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Estos son los ‘residuos de la construcción’, que en los años 90 en Chile correspondían a 0.3 m³ por cada m² construido. Esta cifra hoy es menor debido a varias razones, entre ellas: menor uso de moldajes de madera, menos uso de yeso (hay menos imperfecciones que corregir), sistemas modulares de construcción, mejor aprovechamiento de los materiales y mejor programación de obras. Todo ayuda a mejorar el medioambiente, pero ninguna de estas cifras es de por sí ‘verde’ por así decirlo, más bien obedecen a bajar costos, lo cual no está mal y coincide con lo ecológico.
Aun así los vertederos ilegales han aumentado, debido a las muchas obras que existen y más aun por la gran cantidad de ampliaciones que se hacen principalmente a viviendas.
Al poco tiempo de ser entregada, una casa nueva va a ser ampliada o completada: ya sea una pieza, taller, otro dormitorio, una mansarda, una terraza, un cobertizo para el auto, quinchos, piscinas… Estas ampliaciones en general son realizadas con presupuestos bajos y casi de modo artesanal debido al gran conocimiento constructivo e improvisación de los chilenos, sin profesionales ni permisos de ningún tipo, en donde el ítem ‘retiro de escombros’ es nocturno y casi gratis, mediante pequeños furgones dirigidos a alguna calle oscura.
Estos jamás llegan a un vertedero autorizado, pues están lejos y se debe pagar. Es así como de repente aparecen montículos de escombros; esto se aprecia muy bien desde el aire (cercanos a los aeropuertos, pues no hay nadie). Estos se combinan con productos tóxicos e inflamables, lo que constituye un gran problema si se botan en lugares con vegetación (bosques, cajones, laderas), aumentando la carga combustible además obstaculizando el paso a vehículos o brigadas contraincendios.
En los lugares de menos recursos es donde más ampliaciones se realizan; habría que contar con centros de acopio transitorios y sin costo, para que las pequeñas camionetas o carretoneros dejen aquí los escombros y luego la municipalidad respectiva los llevase a un destino oficial; así se ahorrarían gastos de limpieza, incendios y problemas sanitarios. Incluso estos podrían contar con personal de selección y reutilización de materiales, para así reciclarlos y darles futuros usos a estos escombros.