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No solo la arquitectura en sí permite lograr ahorros energéticos importantes, es una buena base obviamente, pero actualmente también los avances tecnológicos permiten alcanzar grandes ahorros energéticos y con reducciones de contaminantes.
Esto puede observarse en los nuevos sistemas de climatización (calderas y calefón de condensación y bombas de calor), en las energías alternativas (los fotovoltaicos, los colectores eólicos, la geotermia, entre varios otros sistemas), los recuperadores de calor, ascensores que generan energía, la domótica, sistemas para recuperar aguas, iluminación artificial mediante led, los nuevos materiales térmicamente eficientes desarrollados de baja mantención y muy duraderos. Eso sí, quedan tareas pendientes, entre ellas los altos costos relativos a mantenciones y el fin de su vida útil (su reciclaje básicamente). La sustentabilidad del siglo XXI tiene otro paradigma, no es la ancestral, aquella de construcciones como iglúes, casas enterradas, de piedra… las cuales en principio están basadas en una defensa contra el clima y en base a materiales locales.
En muchos países se opta por las tecnologías energéticamente eficientes, que aunque siendo costosas se adquieren principalmente por no ser contaminantes; hay, en general, un aprecio y respeto por la sustentabilidad del planeta y las personas. Hay también, y para bien, un deseo de diferenciarse del resto con estos productos; p. ej., los que compran autos eléctricos. En otros, incluyendo nuestro país, el criterio es más bien el de la rentabilidad: cuánto me cuesta, cuánto me ahorro en energía y cuál es el menor plazo posible, sin importar si es o no un reductor de contaminantes.
El gran tema pendiente es cómo acercar los avances tecnológicos eficientes a la mayoría de los habitantes de este planeta, pues este paradigma aún es para pocos.

Ilustración @kmilkoffice