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Más Deco


El fin de semana fui a ver una película italiana, Perfectos Desconocidos, la trama central: cuánto de nosotros conocen nuestros amigos, parejas, familia. El catalizador: el celular. Cada uno de los personajes tiene historias, secretos, dudas, que no comparten con todos, pero sí con el celular, ‘la caja negra’, como le dicen ellos, se ha transformado en uno de los elementos más permanentes en nuestro día a día, ahí están nuestros contactos, nuestros recuerdos, lo que hablamos con personas que no pertenecen al cotidiano, incluso en un mundo de constantes cambios y ajustes, el número de teléfono se ha convertido en una de las pocas cosas permanentes. De este aparato cada día se generan más interacciones, con la música, los mundos virtuales, y dado que la gran mayoría son smartphones, la Internet de las cosas está literalmente en la palma de nuestras manos, a medida que la tecnología avanza, más son las cosas que se comunicaran entre sí, desde subir y bajar la luz, y modificar la temperatura de color, a saber qué hay dentro del refrigerador.
Entiendo y acepto que todo va por ese camino, pero, ¿son realmente todos estos avances un aporte? creo que algunos lo son, otros, como la programación anual del descontinuado VHS. ¿Alguien alguna vez la usó o entendió como programarla? o el microondas lleno de funciones, son sobrecalificaciones que sirven de marketing pero solo un porcentaje bajísimo de usuarios las usará diariamente.
¿Dónde trazar la línea? ¿Qué es necesario? ¿Qué es placer? y ¿Qué es sólo ruido que no me aporta? Personalmente trato de mantenerme al día, más por no quedar obsoleto que interés real, uso aplicaciones y redes, pero no estoy conectado todo el día, todos los días. Soy de los que consideran de mala educación estar con alguien y que la conversación tenga que compartirla con una pantalla y sé que la cantidad de conocidos en Facebook, no son mis amigos.