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Teatro de las Artes, Panguipulli, AOA, arquitectura, Tomás Villalón, Nicolás Norero, Leonardo Quinteros

Decisión compacta

Emulando las casas del Sur –compactas– y utilizando maderas locales, tres arquitectos jóvenes de la U. de Chile ganaron el concurso Teatro de las Artes de Panguipulli, convocado por la AOA. En la obra, poderosa y aplaudida, se refleja el modo de vivir de la zona, mientras que su función primordial es alojar un espacio para el desarrollo de las artes locales.


Full Diseño N°19, 25 de agosto 2017

Hace menos de un mes la Asociación de las Oficinas de Arquitectos (AOA) convocó a distintos estudios de arquitectos chilenos para participar en el concurso llamado “Teatro de las Artes de Panguipulli” para, y como lo dice su nombre, construir un teatro al servicio de la comunidad en esta localidad.
El contexto es bonito. La construcción está enfocada en entregar servicios a una corporación de la zona, Los Amigos de Panguipulli, dedicada exclusivamente a impartir clases de danza, canto y teatro a aproximadamente mil niños del lugar. Estos distintos trabajos artísticos se hacen a diario, sin embargo no existía un lugar acorde –en cuanto a infraestructura y relevancia de la materia– para llevarlos a cabo. Aquí es donde entra la labor de tres jóvenes interesantes, arquitectos de la Universidad de Chile, quienes ganaron el concurso con un proyecto inmenso en su generosidad expresiva y que se acopla a las necesidades de la comunidad. Si bien había ciertos criterios base para hacer la construcción, como el uso de materiales locales y un determinado presupuesto, acotado, por cierto, Tomás Villalón (38), Nicolás Norero (39) y Leonardo Quinteros (25) levantarán, con fecha aproximada mediados de 2018, el esperado Teatro de Panguipulli. “Lo interesante del proyecto es que su financiación es un mix público-privado, ellos ponen un 50% de la plata de construcción –Los Amigos de Panguipulli-, y postularon además a fondos regionales para obtener el otro 50%. Hay que recalcar que actualmente tienen una casona cultural que si bien funciona, adolece de ser un lugar más grande que sirva para su difusión y como un lugar más festivo. Y también el teatro nos ayuda a potenciar un intercambio cultural, traer invitados…”, señalan los arquitectos.

Veamos qué
El trío de arquitectos se preocupó de interiorizar en la construcción el contexto cultural que tiene que ver con la identidad del lugar, que tiene que ver con un contexto cultural en términos constructivos. “Hay primero una condición de la ciudad, un asentamiento pequeño que no tiene grandes edificios, y hoy en día la iglesia es el punto de encuentro y el hito arquitectónico importante. De esta forma, el teatro se transforma en un referente para el asentamiento, para el pueblo”, relatan.
Era importante estar inmersos en la cultura del lugar: hacer una obra en madera ocupando los materiales locales; la lógica constructiva no tiene tecnologías complejas sino que son tecnologías que se dominan en el lugar.
Por otra parte, el teatro tiene una forma compacta, clave poética y pragmática. “En el Sur las viviendas tratan de ser lo más económicas posible por términos climáticos y constructivos, por eso son edificios bastante compactos, a diferencia del Norte, que son edificios más extendidos con espacios intermedios. El edificio, entonces, se suma a esta tradición de construir de forma compacta”, detallan los arquitectos.
De este modo, el teatro se configura como un proyecto compacto muy a la escala del lugar donde se emplaza, y a la vez es una plataforma expandible. En los dos frentes de la construcción, adelante en el lago y atrás en la costanera, se desarrollaron plazas exteriores para generar distintas instancias dentro de la misma plataforma. “Es un predio de 3 mil m² y el teatro se ubicará en una punta de este. La posición del edificio fue bien inteligente. Deja una plaza hacia la ciudad y otra hacia el lago. El edificio tiene una antesala urbana que puede servir para las actividades de la alcaldía o del mismo teatro que se puedan exteriorizar. De esta forma se pueden hacer actividades al aire libre”.

Materialidad
El exterior es todo de madera laminada y el interior, donde se confina la caja, es un mix entre madera y hormigón. Toda la parte interior de la sala funciona a través de dobles muros; los muros de hormigón son la estructura del edificio.
Una piel de madera envuelve la obra, una suerte de tejido, con entramados de celosías de madera al interior del volumen. Se ve como una lámpara en la noche.
Al interior, todas las divisiones son móviles, y todo se hizo bajo costos muy sencillos.
Yves Besançon Prats, arquitecto y director del concurso, nos cuenta por qué este proyecto fue el ganador: “El jurado consideró que la propuesta se reconocía como una síntesis muy expresiva en la pureza de su diseño, lo que originaba una imagen muy pregnante y que probablemente colocaría a Panguipulli en las páginas de las revistas de arquitectura internacionales. El planteamiento arquitectónico de un volumen de madera monolítico que contrasta con el paisaje del lago será un ícono para la región, lo que permitirá reconocer el compacto pero armónico edificio como un elemento singular y único en el terreno del borde costero”.