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De ola y de mar

Esta casa ubicada en Puertecillo es obra de los arquitectos Jorge Manieu y Felipe Wedelés, los mismos autores del hotel Surazo, en Matanzas. Completa de madera y con una vista impresionante al océano, Jime, Nacho y su hijo Manuel habitan aquí, sueltos, juguetones, amantes del mar. Emplazada en el mismo terreno de su proyecto familiar, el hotel Pura Vida Puertecillo, la casa se mimetiza con la naturaleza y se deja llevar por el pulso de sus dueño


Jimena González (38) e Ignacio De Ezcurra (36) se conocieron en Santa Teresa, Costa Rica, justamente nadando en el mar. Ambos estaban a la espera de la ola perfecta para tomarla e irse de paseo con ella, a casi otra dimensión, tal vez una más espiritual. Y es, de hecho, ese espíritu lo que los conecta hasta el día de hoy, y es el pulso también de su casa emplazada en Tumán, Puertecillo, en la que viven junto a su hijo Manuel, de dos años y medio.
La casa también tiene mucho significado personal para ellos, significa un gran paso adelante, pues con ella se culminó la construcción de su proyecto familiar, el hotel Pura Vida Puertecillo, emplazado en el mismo terreno.
Y fue así como estos amantes de las olas y el mar se quedaron, después de un largo periplo por el mundo, a vivir aquí. “Primero vivimos tres meses en el camping de la playa de Puertecillo mientras construíamos todo el proyecto. Después nos vinimos a vivir a una de las cabañas del hotel, para luego terminar en nuestra casa, en 2014”, nos cuenta Jimena. Luego continúa: “Nuestra casa, hecha por Jorge Manieu y Felipe Wedelés, es completa de madera de pino en el exterior, y de ciprés por dentro, al igual que parte del mobiliario. Queríamos algo que se integrara con la naturaleza y de colores neutros”. La vista además es excepcional. Mientras la luz natural entra por las inmensas ventanas y tragaluces, la quebrada El Peumal, con dos cerros a sus costados, parece un embudo y el verde también comienza a entrar. Y ahí, justo detrás del embudo, el mar de fondo sobresale tenue.
En cuanto a la decoración, Jime se define como supercachurera. De hecho, desde antes de tener la casa que ella juntaba objetos, cositas encontradas en sus millones de viajes –estudió arte primero y después ecoturismo–, entre las que destacan palos milenarios del fondo del lago Llanquihue, hasta el caparazón de una tortuga olivácea que encontró en la playa en Puertecillo en el sector de Topocalma. “Estas tortugas llegan hasta Iquique máximo, y un año que se produjo una corriente del niño muy intensa se formaron corrientes calientes que llegaron hasta acá y las tortugas quedaron expuestas al agua fría y murieron, quedaron como tres, que aparecieron muertas en la playa”, detalla Jime.
Mucho color en general mezclado con la calma que entrega la madera; un lugar acogedor en su esencia, con espacios abiertos, de buena circulación y, sobre todo, amplios.

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