, en la comuna de Santiago. Es uno de los templos católicos expuestos en el libro. Disponible en librerías.

Esbeltez hecha iglesia

La Editorial Universitaria acaba de lanzar el libro “Templos católicos neogóticos”, investigación que revisa y recorre una centuria de construcciones de este tipo de iglesias en Santiago de Chile durante 1850 y 1950. La autora es la arquitecta Mirtha Pallarés.


Durante 5 años, la arquitecta de la Universidad de Chile con un doctorado en la Universidad Politécnica de Madrid y un magíster en la misma entidad educacional Mirtha Pallarés, revisó, estudió e hizo un completísimo catastro sobre la arquitectura en los templos neogóticos en Santiago de Chile construidos entre 1850 y 1950. Minuciosamente, revisó 22 templos con estas características analizándolos bajo las mismas variables, pues de este modo era más sencillo compararlas. Sin embargo, la investigación fue compleja; no había literatura sobre el tema, lo que la llevó a catastrar y develar en archivos de la Iglesia Católica y en los de la Biblioteca Nacional, además de hacer visitas in situ de las iglesias. Su trabajo se ve plasmado hoy en un libro de 282 páginas con fotografías y textos de los templos investigados en Santiago titulado “Templos católicos neogóticos. Santiago 1850-1950” perteneciente y distribuido por la Editorial Universitaria. Desde la editorial refuerzan: “El libro visibiliza y valora la producción arquitectónica con reminiscencias góticas desarrolladas durante una centuria, en un contexto determinado por la llegada y la fuerte influencia de la cultura foránea”.

Y ahora le preguntamos a Mirtha, ¿de dónde viene la arquitectura neogótica? Del gótico. El gótico es un estilo que se desarrolló desde mediados del s. XII en adelante en Europa Occidental y era arquitectura construida en piedra. Se caracteriza por su esbeltez y su luminosidad. El esqueleto (estructura) se hacía más liviano y, al construirse más liviano, hace posible que ingrese luz dentro de la iglesia, y eso le da cierto carácter simbólico. Esa es la gracia del gótico. Eran estructuras hechas en piedra donde se decantaba la piedra, y las construcciones, de acuerdo a lo que dice la historia, era como un ensayo y error. Tiene una fachada con forma de hache (con dos torres laterales).
De ese tipo de arquitectura no hay nada aquí en Chile. Y luego aparecen los historicismos y con ello aparecen los ‘neo’, los nuevos, en este caso aparece el neogótico también en Europa, y aquí se toman estos edificios que replican la imagen pero la materialidad es otra.

¿Y cómo fueron estas adaptaciones en Chile, en estas iglesias? Aquí tengo que hablar de las bóvedas de crucería, que son los cielos de las naves centrales que tienen una forma con arcos apuntados (en el gótico originario), en Santiago no se dio tanto eso, ¿en qué sentido? Las bóvedas de crucería aquí no son de piedra, sino que de madera, porque en el fondo, la idea era que arriba fuera lo más liviano posible para cuando se produjeran movimientos sísmicos.

¿Cómo se refleja el neogótico en Santiago dentro de tu investigación? Dentro de lo que yo catastré, responden a distintos periodos, entonces las materialidades son diferentes. Hay algunas que son en albañilería simple (sin enfierradura), el material que se usó es el ladrillo cocido, entonces la resistencia que tiene es otra. Luego aparecen aquellos templos de albañilería reforzada donde se incorpora dentro del ladrillo la enfierradura, lo que los hace más resistentes. Y al hacerlos más resistentes es posible alcanzar mayor altura. Y después del 1900 aparece el hormigón. Como, por ejemplo, en Independencia, la Parroquia del Niño Jesús de Praga, que aparece en la portada del libro, o la Basílica del Perpetuo Socorro, esta es una de las que tiene más elementos de lo que fue el gótico originario como la fachada de hache.

¿Cómo influían estas construcciones en la sociedad chilena de esa época? Durante esa época la gente era muy católica, ella participaba en la construcción de estos templos. Aportaban con dinero, de hecho en algunos vitrales aparecen los nombres de las familias que aportaban. También aportaban con materiales o mano de obra. A ellos les interesaba participar. Por otro lado, tuvieron un papel muy importante en la formación, la educación, la moral, habían hospitales manejados por congregaciones, la Iglesia tenía un rol fundamental. Esto cambia en 1925 con la nueva constitución donde el Estado se separa de la Iglesia y aparece el laicismo y hay una apertura a otras religiones.

Luego de esto, ¿las iglesias se fueron deteriorando? No es que las iglesias se hayan ido deteriorando, sino que la gente con vocación religiosa fue disminuyendo, lo que ha hecho que hoy en día, en general, hayan iglesias en las que ya no se celebran misas, sino que han cambiado de uso. ¿Por qué? Porque ya no existen las personas como para (monjas o curas). De las iglesias que yo investigué hay dos que han cambiado de uso. Una de ellas es la capilla La Caridad (en la calle Dieciocho), y la otra la capilla del colegio de Las Monjas Argentinas. La primera está ahora como un salón de actos y pertenece a la Utem, mientras que en la segunda, ya no está el Cristo. En ambos casos el edificio se sigue viendo como tal, pero no pertenecen a la Iglesia Católica y han sufrido ciertas modificaciones en su interior, muy pequeñas por ser de cierto carácter patrimonial. Ninguna eso sí ha perdido su solemnidad.

“En Latinoamérica se da también el neogótico, en algunos lugares con edificaciones mucho más altas porque no tienen sismos como nosotros. Por ejemplo, en Ecuador. Los distintos países van tomando este estilo y lo van apropiando a su propia cultura y a los materiales disponibles”, dice Mirtha.