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El ancla de una trotamundos

La chilena Madeleine Stein ha vivido solo un poco más de dos años en Chile, desde que nació. Debido a que su papá era diplomático, estuvo en México, Zúrich, Portugal, Malasia, entre otros lugares del globo, para recién, a sus 56 años, anclarse como lo hace un árbol con su tierra en la región de Umbria, Italia. Allí levantó, junto a su familia y amigos, Gudiolo, una casa que nació entre ruinas de siglos pasados para convertirse hoy en el centro de reunión y amor con los que quiere.


Madeleine Stein es una mujer con agallas. Como un cometa que sale hacia el cielo, viajó y vivió en más de 11 países desde que nació, solo estando en Chile 1 año cuando tenía 8 y luego cuando cursaba segundo y tercero medio, alrededor de los 17 años. Dice que casi no es chilena, sin embargo, siente que los es de una manera profunda. Su modo de expresarse y de hablar denotan a una mujer fuerte, de mundo, abierta a lo próximo, al siguiente paso, a la aventura. Se cambió de casa un millón de veces, aprendió el idioma de cada país en tiempo récord, así como sus costumbres, su cultura, su literatura. “Mi papá, primera generación nacida en Chile, fue diplomático de carrera. Mientras representó a Chile en todo el mundo, nosotros nunca vivimos en nuestro país. Crecimos cambiándonos cada dos años, pero creo que ninguno de nosotros como niños jamás sentimos esa inestabilidad, porque mi mamá hacía un hogar en cualquier lugar donde llegábamos. Eso implicaba que nos íbamos cambiando con los libros y con las cosas a las que les teníamos cariño. Porque en el fondo, siempre hay un enorme deseo de pertenecer. Y siempre éramos locales. Había que aprender el idioma, había que ir al colegio público del barrio, leer la historia y la literatura de ese país”, recuerda Madeleine, con cariño.

Luego la vida se fue desarrollando, y llegó el punto en que ya no era tan niña, que ya no vivía con su madre, y que esa contención se la debía dar ella misma. Conoció a su ex marido (que no era diplomático, pero por su trabajo en una multinacional debían cambiarse de país todo el tiempo) y estuvieron juntos 20 años. En el intertanto, Madeleine intentó replicar lo que hacía su mamá con los cambios de casa, llevarse lo que en realidad le hacía sentido, para pertenecer.
Tuvieron a sus tres hijos, Nicola (33) que nació en México, Thomas (28) que nació en Lisboa y a Lucas (24), en Zúrich.

El descubrimiento de Gudiolo
Madeleine dice que todas las buenas ideas en su familia se le ocurren a su madre. Y fue a su madre a la que se le ocurrió, en un momento que estaban todos repartidos por el mundo, que debían tener una casa para reunirse, un lugar de encuentro. Fue ahí cuando saltó a la mesa la idea de que fuera en Italia. Y compraron, en la región de Umbria, a 2 horas en auto de Roma, el Gudiolo, una casa con aspecto de ruinas, que hoy es una casa con cara de amor. “Encontramos unas ruinas, piedras de más o menos del s. XVI y XVII pero la parte más antigua es del s.XV. Fuimos restaurando esta casa que se transformó en un enorme acto de amor. Nos acogió, nos permitió a mí y a mis hijos, y hoy en día con todos los amigos de mis hijos también, inventar raíces. Es decir, ‘ok, no las tenemos pero aquí vamos a empezar a plantarlas’. Eso se lo debemos a Gudiolo, al pueblito de al lado llamado Sant Giovanni del Pantano, con no más de 90 habitantes. La casa estaba en ruinas totalmente, hacía más de 200 años que no era habitada. No tenía electricidad, ni agua ni nada. Las reglas en Italia para restaurar las casas son muy rigurosas, no puedes cambiar siquiera el tamaño de una ventana; y es así como protegen su patrimonio cultural”.

Desde el 2019 Madeleine se fue a vivir a Gudiolo, pero entre mayo y septiembre arrienda la casa por semana a huéspedes, viajeros del mundo. Estos, además de pasar un rato maravilloso en los mejores paisajes de Europa y alojados en esta casa espectacular, pueden optar por disfrutar de la comida local en manos de un chef, disfrutar del antiguo vino de Umbría, pasear por las ciudades cercanas de la región que albergan tesoros artísticos de Piero della Francesca, Raphael, Luca Signorelli, Perugino y otros maestros del Renacimiento; abastecerse con la huerta de la casa, empaparse de los campos de olivos y las lavandas.

“Cuando has tenido una vida tan itinerante, lo que te hace pertenecer es el grupo de amigos que tienes. A veces me comparo con mis primas que se quedaron en Chile, nunca tuve la experiencia de crecer con ellas, entonces eso hace que los amigos que tú eliges son tu familia, y yo tengo la suerte de que no necesito hacer el almuerzo de los abuelos todos los domingos; nuestros amigos son transversales en las generaciones”, termina Madeleine. www.gudiolo.com

Ideas que inspiran. Un centro de reunión y amor rodeado de un bosque de olivos y lavandas.