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Norton maza, taller, artista, materiales

El refugio del tigre

A mí, al fotógrafo, a los otros artistas que trabajan en Checoslovaquia, donde tienen su taller, a todos nos llama tigre y por esa costumbre –que adquirió en Cuba– la gente suele decirle ‘Tigre’ a él. Elocuente, divertido y directo, Norton Maza compartió con nosotros sus procesos, rituales y planes futuros, aunque algunos no se pueden contar aún.


“¿Ves este elefante y este rinoceronte? Tú dices ‘¿para qué este tipo tienen esto acá?, ¿cuál es la idea? Ya veo que a este tipo le gusta jugar porque tienen todo lleno de objetos’. Los compré, me salieron un poco caros porque son bastante realistas, porque voy a trabajar con el tema de la extinción de animales. Los tengo acá y pienso ‘¿qué voy a hacer con esto?’. Cada vez que paso por esta parte del taller miro el rinoceronte y el elefante, hasta que en un momento viene… ¡ah voy a tratar el tema del marfil! Ya los he cortado, desarmado, aplastado, ya les saque el marfil y les hice de todo. Son elementos que uso para mi análisis. Luego boceteo una idea general, cómo empezaría el proyecto y después empiezo a trabajar físicamente, a modelar y a ver cómo enfoco la idea original. Después decido los materiales. No todos requieren lo mismo, algunos pueden ser cartón, otros pueden ser mármol, otros pueden ser bronce. Finalmente ejecuto la obra. Si hago un elefante quizás necesite un espacio más grande. Tengo que pensar en cómo lo voy a exhibir, cómo lo hago desmontable, porque me lo puedo llevar a Europa a México o a EE.UU.”, así de sencillo ejemplifica Norton Maza su proceso creativo en el taller que ocupa hace tres meses en espacio Checoslovaquia, la antigua planta de alfombras en Ñuñoa que alberga todo tipo de artes, especialmente escénicas.
Ese Jesús que escapa a punta y codo, armado y con un reloj de oro en “El paisaje y sus reinos”, yace ahora boca arriba sobre una mesa esperando un retoque de pintura. Ahora entiendo su gestación, su carácter de obra dentro de un todo y también independiente. De hecho Norton cuenta que la chica encapuchada de “El rapto” está dentro de una caja, segura en una bodega, luego de haber sido expuesta solita en Buenos Aires. “Funcionó muy bien. La instalación fue concebida para esta megaestructura que estaba en el cielo, pero también se pensó para que se pudiera exhibir sola. Ella tiene algo bastante especial. Se apaga la luz, queda en la penumbra y ella levita, eso tiene una carga bastante fuerte”.
Como fan y como periodista gozo y sufro en cantidades iguales viendo una de las piezas en las que trabaja actualmente, escuchando el ‘twist’ inesperado que tendrá, pero sin poder decir nada al respecto aquí. Levantando una sábana Norton dice: “El modelado es en plastilina. Vamos a sacar el molde y va a terminar en fibra de vidrio policromada, combinado con elementos de plástico. Después vendrá el trabajo minucioso del acabado. Generalmente en las esculturas uso resina con fibra de vidrio. También he utilizado materiales sumamente precarios como cartón y madera en las metralletas. En el nuevo proyecto que estoy pensando voy a incorporar por primera vez fibra de carbono. No para creerme la muerte. No voy a hacer un Ferrari. Tienen relación con el peso, el material en ese proyecto tiene que ser lo más liviano posible”. Tampoco dirá mucho más.
En el taller de Norton Maza hay una área donde él dibuja y pinta, más semejante a lo que uno imagina del taller de un artista. Hay otra con herramientas como alicates, sierras y martillos. Todas prestan utilidad en su trabajo, complejo y multidisciplinario. “En Cuba se estudia muchos años. Trabajé con dibujo, escultura, grabado; desde las cosas más simples a las más complejas. También escultura; hasta mármol hicimos. El ejercicio es aprender a sentir los materiales.
Con los años te das cuenta de que hay algunos que funcionan mejor que otros para determinado proyecto. Hay proyectos que pienso en acuarela y queda en ese soporte. Si me interesa hablar de la precariedad humana, la pobreza y la venta de armas, vendo armas hechas de cartón en una feria de arte en México. De pronto digo ‘quiero hacer una corona en bronce. Hay una multiplicidad de conocimientos adquiridos”.
Volvemos a “El rapto”, a esa chica encapuchada con la molotov en la mano, siendo abducida por un retablo en el cielo. Ella está hecha en fibra de vidrio y pintada; la base en bronce. “La parte de arriba era solo cartón, espuma aislante, poliuretano, juguetes encontrados y otros creados. Todo eso era efímero. Se desmontó la obra y fue a la basura. No había cómo conservar esa parte. Si tuviera que exhibirla de nuevo haría otro retablo”. Lo que queda, lo que atesoran los coleccionistas, son estos registros fotográficos de esa instalación. Él hace ediciones de cinco, fragmentando esa obra emblemática. “No es cualquier encuadre, son lo que yo imaginé cuando se gestó el proyecto. Cada vez que hago una obra intento que cada objeto que forma parte de la instalación tenga su autonomía, que funcione en el colectivo y además solita. Como la gente: una masa marchando impone, pero cada hombre y cada mujer tiene sus propias alegrías y dolores”.