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El lujo tranquilo de la Maison Liaigre

Liaigre es probablemente la firma de decoración, muebles y arquitectura de interior más exquisita de París. MásDeco visitó su nuevo flagship en la rue de Faubourg Saint Honoré, un edificio de cuatro pisos donde se exhibe todo el savoir faire de la marca.


Hasta hace no muchos años su nombre solo resonaba en los ambientes más sofisticados y adinerados. Poco amiga de la publicidad y con el acento puesto tanto en la discreción como en la calidad de las materias y la pureza de las líneas, la maison Liaigre fue ocupando poco a poco el lugar de gran favorita entre los ricos y célebres que admiran la atmósfera de lujo tranquilo del que solo ella tiene el secreto.

Elegancia, luz, espacio
Su historia comenzó a mediados de los años 80, cuando Christian Liaigre abrió su primera tienda en París. Elegante y perfeccionista, este apasionado de la equitación diplomado en bellas artes decidió  aplicar sus conocimientos del clasicismo en la creación de muebles de líneas puras, proporciones justas y perfectos hasta en sus mínimos detalles, poniendo especial atención en las materias nobles –madera, cuero y bronce– que serían los elementos icónicos de la casa.

El diseño de interiores se impuso como una natural evolución y  Liaigre se caracterizó por la creación de ambientes elegantes y  sobrios, por su atención a la luz y al espacio, por el trabajo excepcional de sus ebanistas, talabarteros y artesanos en general, y por una paleta de tonalidades del blanco al negro, pasando por beiges, grises, marrones, topos. Sus colores nunca gritan, susurran.

Los clientes satisfechos contribuyeron a hacer su reputación y un par de realizaciones públicas –el hotel de Montalembert de París (1990) y el hotel Mercer de Nueva York (1997)– le abrieron las puertas a una sofisticada clientela: Karl Lagerfeld, Calvin Klein, el magnate Rupert Murdoch, el galerista Larry Gagosian, el fotógrafo Peter Lindbergh y el músico Bryan Adams son algunos de los que le ofrecieron su confianza para rehacer sus casas, lofts y apartamentos.

Así, en las décadas siguientes, Liaigre  dejó su impronta en todo el mundo: en Nueva York, Londres, Atenas y Moscú, pero también en Bora-Bora, Corea, Japón, India, Singapur, Málaga y el Caribe. “He trabajado en casi todos los sitios, pero algunos me faltan, como Sudáfrica o la Patagonia, con su fabulosa geografía”, confesaba en 2015 al South China Morning Post.

En 2010, a fin de asegurar la perennidad de su empresa y su apertura al mercado internacional, él y su esposa, Deborah, también arquitecta de interior, cedieron la mayoría del capital a Edmond de Rothschild Capital Partners. La asociación funcionó y la casa entró en un período de expansión pasando de cinco a veintiocho showrooms en el mundo. En Estados Unidos (la clientela americana representa el 40% de sus ingresos), Liaigre cuenta con dos grandes espacios individuales en Nueva York y uno en Mami, y quince puntos de venta dentro de otras estructuras multimarcas.

Pero cuando cinco años más tarde Rothschild vendió la  firma a Navis y Symphonie, dos fondos de inversión asiáticos especialistas en la inmobiliaria de lujo y la hotelería, el nuevo arreglo no complació a Christian Liaigre, quien, seguido por su esposa, se retiró de la firma que había fundado. Frauke Meyer asumió la dirección artística.

En efecto, la filosofía que guió a Liaigre en sus orígenes sigue en pie. Todo está hecho a medida y diseñado a mano y el aspecto artesanal sigue siendo un pilar de la firma. “Es por eso que en Liaigre jamás se encontrará una declinación, es decir una mesa en versión baja, de comedor, escritorio o mesa de luz”, señala Schuhmacher. Explica también que la casa no abarca más de lo que puede. Una quincena de proyectos al año es todo lo que pueden absorber los 25 arquitectos de interior que trabajan en las oficinas de rue de Lille para poder dar a cada cliente la atención necesaria.

Por cierto, el cliente tipo de Liaigre no solo suele ser dueño de una fortuna respetable sino que a menudo es un refinado coleccionista.  Así, en la maison, arquitectura y decoración se conjugan con el arte en más de una manera y este forma parte esencial de su ADN. Por esta razón no es casual que en sus showrooms siempre se expongan obras de artistas. Por ejemplo, actualmente en París se exhiben las obras de los artistas de la galería Maruani Mercier, en Bruselas las de los artistas de la galería Sorry we’re Closed, mientras que en Múnich pueden verse los collages desestructurados de Katrin Bremerman y próximamente en Londres se mostrarán las piezas del artista plástico Henry Hudson. “Esta asociación con las galerías, para las que jugamos un rol de mediador (no pretendemos ser galeristas), nos permite proyectar a nuestros visitantes en un universo más personal y a los galeristas estar presentes en los showrooms de Liaigre les da la posibilidad de mostrar a sus clientes cómo una obra puede quedar en su salón”, comenta Schuhmacher.

La madera, materia favorita
En cuanto a su catálogo –que alcanza actualmente unas 600 referencias–, sigue manteniendo sus piezas icónicas que contribuyeron a su reputación: el taburete Nagato, el canapé Augustin, el sillón Saint Germain, entre otras, originalmente creadas para proyectos privados. “Todas las piezas del catálogo tienen mucha influencia. Debido a sus líneas simples, Liaigre ha sido muy, muy copiado”, dice Schuhmacher. Aun así, la venta de muebles, de luminarias y de accesorios representa 80 por ciento de la cifra de ingresos. Artistas artesanos del mundo entero que trabajan esmalte, laca, vidrio, bronce o cerámica colaboran con la casa y ofrecen a Liaigre objetos en exclusividad. “Hasta el perfume de interior de Olivia Giacobbetti que proponemos es exclusivo”, señala.

La madera, noble y maleable –particularmente el cedro y el roble– sigue siendo la materia favorita de Liaigre, pues puede teñirse, cepillarse, pulirse con arena, barnizarse y su maleabilidad deja un amplio lugar para la creatividad. Aun así, la relación de la marca con ella ha evolucionado.  “Hoy en día trabajamos con tres cazadores de árboles que recorren los bosques de Francia en búsqueda de árboles que han caído o están en fin de vida. Nunca talamos árboles que están en crecimiento, y cuando se trata de maderas exóticas somos extremadamente meticulosos en cuanto a la provinencia”, aclara Schuhmacher.

Por último, otra característica original de la casa es su departamento yachting, aun más discreto que el resto. Cada tanto salen de astilleros navales bellísimas casas flotantes donde no falta ninguno de los detalles a los que sus ricos propietarios están acostumbrados y que le han significado a Liaigre varios premios de los Showboats Design Award.