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Hace tiempo ya que se discute sobre el uso y densidad del territorio en Santiago, desde la polémica saturación de Til-Til, pasando por el impacto y degradación del entorno que causan megaproyectos como Costanera Center, a la reciente negativa de Providencia a que se instale en una zona ya saturada la futura estación del teleférico que debería unir esa comuna con Ciudad Empresarial. Estos son solo algunos ejemplos de los cientos de casos que están dando vueltas. Cartas van y vienen, mucha opinión en programas de televisión con ‘deberíamos’, ‘habría que’ y finalmente nada se hace al respecto, en parte por la visión parcializada al momento de buscar una solución –ya que cada entidad técnica vela solo por su área–, pero sobre todo por el terror al peso político que podría tener un alcalde mayor, pues a nadie le gusta la competencia… Lamentable, ya que una ciudad de más de siete millones de personas se merece un mejor futuro. Malas implementaciones, o lo que es peor, abandono y dejar ‘que el mercado lo regule’ lo sufrirán por décadas las generaciones futuras. Pero frente a la inercia macro hay ejemplos micro que vale la pena rescatar, autogestionados algunos y otros generados desde entidades gubernamentales. Buenas maneras de usar y disfrutar la ciudad colonizando espacios subutilizados, que no solo transforman visualmente áreas de la ciudad mejorando la percepción que se tiene de ellas, sino que, lo más importante, generan comunidad y pertenencia. Vecinos que se conocen, se saludan, y que como una mancha de aceite se va expandiendo lentamente tiñendo de positivo la ciudad.