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Envuelto en algas

Los bioplásticos –creados a partir de ingredientes naturales y que se degradan mucho más rápido que los plásticos corrientes– no son solo posibles, son una realidad, y una diseñadora chilena es la creadora de uno tremendamente prometedor.


¿Cómo es que un material tan versátil, capaz de ser tan duro o tan flexible como se quiera, que puede adoptar cualquier forma y color y que es prácticamente indestructible se emplea en objetos que tienen un solo uso? Margarita Talep –diseñadora de la UDP– veía ahí algo que no encajaba, algo que no puede describir con otra palabra que incoherencia. “Desde la prehistoria hemos usado y modificado los elementos del medioambiente para nuestra propia conveniencia, y hasta la aparición del plástico todos eran usados según sus propiedades y por ende destinados a usos específicos”, dice ella.

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Margarita Talep.

En esas reflexiones está el origen de Desintegra.me, un proyecto con el cual Margarita se propone algo con lo que todos los contagiados de ‘ecoangustia’ soñamos: sustituir específicamente los plásticos de uso efímero por un nuevo biomaterial hidrosoluble fabricado con materia prima extraída de algas.

“Este nuevo material es un bioplástico compuesto de agar –extraído de las algas rojas–, un plastificante y un aditivo. Las cantidades de estos elementos varían de acuerdo a la consistencia que se quiere lograr, ya que las aplicaciones del material son muy versátiles, y van desde versiones más rígidas a otras más flexibles como films, papel de burbujas, packaging para alimentos secos, prototipos de cucharas y bombillas, y más. Por estar hecho con compuestos naturales, incluyendo los tintes –que se obtienen de frutas y verduras–, se facilita la degradación del material entre dos y cuatro meses, dependiendo del grosor y las condiciones atmosféricas”, explica Margarita para nosotros como ha hecho antes para publicaciones como Deezen.

Desde que puede recordar, a Margarita siempre le llamaron la atención los materiales, sus texturas, olores, métodos de fabricación, transformación, colores, entre otras cosas. “Cuando entré a estudiar diseño hubo un taller que me atrajo exactamente por ese interés; fue en el Taller de Procesos y Productos Sustentables de la UDP (2016) cuando me acerqué por primera vez a los biopolímeros, y en esa oportunidad con una compañera desarrollamos un bioplástico a base de caseína (proteína de la leche) que arrojó muy buenos resultados”. Ahí comenzó su búsqueda en los polímeros naturales a lo largo del tiempo, cruzada con la preocupación por la crisis medioambiental y el rol del plástico en ella.

“Me cuestioné si la leche era viable para desarrollar lo que tenía en mente, así que en el verano, antes de entrar a clases, busqué alternativas de polímeros que no fuesen de origen animal; que la materia primera se encontrara localmente en abundancia y que su extracción no fuese tan dañina para los ecosistemas. Ahí fue cuando automáticamente aparecieron las algas, así que comencé una fase de experimentación práctica. Como ya tenía bastante teoría al respecto, todo fue un poco más rápido de lo normal para llegar a una probeta interesante y con potencial para seguir desarrollando”, recuerda Margarita.

Pero ¿cómo?, ¡¿cómo puede un alga convertirse en algo parecido al plástico?!
Generalmente las algas que se utilizan para la extracción de la materia prima son algas rojas de los géneros Gelidium y Gracilaria (por lo menos acá en Chile). La materia prima que se extrae de las paredes celulares del alga son tres, y dentro de ellas está el agar; un polisacárido que tiene un gran poder gelificante y que es el que utilizo para el material.
Cuando este polisacárido se disuelve en un medio que actúa como plastificante crea una película gelosa, posteriormente si el gel pierde humedad solo queda la película de agar con un aspecto casi idéntico al plástico.

Y además se puede pigmentar, también de manera natural.
Sí, el material se pigmenta con piel de frutas o verduras en descarte, siguiendo la lógica del material. Esto también ayuda a su degradación, ya que mientras más natural es el material, más rápido logra su degradación. No utilizamos ningún tipo de fijador para los pigmentos y eso se ve reflejado cuando el material se expone por días al sol, ya que comienza a volver a su color natural.

Mientras un plástico del tipo que buscas reemplazar resiste décadas, ¿cuánto tarda en biodegradar Desintegra.me?
Es relativo en cuanto a las condiciones atmosféricas; en el verano puede degradarse en dos meses, en invierno lo haría en el doble de tiempo. Esto también cambia por el grosor que tenga el material. De todas formas no se necesitan composteras industriales para su degradación.

¿Qué futuro imaginas para materiales como Desintegra.me?
Me encantaría que el material de algas sustituyera el plástico en situaciones donde debemos prescindir de él; que los procesos productivos que tengamos que hacer como empresa sean limpios y conscientes, que la extracción de la materia prima se haga de manera sustentable y que se respeten los ciclos de las algas.
Por otro lado, también me imagino que las personas seremos más conscientes y que podremos prescindir de lo que verdaderamente no necesitamos usar, entender que la biomasa es renovable, pero su uso indiscriminado podría ser fatal para los ecosistemas. @desintegra.me