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Creación y obra

Cuatro códigos postales, cuatro artistas y cuatro talleres nos develan el espíritu creativo de cada uno de estos chilenos, que por aventura, destino o azar han abierto sus sentidos a un nuevo territorio.


FLORENCIA GRISANTI, PARÍS
2 Rue Buffon, Jardin de Plantes, París

Al interior del Jardin des Plantes, y junto a los dos zoológicos más antiguos del mundo, se encuentra el taller de Florencia Grisanti. Exactamente en la Grand Galerie de la Evolution, lo que fue el antiguo Museo de Historia Natural de París, restaurado por el arquitecto chileno Borja Huidobro. Aquí disfruta de un prolijo trabajo de museología, donde mezcla sus estudios de artes visuales en la Universidad Finis Terra, taxidermia en el Museo de Historia Natural de Santiago y técnicas de preparaciones anatómicas en el Taller de Anatomía Normal en la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile.

Su investigación sobre los espacios donde convergen el arte y la ciencia la instala hoy en la capital francesa. Desde el barrio Belleville, en esta colina en medio de la urbe donde reside, transita por toda la ciudad. Ferias, mercados, restaurantes, carnicerías y hasta la basura parisina la proveen de material para su obra.

CARLA FACHE, MIAMI
750 NE 124 Street Suit 2,  North Miami

Tenía 21 años y decidió buscar nuevos horizontes. Eso la llevó a recorrer EE.UU. y Europa, sin embargo fue Miami la que la atrapó. Dice que fue una señal: lugar y momento. Un mes después de su arribo encontró tirado en la calle un atril, el cual incluía todo lo que necesitaba. Son 10 años de aquello; 127 exposiciones colectivas y cuatro talleres. Pasó por Miami Design District, el Wynwood Art District (donde formó parte del grupo fundador de artistas de lo que hoy se conoce como el Soho de Miami), y su último atelier, en Nomi Art District, justo al frente del Museo de Artes Contemporáneo, MOCA. Los últimos han funcionado como atelier y galería de arte, Fache Arts Gallery, lo que le permite viajar, exponer y participar en ferias de arte junto con trabajar sus pinturas en acrílico, óleo, técnica mixta, fotografía y materiales reciclados. Sin embargo, algo que también la caracteriza es que trata de mudarse a menudo. “Así no me acostumbro y fuerzo el cambio. No es una decisión fácil, pero sí imprescindible para mi proceso creativo”, sostiene. Su intención: volver a Wynwood Art District, ideal para pintar en gran formato.

CECILIA ANDREWS, PARÍS
Usine Chapal, 2 rue Marcellin Berthelot, París

Apenas terminó de estudiar arte en la Pontificia Universidad Católica, Cecilia Andrews se fue del país. Ya han pasado 18 años de aquello y no se arrepiente. “París fue mi segunda escuela”, dice. Hoy divide su tiempo entre sus clases de fusing en el Cerfav, un centro de investigación del vidrio, y su trabajo en su taller emplazado en una antigua peletería, la Manufactura Chapal (1857), y que desde su cierre en 1968 se arrienda a artistas, diseñadores y arquitectos. Allí, entre dobles alturas, lucarnas y montacargas, trabaja sus collages. Con múltiples bocetos y croquis desarrolla las ideas hasta llegar a simplificar al máximo el uso del lenguaje. Su trabajo no tiene como fin el de describir una situación, sino simplemente evocarla.

 

JUAN CASTILLO, SUECIA
Svedje 116, Gideå

“Estoy más allá de la mitad de mi vida, como diría Zurita citando a Dante. Tengo 58 años y me siento mejor que nunca, dispuesto a empezar de nuevo”, dice. Esa constante metamorfosis y perpetuo interés por los saltos al vacío estallan de su taller en su casa de campo en Suecia. La llama el monasterio y desde allí configura su trabajo que se desprende de tres hitos: primero, conocer y ver trabajar en mi adolescencia a un artista como Guillermo Deisler. Segundo, su paso por la Escuela de Arquitectura de la Católica de Valparaíso. Solo le bastaron dos años para incorporar una manera de ver y relacionarse “con eso que llamamos el hecho estético”, dice y por último, formar parte del colectivo de arte CADA, grupo que intervenía los espacios públicos a fines de los 70 y 80, junto a Lotty Rosenfeld, la escritora Diamela Eltit, el poeta Raúl Zurita y el sociólogo Fernando Balcells. Su rutina diaria en el campo mantiene esa misma visión. La falta de límites.