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De primera mano

Dormí, comí, paseé y disfruté la mayoría de estos lugares. Llegué a varias conclusiones: mi pega es genial; un hotel puede ser mucho más que un lugar para dormir cuando estás de viaje; incluso no es necesario estar viajando para ir a uno. Cada uno de estos alojamientos, con puntos fuertes distintos, entrega experiencias particulares donde se conjugan con importancia igual la infraestructura, el servicio y el entorno.


Le Blanc Spa Resort Los Cabos. Desde el día en que llegué al Le Blanc Spa Resort Los Cabos y un mayordomo me mostró mi habitación y sus amenidades, me ofreció desempacar por mí y prepararme un baño, me empecé a preguntar: ¿Cómo se vuelve a la vida normal después de esta experiencia?
En la última noche en este hotel, recién abierto en febrero pasado, estoy seguro de que va a ser duro volver a una rutina sin menú de aromaterapia ni de almohadas, donde las copas no se llenan solas y la gente alrededor no sonríe tanto ni trabaja para hacer tus días más agradables. Hoy más temprano, en Le Blanc Ocean, uno de los ocho excelentes restaurantes de este hotel, con vista al mar y a la piscina Infinite, Víctor Vargas, director de Ventas, me contó que uno de los eslóganes que los colaboradores manejan internamente es “en Le Blanc Spa Resort Los Cabos todo es posible y siempre hay un alternativa”. Por ejemplo en lo culinario, eso significa que cualquier alergia o intolerancia previamente informada por un huésped es tomada en cuenta por el chef, y que las preferencias, incluso cuando son francamente caprichos, se trata de satisfacerlas.
Dicen que para algunos es difícil adaptarse a la modalidad de servicio de hoteles como Le Blanc Spa Resort Los Cabos, cuyo hermano mayor, Le Blanc Spa Resort Cancún, ha sido catalogado como el número 1 en el segmento de lujo por años en ese destino. En uno de los restaurantes se me dijo que era parte del entrenamiento que reciben lograr cierto nivel de intuición, leer el lenguaje corporal y entender sobre distintas idiosincrasias. Hay un esmero por complacer sin incomodar y no sé por qué, pero tengo la impresión de que la cortesía con acento mexicano suena más auténtica.
También es muy aplaudible el nivel de los ocho restaurantes y los seis bares para 373 habitaciones. Francés, italiano, asiático y libanés, entre otros, cuidan muy bien su estética y la identidad de sus sabores. Esa es una de las razones por las que aquí se puede hablar de lujo con propiedad, el primero de los tres elementos del combo que ofrece Le Blanc. “Siempre el cliente tiene que buscar un hotel de acuerdo a su perfil. Si bien hay hoteles muy buenos, que llevan mucho tiempo aquí en el destino, actualmente nosotros somos el único que ofrece estos tres atributos: lujo, todo incluido, solo para adultos”, explica Víctor.
Desde hace unos 40 años las celebridades adoptaron Los Cabos como uno de sus destinos. Acá se ha visto vacacionando a Madonna, Rihanna, Adam Levine y, por supuesto, a Luis Miguel. Hace no tantos años, cuando aún no existían los caminos que hay hoy, la única manera de llegar a los pocos hoteles que había era en helicóptero. “La apertura de un turismo distinto, a otros niveles de poder adquisitivo, es lo que estamos viendo ahora y eso tiene directa relación con el aumento y mejoría en la conectividad, con alternativas desde Ciudad de México o desde EE.UU. Eso ha significado que el destino se dé a conocer y más turistas puedan llegar”, opina Víctor. leblancsparesorts.com

Imperdible: Las piscinas, la que limita con la playa; safaris en camellos o el sailing sunset por el Mar de Cortés. 

Hotel Ladera. El Trip Versalles es un premio que se entrega anualmente a la arquitectura destacada en distintos rubros a nivel internacional. Junto a tiendas de Gucci y Vuitton, pero en el ámbito hotelero, el Ladera recibió ese honor por su fachada el año pasad, obra de Rodrigo Larraín e hijos. Según Sergio Lindermeyer, su gerente, “uno de los objetivos fue crear una diferencia con la oferta tradicional, ofrecer todas las comodidades de un hotel de nuestro nivel, pero en un sector bien conectado, cercano al área comercial y a la naturaleza. Estamos a pasos del cerro San Cristóbal, del Parque de las Esculturas, también de Providencia. Se conjugan muy bien la tranquilidad de un entorno residencial con la cercanía con el sector comercial. Eso es muy valorado por los turistas extranjeros, ya que no limita la experiencia al edificio sino que la expande al entorno”.
Uno puede llegar caminando desde el metro Pedro de Valdivia y el paseo hasta Los Conquistadores siempre es muy agradable. Alrededor de las siete de la tarde suele haber un músico en vivo para amenizar el happy hour en el lounge. En el restaurante, también abierto a todo público, la carta es internacional y las opciones de vinos son amplias a la hora de la cena. El desayuno es buffet con omelettes deliciosos.
El Hotel Ladera tiene apenas un año y medio y se nota en el buen sentido. Todo reluce de nuevo y funciona perfecto en sus 36 habitaciones y espacios comunes. “Tenemos un spa, jacuzzi, sauna de vapor, hidromasaje. En el piso seis están la piscina y una azotea que ofrece una vista increíble de los cerros, los parques, la cordillera y todo el barrio. En las tardes se monta ahí el happy hour desde septiembre hasta marzo”, explica Sergio. ladera.cl

Imperdible: La variedad de masajes que ofrece el spa.

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Winebox. “Dormir en un container (checked)”. No me di cuenta en el momento que esa experiencia estaba en mi lista de cosas por hacer, porque trabajando en esto había escrito sobre muchos proyectos interesantes que usaban containers, pero supongo que en el fondo, como muchos pasajeros del WineBox confiesan, temía pasar frío o tener sensación de claustrofobia. Nada de eso. 2,8 m es una altura generosa y la habitación más pequeña del hotel tiene 30 m². Las suites tienen entre 90 y 105 m². Todas están muy bien aisladas con celulosa proyectada (papel de diario reciclado).
No se puede entender el origen de este proyecto sin entrar en la biografía de su dueño, el enólogo neozelandés Grant Phelps. Él nació en Christchurch, una ciudad que se hizo fugazmente conocida en 2011 por derrumbarse en un 70% a causa de un terremoto. Las autoridades hablaron de 25 años de reconstrucción, pero algo debían hacer para levantarla mientras tanto. La solución fueron estructuras temporales de containers y quedaron tan bien hechas que fascinaron a Grant.
Su español chileno y sus garabatos son tan naturales porque llegó a Chile hace ya 18 años, contratado por una empresa inglesa para elaborar vinos baratos que se venderían en los supermercados de ese país. Él tenía experiencia en eso pero nunca le habían pedido hacer vino de 3,99 libras con un Cinsault de 120 años. “No podía creer que un patrimonio así se fuera en un vino tan barato”, recuerda.
Resumiendo, Grant quería construir con containers y quería hacer vino en Chile. De eso se trata Winebox. También del rescate de un terreno con vista privilegiada en el cerro Mariposa que habría sido ocupado por una torre si Grant no intervenía. “Justo en 2013 Casablanca y Valparaíso se sumaron como la décima capital del vino. Como enólogo me preguntaba ¿por qué iba a venir un enoturista a Valpo si no hay tiendas ni winebars ni operadores turísticos especializados en viñas? Por eso decidí armar algo nuevo”.
Grant solo espera la patente para echar a andar su winebar con 320 etiquetas, solo vino, y solo chileno. Esa es solo una de las cosas que gracias a este proyecto ocurrirán por primera vez en Valparaíso. De hecho, el Winebox es el primer hotel de containers en toda Sudamérica. Es la obra de Grant y se nota por todas partes. La mejor experiencia que uno puede aquí es encontrarlo disponible, enganchar con él, compartir unas copas de sus tesoros (algunos creados por él mismos) y realmente aprender de vino, muerto de la risa con sus observaciones de la idiosincrasia chilena. Los pasajeros que se entusiasmen pueden bajar a las bodegas, tomar vino de las barricas e incluso pisar uva en época de vendimia. @wineboxvalparaiso

Imperdible. Los vinos de Grant Phelps, especialmente el Beso Negro.

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Augusta. “Logramos levantar un proyecto de calidad con puro talento porteño. En Augusta Apart Hotel se fusionan los de un arquitecto, un decorador y un escultor, quien realizó la obra que ‘flota’ en el patio de luz, en medio del hotel”, dice Karen Lein, su dueña.
Otra cosa que le gusta destacar a Karen es el gesto que el hotel hace al puerto en sus mejores años: “La arquitectura busca esos aires con dobles alturas, con puertas altas. La gente reconoce que el estándar es de primer nivel, con una decoración superparticular y unas vistas increíbles. Son solo seis piezas que dan a la bahía, con terrazas propias”. El cerro Alegre ha sido siempre uno de los que los turistas prefieren. Eso ha puesto un poco en peligro la tranquilidad del sector, pero la ubicación de Augusta es estratégica: muy cerca de los bares y restaurantes, pero en una zona tranquila y cuidada.
“Se atiende bajo el axioma de ser un hotel boutique y por lo tanto tratamos de ser lo más personalizados posible. No tenemos cafetería, porque cada pieza tiene cocina incorporada. Trabajamos en alianza con una cafetería preciosa a una cuadra del hotel. El desayuno, que está incluido en la tarifa, lo pueden tomar los huéspedes a la hora que quieran. Eso ha gustado, lo encuentran entretenido y conveniente”, dice Karen. augustavalparaiso.cl

Imperdible: Las vistas y los detalles escultóricos del hotel.

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Hotel Boutique Bidasoa. Todos sabemos cuán bonito y sofisticado es el Hotel Bidasoa, pero no muchos saben el nivel de los esfuerzos que ahí se hacen por ser sustentable. El interés de la familia operadora –los Sanz Raab– por la evolución de las conciencias y su visión de una empresa como el reflejo del espíritu de su gente más que como una instancia lucrativa se refleja en varias medidas.
Por ejemplo, la envolvente térmica permite disminuir hasta en un 52% la demanda térmica del edificio, así como también disminuye las emisiones contaminantes. La calefacción en invierno, refrigeración en verano y el agua caliente sanitaria todo el año funcionan a través de ‘aerotermia’, una tecnología limpia que extrae energía del aire ambiente sin recurrir a combustibles fósiles. Un dispositivo mecánico optimiza el uso de paneles solares siguiendo el sol desde el amanecer hasta el atardecer. Así se suple parte de la demanda energética interna del hotel, que además produce gas gracias a un digestor de basura, reduciendo así la basura de su actividad y produciendo fertilizantes naturales para su jardín. Todos los productos de limpieza que se usan son amigables con el medioambiente, así como las amenidades no contienen petróleo, parabenos ni ingredientes artificiales. El hotel cuenta con bicicletas para los pasajeros y los vehículos que trasladan hasta el aeropuerto son eléctricos, más aun, cuentan con una estación de carga para estos vehículos. De entre las 17 medidas ecológicas que Bidasoa ha adoptado, esta es la favorita de Andrea Sanz: “Desde hace poco podemos decir que toda la electricidad que mantiene al hotel está certificada como proveniente de una planta eólica o solar”. hotelbidasoa.cl
Imperdible: Su restaurante.

Casona (Viña Matetic) Aplausos para la reconstrucción arquitectónica que hizo Raúl Irarrázabal, también para la decoración que escogió Max Cummins. Uno camina por los perfectamente cuidados parques en torno al hotel boutique La Casona de Viña Matetic y de verdad se siente transportado a una época anterior, ¿1900? Sin caer en caricaturas, la fantasía se mantiene sobriamente en todos los espacios, pasando por el acogedor living con chimenea junto a la recepción y especialmente en las habitaciones, cada una con el nombre de una cepa, dispuestas como es típico en la casona colonial chilena en torno a un gran patio central.
Atravesando los pastos por senderos de gravilla, rodeada por una pequeña laguna con patos y peces, hay una construcción circular vidriada y con techo de tejas, recientemente remodelada por el arquitecto Rodrigo Ferrer. Ahí está Equilibrio, el restaurante del hotel. Su gastronomía busca la sustentabilidad y la excelencia en las raíces de la zona. El almuerzo se sirve en varios tiempos y cada uno es maridado con una cepa distinta de Viña Matetic, siempre muy bien explicado por quien lo lleva a la mesa. Los desayunos y cenas se sirven en otro comedor junto al wine shop, estanterías y más estanterías repletas de vinos y accesorios para disfrutar de ellos.
Esta es solo una parte del amplísimo valle del Rosario, a 50 minutos desde Valparaíso, propiedad de la familia Matetic; una tierra en el límite entre el litoral y el campo, donde se practica la agricultura orgánica y biodinámica, filosofía de esta viña, que mira al valle como un organismo vivo y sostenible. En distintos tours se puede recorrer este valle y entender la diferencia con otros métodos de agricultura. En una bicicleta, acompañado por un excelente guía, pude ver cómo los viñedos crecen de la forma más natural posible, cómo vacas, ovejas, caballos, gallinas, gansos y una alpaca adicta a las galletas deambulan libremente. Lo que se busca es un equilibrio natural y que cada animal y planta haga su trabajo tranquilo. Se reconoce a la propia tierra como más sabia y se le permite cumplir sus ciclos. El espectáculo que resulta de esa filosofía es inusual, y aunque el paseo en bicicleta es de varios kilómetros, con tramos no tan fáciles, uno no se cansa de apreciarlo. matetic.com

Imperdible: Su almuerzo con maridaje y sus tours en bicicleta o caballo.

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