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Presente todo el año, baratísimo, contundente y hasta listo, es decir, el grano de trigo pelado y hervido. Con un septiembre patriótico, el mote empieza su temporada de gloria, efecto socio del huesillo, uno de los postres icónicos de Chile y una de las comidas callejeras más presentes en la capital también. Podría hablar horas del mote con huesillos, de lo rico que es su juguito con no sé cuántos kilos de azúcar y canela. De todo lo que significa y transmite cuando entra a cuadro. Ese mote lo tenemos claro y valorado, así que pasemos al siguiente capítulo.
¿Qué más podemos hacer con el mote? Tanto como su cabeza y hambre quieran. Si bien está la versión seca que obliga a dejar remojando, lavarlo, cocerlo y que sin duda queda más al dente y enterito, yo me tiento con el que venden en las ferias y en La Vega. El ½ kilo a $500 hace que empiece a pensarlo en unas papas con mote, por ejemplo, plato que hace unos 30 años no salía de la casa chilena y que ahora cuesta cada vez más encontrarlo. Cosa más rica esto de hacer un sofrito con cebolla, ajo, comino, orégano, echar papas, cubrir con un fondo sabroso y cuando las papas estén cocidas echar el mote. Nada más. Excelente y poderoso acompañamiento. También está como ensalada en una especie de pebre con mote, 1 x 2 tazas. Salteado con verduritas en cubitos y aliños varios. O, para los quesoadictos, con bechamel y mucho mantecoso. Se mezcla, pone en una fuente y cubre de más queso. Gratinan y entran al paraíso motístico.
Vamos con todos ellos. Con ponernos bien chilenos. Con tenerlo presente para el asado multitudinario. El mote salado deja contentos a los vegetarianos además, exactamente lo que busca nuestro 18: TODOS FELICES.