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Brugnoli Asociados Arquitectos, Pedro de Valdivia Norte, casa, arquitectura

En casa de arquitectos

Juegos de geometrías, tensiones y contrapuntos definen esta casa de Pedro de Valdivia Norte. Una remodelación a cargo de Brugnoli Asociados Arquitectos en la que la luz juega de protagonista.


¿Cuál es la diferencia entre una casa cualquiera y una casa de arquitectos? A vuelo de pájaro, superficialmente, tal vez nada, pero si se detiene la mirada y se comienza a observar con atención, se van encontrando tantos detalles y particularidades que se traducen en juegos visuales ricos y estimulantes. Planos que se superponen, geometrías en 3D, perspectivas, el paisaje que se cuela enmarcado perfecto por las ventanas o ángulos en el cielo dibujados por las lucarnas. El espacio se recorta en tantas formas distintas que uno se olvida que por fuera son dos cubos intersectados. La luz que va definiendo cada lugar hace también su parte simplemente para el gozo del ojo. Eso tiene de distinto una casa como la de este matrimonio de arquitectos ubicada en Pedro de Valdivia Norte.
“Originalmente la 1957 –toma el nombre por la numeración de la calle– era oscura, de un piso, la típica casa de albañilería armada a la vista, con alero, de los años 70, como las de Kennedy, Villa El Dorado”, describe Macarena Cortés. Pertenecía a la artista Virginia Errázuriz, madre del actual dueño, Gregorio Brugnoli Errázuriz, que junto a su mujer, Macarena, remodeló en 2011.
Brugnoli Asociados Arquitectos, la oficina de Gregorio con José Acosta, estuvo a cargo de la refacción, que de la vieja casa mantuvo el perímetro, las zonas o áreas asignadas (la cocina sigue en el mismo lugar, los baños) y el piso de eucalipto, que reorganizado en modo lineal pasó al nuevo segundo piso. Se pusieron el límite, explica Gregorio, de 99 m² de ampliación porque “permitía sacar un permiso de obra menor, que era más fácil. Fue un proyecto sencillo que fue surgiendo en el momento, supercolaborativo”, dice. “El perímetro estaba dado, el volumen era obvio que surgiera aquí porque agarra las rasantes… no queríamos intervenir, queríamos ser lo más limpios posible”, agrega Macarena.

MIX CONTEMPORÁNEO
“En una operación muy básica, se trataba de buscar lo claro conceptualmente y económicamente viable: cómo lograr identificar los lugares. Entonces se crearon estas lucarnas (son 6), algunas construyen recintos, como la del living, el comedor, y nos permiten en invierno tener sol. Otras construyen lugares como objetos, como la del lavaplatos. (Hay otra en el baño de servicio, en el escritorio y en nuestra ducha)”, explica Brugnoli, para quien la luz es fundamental: “En el desayuno, en el baño, en cada momento del día, el sol te va acompañando”.
El primer piso aloja las áreas comunes como living, comedor, cocina, todos conectados y comunicados con la piscina y un ala destinada a las más pequeñas del hogar, con sus dormitorios, sala de juegos y un jardín que cuida con esmero el mismo dueño de casa.
Arriba, junto al dormitorio principal, se designó una cómoda área de trabajo para la familia. “Construimos este gran espacio, antes teníamos un escritorio menor para nosotros dos, pero como las niñas están creciendo, necesitábamos ayudarlas más en las tareas y este es el espacio de trabajo para todos”, dice Gregorio. Ahí se mezclan trabajos de arquitectura de él, un retrato de ella por Philippe Blanc, unas sillas Eames originales de los 50, objetos de colección y los dibujos de las niñitas, un gran centro de producción creativa familiar.
Abajo conviven muebles antiguos de herencia con piezas de arte contemporáneo y muebles de diseño. Una trilogía de las “Chicas Súper Poderosas” de Mario Zeballos recibe en el hall de entrada que remata con “Hagaló Usted Mismo”, otra pieza del mismo autor que introduce al living. Ahí, entre unas sillas Marcel Breuer y un sofá, está el cuadro principal, “Voy y Vuelvo”. “Es lo más valioso para mí, una obra de mi madre de los ‘60, Virginia Errázuriz, cuando se reabrió el museo (MNBA), después de la dictadura”.
La madera de mara clara sirve de hilo conductor para toda la casa. Está en las puertas, en los muebles en obra, en los estantes. “Como arquitecto insisto en eso, la unidad. Todo es la misma madera, que se escogió para que funcionara con el piso original de eucalipto trasladado al segundo piso y dormitorios de las niñitas”. Un orden que se expresa también en las alturas estándar de 2,40 m, las puertas y ventanas iguales que siguen la misma relación y ritmo, el blanco de fondo que imprimen paredes y cielos. Un contexto armónico que se altera y tensa en contrapuntos estudiados y buscados, en las geometrías de la arquitectura, en las piezas de arte contemporáneo para crear una casa diferente.

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