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Tree house, bambú, Bali, arquitectura, Pablo Luna, sustentable

Enamorado del bambú

El joven arquitecto chileno Pablo Luna está trabajando nuevas técnicas con este material, que puede no solo ser usado estructuralmente en construcción sino también ser uno de los más sustentables.


Son pasadas las 9.30 de la mañana en Santiago, 21.30 en Bali, cuando Pablo nos responde el teléfono en su casa desde esta isla en medio del océano Índico. Cambiamos a videollamada porque quiere mostrarme bien cómo se dividen las varas del bambú en la técnica con que está trabajando, split, y por algunos segundos al ver las fotos de la Tree House que ha construído para el Stonehouse Bali Hotel, al ver el aire relajado de su casa y de él, da la impresión de que habla desde algo muy, muy parecido al paraíso. Juega con la barba, con el pelo y nos va contando amable y apasionado su experiencia con este material que descubrió recién titulado. “¡Se puede hacer todo tipo de formas!”, dice entusiasmado mientras panea para mostrarme con el teléfono las tarjetas, cajitas y joyas de bambú sobre su también escritorio de bambú, todo hecho por él.
Este chileno que estudió primero ingeniería en Chile y luego arquitectura en la Universidad de Columbia, al día siguiente de graduarse en Nueva York estaba tomando un avión a Bali –nos cuenta–  para trabajar con John Hardy, un empresario hotelero, que le encargó algunas extensiones del Bambu Indah Hotel, en Ubud, Bali, su primer encargo.

¿Por qué escogiste trabajar con bambú, tiene que ver con hacer una arquitectura más sustentable?
Tuve la bendición de que el bambú me eligió a mí. Llegué literalmente al mundo del bambú a trabajar para Hardy, que es el dueño de Greenschool (colegio en Bali) y director del Bambu Indah Hotel, y en el fondo él me introdujo en este mundo. La verdad es que me enamoré de este material y sí, la relación con él se basa en la búsqueda de equilibrios entre una construcción y su entorno. La sustentabilidad de un edificio de bambú radica en las propiedades físicas y mecánicas de este pasto y el desafío radica en diseñar para maximizar estos beneficios, es una conversación en la naturaleza, y ¡wow! es muy lindo poder ser parte de esta.

Cuéntanos un poco más del bambú como material para construir
No es un árbol, es un pasto, y existen más de 1.400 especies. No hay dos bambús que sean iguales, en términos de tamaño, dimensiones, curvas. Pueden llegar hasta los 40 m de altura con un diámetro que crece, se achica, entonces tiene mucho trabajo manual y que se realiza en el lugar. Según los últimos estudios, absorbe un 33% más de CO₂ que la madera. Rebrota tantas veces como lo cortemos, lo que de por sí lo posiciona como un gran material del futuro, generando recursos ilimitados cuando es bien cuidado. Si a esto le añadimos que solo se necesitan tres a cuatro años para que esté maduro y listo para la construcción –la madera puede ir de 20 a 100 años–, no podemos hacer otra cosa que dedicar nuestros esfuerzos a estudiarlo y conocerlo mejor.

Con chaqueta, gorro y botas
“Tiene algo mágico, la manera de crecer, de vivir, y la gente que se reúne en torno a él. Un grupo de bambús que crecen en ‘familia’ funcionan como una reserva de agua, es decir pueden absorber hasta 5 mil litros, que se distribuyen a su ecosistema adyacente en tiempos de sequía o necesidad. Se expande y se contrae con el aire, es muy sísmico, es el material más sustentable, tiene la fuerza del concreto y el tensile strength (resistencia a la tensión) del metal; es realmente un supermaterial, que hoy en día está renaciendo porque se han encontrado formas de tratarlo para usarlo”, dice Pablo.

¿Cómo se trata para construcción?
Se pone en unas bandejas gigantes de borax, que les saca todo el azúcar, la sal y se vuelve resistente a las termitas, por eso ha renacido como material de construcción, hoy te dura una vida. Hay tres reglas: yo digo que al bambú hay que ponerle chaqueta, botas y gorro. Básicamente no puede estar expuesto al sol y la lluvia, y tiene que estar por sobre la tierra.
¿Así se podría usar en Chile, en qué zonas lo ves más factible?
En Chile y el mundo se recomienda trabajar solo con bambú que ha sido tratado, de lo contrario no se puede esperar que el edificio permanezca estable por más de cinco a siete años. Yo veo en Chile gran potencial para el desarrollo del trabajo con bambú. Las condiciones del sur y centro me parecen las más favorables, debido a la humedad del territorio. Sin embargo, creo que la introducción, ya existente por lo demás, tiene que darse primeramente en el sector turístico y específicamente en el diseño de interiores o estructuras dedicadas a la recreación, porque el bambú paga en el corto plazo, por su estética y arquitectura de posibilidades.

Nos contabas que distribuye 5 mil lt a su ecosistema circundante. Considerando las condiciones de sequía por las que atraviesa Chile, ¿crees que se podría plantar aquí, qué necesitaría y qué especie podría ser?
Esta es y va a ser una investigación muy interesante para los que decidan ser los pioneros con este material en el país. Por lo que entiendo hay 4 especies en Chile, no estructurales, por lo que ya está probado que sí puede sobrevivir con nuestras condiciones climáticas, el tema es si podemos introducir especies de diámetro y fuerza mayores que nos permitan usarlo no solo en mobiliarios. El bambú guadua de México y Colombia ya ha dicho ‘presente’ en muchas edificaciones de dichos países con el sistema de los split, así es muy difícil que se trice o rompa; la fuerza está muy bien distribuida y se puede usar como pilar, columna, tiene mucha resistencia.
En Zapallar estamos estudiando cómo se comporta el bambú en lugares más húmedos en Chile. Se puede empezar a hacer cosas decorativas en interiores pensando en el futuro ser estructurales, el corazón de edificios y lugares públicos, considerando que tenga sombrerito, chaqueta y botas.
@pablolunastudio

“Estar en una casa de bambú es una experiencia. La gracia son las formas orgánicas, las curvas;  las paredes se expanden hacia atrás, no son rectas, y eso rompe con los parámetros; te abren el espacio y la mente. Ese para mí es el gran mensaje del bambú”, dice Pablo Luna.