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Espacios, decoración, diseño, París, Dimore Studio, arte

Equilibrio de disonancias

Colores, estilos, formas y épocas opuestas y contrastantes encuentran su equilibrio en este departamento de París decorado por la oficina milanesa Dimore Studio.


Desde sus ventanales, las chimeneas terracota de los edificios aledaños parecen pequeños personajes, alineados y dispuestos como para ver el sol esquivo que aparece de vez en cuando sobre los techos azul pizarra de París. Lo pálido del cielo se cuela por las paredes y se queda celeste en los muros de este departamento ubicado en el último piso de un edificio de los años 40, en pleno centro de Saint-Germain-des-Prés. El mismo barrio tan recordado por su vida pasada de cafés de intelectuales, la Beauvoir y Sartre, de Nouvelle Vague, Godard, Truffaut –que hoy conserva algo de ese halo a través de la Académie des Beaux-Arts–, aún ahí, y sus galerías de arte desperdigadas entre sus calles.
Aquí, Emiliano Salci y Britt Moran, Dimore Studio, una de las oficinas de diseño de interiores más cotizadas de Europa actualmente, le dieron a este departamento reformado esa atmósfera tan propia de ellos, un poco ecléctica, con sabores a años 50, elegantes, pero que con piezas claves aquí y allá se vuelve a la vez tremendamente contemporánea.

ENSAMBLAJES
El departamento de dos pisos y cerca de 300 m² conserva varios detalles de su arquitectura original, que conjugan perfecto con ese fuerte componente atemporal que Dimore imprime a sus espacios a través de evocaciones al pasado reciente del siglo XX. Una estética clásica y un estilo actual que generan con tanta facilidad mezclando objetos de diseño propio, o de los talentos del minuto como Martino Gamper o Bethan Laura Wood, con obras de grandes maestros del diseño, en este caso Gio Ponti o Jean Royère.
Un amigo puso en contacto a los dueños, unos coleccionistas de arte, con Salci y Moran para que los asesoraran con los materiales, los tapices, los muebles y los detalles, y de ahí nació la comisión de este trabajo. Las telas, los papeles murales, puntos de fuerza de Dimore, llenan las habitaciones, exuberantes de color y grafismos. Escogieron para las cortinas y murales diseños de Jim Thompson y un papel mural Osbourne and Little para el ingreso en patrones negro y dorado que le dan gran expresividad al espacio y un touch art deco muy años 20. Las lámparas, al igual que los tapices, también son protagonistas en esta casa, desde la antigua, tipo linterna china ubicada en el pasillo, que es previa a la remodelación del inmueble, hasta la novísima y monumental luminaria de techo diseñada por Salci y Moran para la sala.

CONTRASTES COMPLEJOS
La sala, el comedor, los dormitorios, todas las estancias principales están llenas de armonías, melodías y contrastes disonantes. Si esto fuera música, ciertamente no sería minimalista ni pausada. A Dimore le gusta ocupar todos los recursos, no hay bases neutras o elementos planos que sostengan estas sinfonías de colores disonantes, de formas recargadas y texturas sugerentes. Salvo las paredes celestes del living y comedor, aquí todos los muebles y objetos tienen su propia voz y todos cantan alto.
En el living el sofá rojo aterciopelado Our Polaire de Jean Royere del ‘46 hace coro con la cortina también en rojos, diseño de Jim Thompson. Geometrías en el piso, motivos vegetales en las cortinas y la lámpara de Angelo Lelli –diseño de los años 40– , abstraciones en las obras de arte. Todos se toman la sala, un poco como si en un museo se revolvieran todas las épocas y estilos y se entremezclaran en un mismo espacio, que en teoría sería un caos visual, pero aquí no marea ni satura.
En el ingreso, lo mismo: las geometrías de las paredes, más bien tribales y arcaicas, poco y nada tienen que ver con la lamparita Tree in the Moonlight de Michael Anastassiades superminimal y hasta futurista, y esta, menos con la de techo de Barovier & Tosso. Sin embargo, funcionan estupendo con la mesita de Gio Ponti que apacigua un poco las cosas.
En el comedor y las habitaciones priman también los contrastes y disonancias. Los leopardos y animales de la selva que cuelgan de las cortinas de Hermès en la pieza de los dueños son a primera vista impensables con el papel mural de fondo, pero, si se mira de nuevo, la verdad es quedan muy bien esos azules. Eso tiene Dimore, composiciones bien complejas que al principio seguro cuesta encontrarles el sentido, pero tienen la gracia de ampliarnos el vocabulario visual y sacarnos de lo usual hacia puestas en escena mucho más complejas y relaciones más estudiadas que innovan. dimorestudio.eu

 

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