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Hace menos de un mes murió Germán Bannen, arquitecto, urbanista, profesor, premio Nacional de Urbanismo. Dejó una huella profunda en quienes lo conocieron, trabajaron con él o fueron sus alumnos, hoy nos interesa rescatar su legado sobre la ciudad. Preocupado siempre de la escala, entendía que la ciudad se hace para sus habitantes y que ellos debían ser siempre el eje en torno al cual se desarrolla la obra, no al revés. “La ciudad no son sus calles ni edificios, son sus habitantes. Yo tengo que crear lugares para sus habitantes”, le diría al periodista Rodrigo Guendelman en una de sus últimas entrevistas.

Providencia es su testimonio y gracias a él esa comuna aún se mantiene como una de las más armónicas. Bannen es parte de una generación que velaba por el bien común, donde lo colectivo estaba sobre lo particular. A través de la Cormu-Providencia, junto a Jaime Márquez retrazaron la línea del metro en esa comuna, generando la hasta ese momento inexistente Nueva Providencia, con un impacto urbanístico positivo hasta nuestros días.

Creo que hoy su visión está más presente que nunca, cuando la ciudad segregada crea realidades paralelas que no se quieren reconocer o, peor aun, solucionar; cuando el habitante ha sido desplazado a un segundo o tercer lugar, la visión de Bannen no debería ser descartada.
Por los testimonios entiendo que fue un gran profesor, aprendamos entonces de su legado.