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Es un material hecho con pasta de fibras vegetales molidas y blanqueadas que se disponen en finas láminas, su existencia data del año 200 a.C. aproximadamente. El papel es aún uno de los principales soportes de información, además de constituir la memoria histórica y cultural de las civilizaciones. Pero la industria del papel tiene un gran efecto en el medioambiente, tanto con las actividades previas (donde se toman y procesan las materias primas), como en las posteriores. Por ello el reciclaje del papel reduce este impacto.
Su durabilidad solo llega hasta un tiempo determinado. Un papel actual puede ser durable pero no permanente, debido a la presencia de ácidos que degradan lentamente las cadenas celulósicas. Puede reciclarse, pero el porcentaje de reutilización dependerá de su calidad. Para lograrlo se desmenuza en tiras delgadas que luego se trituran en agua hasta formar una pulpa. Esta se filtra y se suelen usar sustancias químicas (generalmente contaminantes) para el desprendimiento de la tinta, quedando una masa blanca que se alisa cuidando que no se rompa, posteriormente esta lámina se deja secar.
El papel puede ser triturado y reciclado varias veces. Sin embargo, en cada ciclo, entre un 15 y 20% de las fibras se vuelven demasiado pequeñas para ser usadas, por lo que se debe añadir un elevado porcentaje de nuevas fibras, o será un producto de menor calidad como, por ejemplo, cajas de cartón. Casi cualquier tipo de papel se puede reciclar, aunque algunos resultan más difíciles de tratar que otros, entre ellos los papeles cubiertos con plástico o aluminio; los encerados, pegados o engomados normalmente no se reciclan por el elevado costo del proceso (no se entiende por qué los siguen produciendo entonces). Los papeles de regalo tampoco pueden reciclarse debido a su ya de por sí pobre calidad.
Las ventajas de su reciclado: se salvan árboles, se minimiza la necesidad de plantar grandes áreas de coníferas (los más ricos en celulosa), se reduce el consumo de agua y energía. Se generaría menos de una cuarta parte de la contaminación, incluso teniendo en cuenta las sustancias químicas utilizadas para quitar la tinta del papel.
Ahora bien, y como siempre, la mejor opción es bajar su consumo, esto es: comprar productos que estén mínimamente envueltos, imprimir solamente lo necesario (a doble cara, sin colores), aprovechar al máximo la tecnología digital (enviando todo por correo y guardar fotos, libros, planos, documentos en algún medio electrónico… tablets en vez de cuadernos) y comprar solo lo que corresponde (no pedir la bonita gran bolsa de papel o caja de cartón).

Econciencia, Reciclar, papel, Javier del Río, Sustentabilidad