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Este es otro país que conforma la Península Ibérica, y al igual que España es ocupado por personas muy gratas y sencillas, quizás algo más introvertidas. Aproximadamente 10.600.000 habitantes, en un territorio unas 8 veces más reducido que Chile, con un PIB de US$ 29.500 y con algo más de 3500 años de diversas civilizaciones.
La entrada en auto fue sin ninguna notoriedad; nadie nos atajó, solo nos dimos cuenta de que entramos pues los avisos carreteros estaban en portugués. Su idioma no es como el de los brasileños, cuesta más entenderlo, pero también el portuñol funcionó. Su capital, Lisboa, es realmente un imperdible, llena de calles, edificios, plazas y rincones para mirar; se parece en cierta medida a nuestro Valparaíso, pero mucho mejor conservada; han sabido mantenerla activa y atractiva. Estuvimos en un apartamento muy bien remodelado y ambientado en el barrio de Alfama (una especie de barrio Bellavista). Prácticamente todo lo imperdible es caminable desde ahí, por ello la elección; la cosa era despegarse del auto. A propósito de delincuencia, nos advirtieron de los robos (sin saber que ya éramos expertos en ello), pero al recorrerla nunca tuvimos inconvenientes, al parecer tienen otro sentido o escala del peligro urbano.
También se visitó la zona donde se realizó la Expo-Lisboa ’98, que al igual que la Expo-Sevilla ’92 (también visitada) la arquitectura estaba mayoritariamente enfocada a la sustentabilidad, al ahorro de energía y al bioclimatismo. En ambas se hablaba del escenario que vendría, pero al ver sus edificaciones hoy en 2018 se aprecia un enfoque errado. Sus edificios fueron exageradamente complejos, en mi opinión con estrategias sustentables poco eficientes y recargadas: caras pieles ventiladas, cascadas de agua, con formas de árboles, vegetación en los techos… Afortunadamente hoy la visión es más ‘recatada’, de mayor sentido común: el futuro imaginado en esos años no ocurrió.
De las varias localidades visitadas, Sintra y alrededores es muy recomendable de visitar. Ahí se encuentra el Palacio da Pena, muy colorido y destacable, edificación del XIX, con una curiosa mezcla de estilos (ecléctico). En sus orígenes fue un monasterio, luego residencia de verano de la monarquía portuguesa y desde 1910 un monumento abierto al público (pagando). Después se visitó Cabo da Roca, el lugar más al oeste de toda Europa continental, con una espectacular geografía y vista al Atlántico. La jornada se terminó comiendo ‘natas’ en un restaurante mirando la puesta de sol con la Torre de Belén (contruida en 1520) y el río Tajo (el mismo que pasa por Madrid) como escenarios de cambio de colores, todo un espectáculo sustentable.

Econcienca, Portugal, Península ibérica, Lisboa