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Por Macarena Sánchez F. desde Milán Fotos Cortesía Spazio Pontaccio, Nilufar, Macarena Sánchez

La escena es la siguiente. Un día de abril cualquiera, durante la Semana del Diseño, miles de personas en peregrinación recorren con paciencia y fervor cada una de las paradas obligadas de este periplo milanés: Salón del Mueble, para ver qué hace la industria; Lambrate, para ver qué hacen los jóvenes y las universidades; los barrios, Brera, 5 Vie, Tortona, Isola, etc., y sus galerías para ver qué bonita nueva idea iluminará los días en el planeta ‘design’.
No es muy distinto a los viajes a los lugares santos ¿Santiago de Compostela? ¿Jerusalén?… ¿Milán? Es siempre en fechas determinadas, hay distintas estaciones, llegan miles de personas de todo el mundo contentísimas para ver algo parecido a las reliquias del santo –las piezas del último diseñador promesa/debutante, o de los consagrados–, que en conjunto son un panteón en toda regla por el nivel de enajenación que suscitan en la gente. Hay efervescencia colectiva y por rosarios, los fieles de la estética llevan religiosamente su cámara o celular para no perder ninguna de estas divinas imágenes.
Entre tanto objeto-lanzamiento-fiesta-anteprima-showroom-cóctel-entrevista –son más de mil eventos en 6 días–, ¿cómo hacer para no perderse por el mal camino de falsos predicadores? Fácil, se va a los sitios oficiales de esta bonita religión: a las galerías de diseño, donde los ojos expertos han seleccionado para la congregación lo más interesante, saltándose el blablá de las marcas y sus showrooms.
“Las galerías son una nueva forma de posicionar el diseño. Hasta hace algunos años el gran objetivo era contactarse con la empresa –que sigue siéndolo–, pero se abre un nuevo nicho para pequeñas producciones y series que mezclan lo artesanal con una fuerte idea de diseño y un gran contenido artístico. Mucho de lo que están exponiendo es una faceta experimental. En esto tienen otro valor y aquí se abre la idea de la galería de diseño”, explica Bárbara Pino, profesora de Management for Luxury, del Politécnico de Milán, de Diseño y Anticipación de la UDP y encargada de internacionalización de la Escuela de Diseño de la universidad chilena. En concreto, para ojos profanos, ¿cuál sería la diferencia entre una galería y una tienda de diseño? Las tiendas de diseño son plataformas para que las empresas vendan sus productos, y las galerías, para los ‘objetos /obras’, dice Pino, que por trabajo desde 2005 va cada año a la Design Week de Milán. “En un mundo donde el talento es el ‘desde’ (todos lo tienen), para poder llegar a estar mejor posicionado hacen falta los contactos. Generalmente hay un equipo detrás, con roles superdefinidos”, explica Pino. Nosotros (Chile) vamos directamente a la fuente. Talento hay, pero lo que falta son las personas que se dediquen a fomentar las redes, no viene considerado ese trabajo”.
Rossana Orlandi, Spazio Pontaccio, Dilmos, Nilufar, Luisa delle PIane y Carla Sozzani son algunas de las galerías que llevan años nutriendo el planeta diseño y la ciudad, dando a conocer nombres nuevos, piezas impactantes o simplemente poniendo a disposición de los amantes del objeto los clásicos de siempre. A continuación tres de ellas.

NILUFAR: HISTORIA Y CONTEMPORANEIDAD.Este año hay una gran selección de piezas históricas muy importantes de diseño italiano, finlandés, Ilmari Tapiovaara, Alvar Aalto, la chaise longue de Niemeyer. Prácticamente digamos que he construido una suerte de ‘dogville’, una arquitectura sin muros dentro de la cual he interpretado el espacio principalmene vintage con esta mesa contemporánea de Martino Gamper y candelabros de Laura Bethan Wood”, dice Nina, y mientras conversamos la diseñadora colorida posa naturalmente para unas fotografías en la galería.

¿Cómo conviven todas estas piezas tan diversas en estilo, en épocas, pero que funcionan muy bien, qué las une? Es un gran estudio de combinaciones y desplazamientos antes de definir. Por ejemplo, piezas de Bethan las he puesto al lado de dos poltronas muy importantes de Alvar Aalto, que por encanto están realmente bien. Luego habiendo iniciado mi carrera con los tapetes, muy a menudo encuentras algunos antiguos que puestos en el lugar son muy importantes y muy raros. Es el punto de vista, la sinergia que yo mezclo. A menudo en mi galería no hay objetos sin la presencia de una alfombra, por lo que la alfombra es el elemento de unión.

¿Cómo comenzó? La galería en Via della Spiga existe desde hace más de 25 años, antes tenía una en Via Bigli solo con alfombras antiguas. Alrededor de hace 18 años comencé a introducirme en el diseño histórico, principalmente escandinavo los primeros años y luego italiano, americano, finlandés; diseño histórico italiano con una investigación muy seleccionada de piezas contemporáneas de jóvenes diseñadores.

Nina, de origen iraní, llegó con su familia a Milán en 1963 y estudió historia del arte en Venecia. Su amor por las alfombras, punto de partida para su introducción en el diseño, le viene del padre, que se dedicaba a estos artículos. Comenzó exponiéndolas acompañadas con pinturas antiguas, donde ya le brota el gusto de galerista, y luego comprando tapetes escandinavos y piezas de diseño primero histórico, luego contemporáneo. Abre su primera galería en 1979, y en 2015 esta segunda, Nilufar Depot, una exfábrica en Via Lancetti.

ROSSANA ORLANDI: VANGUARDIA. Cuando uno piensa en galerías de diseño en Milán, este es el primer nombre que viene a la cabeza, porque es un referente, porque nadie quiere perderse lo que ahí está sucediendo, porque darse una vuelta por su galería es obligatorio si se quiere saber qué vendrá. Como dice Bárbara Pino, “es la galería por excelencia”.
Abierta en 2002 en una exfábrica de corbatas, se ubica en Via Brandello, cerca del Museo de la Ciencia Leonardo da Vinci. Galería de diseño, restaurante y tienda, su peso radica en gran parte en el buen juicio predictivo de Orlandi. “Fue editora, viene de la moda, esa es su fuerza, y en un momento gira al mundo del diseño. Es una persona de gran cultura y empieza a armar esta idea de galería; es una de las primeras –me atrevería a decir– en montar una idea diversa de diseño. Con ella es la figura del curador de la galería la que pasa a ser interesante. Funciona igual que una galería de arte: pone en contacto al diseñador con todo el mundo.

¿Por qué todos quieren estar donde Rossana Orlandi? Porque por ahí pasa todo el mundo. No hay ninguno que no vaya donde ella. Es una locura, 10 mil personas al día durante el Salón. Es la señora del diseño, tiene un gusto, un ojo increíble y ha sido muy buena para potenciar talentos emergentes. Descubrir a ciertas personas, gestionarles el portafolio, Nika Zupank, Nacho Carbonell, por ejemplo. Aparte es una gran relacionadora pública por las redes que tiene. Nacho Carbonell le vende a Brad Pitt, por ejemplo, a través de sus contactos. El valor de la recomendación afuera vale mucho”, explica Pino. rossanaorlandi.com

 

SPAZIO PONTACCIO: EDITORES DE BELLEZA. “De galería, de curadores, nos hemos transformado en editores, autorreferenciales. Nosotros desde hace dos años hasta ahora comenzamos a hacer una colección nuestra, como editores, Editions Milano, que es la marca protagonista aquí, es nuestra primera colección completa a nuestro nombre. Hoy no estamos en la versión galería, hasta el año pasado sí”, dice Leonora, que entre cliente y cliente se hace un espacio para recibirnos y mostrarnos las piezas de este espacio ubicado en Brera, uno de los imperdibles de la Semana del Diseño, que abrió sus puertas como galería en 2002 y por el que han pasado nombres como Marcel Wanders, Arik Levy, Philippe Starck, Oki Sato, entre otros.

¿Cómo escogen los piezas, qué es lo que buscan? Para nosotros son fundamentales tres cosas: el ‘made in Italy’ verdadero, una producción hecha completamente en Italia con materiales italianos. Tenemos la fortuna de vivir en un país que tiene tantas materias primas, ¿por qué debemos ir a tomarlas de otra parte? Esto puede querer decir que en algunos casos los precios no son competitivos porque la artesanía cuesta. Lo segundo importante es utilizar técnicas artesanales, o que han sido un poco olvidadas, o que normalmente son utilizadas para otras cosas y nosotros las interpretamos en el diseño. Por ejemplo, Credenza de Patricia Urquiola y Federico Pepe. Y tercero, una gran atención a la estética. Estudiamos tanto, miramos tanto todo lo que hay en giro, nos gusta tener tanto grandes maestros como jóvenes desconocidos muy talentosos. Tratamos de que cada producto que presentamos tenga una función, no son objetos solamente decorativos; que la estética de cada pequeño objeto sea capaz de volver un poco más bella la vida de cada día.

¿Cómo funciona, ustedes compran las piezas? Nosotros producimos las piezas, las mandamos a hacer. Teniendo esta galería por 15 años, hemos conocido a tanta gente y con muchos hemos dicho ‘un día diseñarás algo para nosotros’, pero no iniciamos hasta que no nos viene la idea de qué cosa es justa para ese diseñador. Les damos siempre un input, pero de ahí en adelante los diseñadores son libres para expresarse como quieren.

¿Son números limitados? Excepto la colección Credenza, que es edición limitada, todo lo demás son ilimitadas, nos divertimos mucho en hacer ediciones especiales también, no sé, las ‘latas’ de mármol con colores distintos. La Rinascente, por ejemplo, nos las pidió de un color especial que recordase Milán, hicimos una versión especial para ellos, y como son chicas, nos resulta fácil hacer proyectos personalizados. Las personas quieren lo más posible el ‘custom’, no quieren lo que tienen todos –estamos hablando de un rango alto–, incluso si solo si se trata de la dos iniciales grabadas, están dispuestos a gastar más por eso. Nos divertimos tanto. Unos clientes árabes se enamoraron mucho del juego de té, pero lo querían con otro mármol… ¡Se lo hacemos!

¿Quiénes son tus clientes? Demasiado pocos italianos. Principalmente americanos, ingleses, franceses, suizos, alemanes, árabes, rusos y de Sudamérica muchos clientes brasileños. Nos dirigimos a los privados, pero también vendemos a tiendas de departamentos, Silvera en París o Matter en Nueva York.

¿Cómo nace Spazio Pontaccio, el recorrido que han hecho? Se fundó hace 15 años por Alberto Pellini y su papá, que trabajaban de siempre en el ámbito de la decoración. El objetivo era crear un contenedor que tuviese una selección diversa de propuestas de todo lo que hay normalmente dando vueltas. Las galerías multimarcas de Milán tienen las mismas cosas y marcas, y sentíamos las ganas de hacer una propuesta distinta. Todo lo que hemos presentado aquí eran proyectos, productos en exclusiva o en preestreno, o sea que si querías tener una cierta lámpara, la podías encontrar solo aquí. Eso quería decir no parar nunca de investigar para encontrar cosas nuevas –el trabajo de Alberto–. Con los años conquistamos una clientela tanto milanesa como extranjera. Y ahora iniciamos esta aventura de productores, pero continuamos el camino de la galería que selecciona diseño, no arte. No necesariamente piezas únicas, pero sí creaciones por algún motivo especiales. spaziopontaccio.com