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Arquitectura, Tierras Blancas, Gonzalo Claro

Conciencia del paisaje

Esta casa, ubicada en Tierras Blancas, no es solo un buen ejemplo de arquitectura contemporánea, sino un modelo de diálogo entre la obra construida y su entorno.


Tierras Blancas es un campo ubicado a 120 km de Santiago hacia la costa, cercano a Catapilco. “Es un lugar que ha reunido por años a la misma familia y en donde se han ido levantando viviendas familiares en torno a la casona original”, dicen los propietarios. Por eso, apenas los dueños de casa -que son la sexta generación en Tierras Blancas- tuvieron la oportunidad de construirse, le encargaron el diseño al arquitecto Gonzalo Claro.
Fue él quien, luego de visitar y estudiar las características de la zona, con viento que va de sur a oeste que barre constante la mayor parte del año y la escasez de agua, que no permite la presencia de árboles en altura, pensó en el diseño y emplazamiento de la construcción.
La vivienda se sitúa en una ladera de suave pendiente, encajándose entre tres espinos que se mantuvieron por considerarse valiosos por su tamaño y edad. “La propuesta se pensó más como un sistema que como una pieza conclusa; debía tener la capacidad de ser flexible en el uso y admitir el crecimiento futuro. De esta manera se definió lo que podría ir modificándose y lo que debía ser permanente”, cuenta Claro.


A partir de esta premisa, se despliega un programa que sienta sus bases sobre dos pabellones que se disponen paralelos con orientación norte-sur: “el espacio entre pabellones acoge el cuerpo de acceso y un patio interior que actúa como centro, desde donde se desarrollan los recorridos a los diferentes recintos”, suma el arquitecto.
La vivienda se entiende a partir de la definición de tres horizontes, asignando un material a cada uno. “El primer horizonte lo constituye un zócalo de hormigón que define el contacto de la obra con el suelo, generando un plano elevado que reconoce la pendiente del terreno configurando descalces que se transforman en asientos, mobiliario y gradas. Frente al plano continuo de la cubierta, son los cambios de nivel que asume el suelo según la topografía del terreno lo que cualifica los espacios interiores. Sobre el plano del suelo se dispone una estructura de pilares y vigas de acero, generando una grilla que permite una planta libre, flexible y capaz de asumir diferentes configuraciones”, explica el arquitecto.
Como remate y para otorgar unidad, se agregaron, sobre la estructura de acero, vigas de madera laminada que fueron distribuidas uniformemente para generar una suerte de manto inclinado que genera un plano continuo “que busca las vistas lejanas y permite el paso de la luz”, concluye Gonzalo.

Arquitectura, Catapilco, Gonzalo Claro.