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La chalota, puerto varas, casa, cocina, josefina reyes

Con gusto sureño

Asumir las ganas de dejar la capital y partir a región. Intentarlo y experimentar el acierto. Esto hizo Josefina Reyes junto a su hijo Lucas al radicarse hace seis años en Puerto Varas, lugar desde donde funciona como La Chalota.


A Josefina Reyes, La Chalota, siempre le gustó el campo y, por lo mismo, la idea de armar maletas y dejar Santiago no dejaba de rondarle la cabeza. Tras cranear y creanear junto a su hijo Lucas, de 17 años, partieron a Puerto Varas. Le dijo: “Veamos cómo nos va, haces 7º y 8º allá y evaluamos”. Al poco tiempo de instalados en el Sur estaba claro que este era el lugar. “Llegamos a una casa muy rica pero poco aislada en Puerto Rosales, camino a Ensenada. La logística, en esos días, me tenía prácticamente viviendo arriba del auto; después nos fuimos a un ‘iglú’ cerca del centro –¡nunca había tenido tanto frío!–; ahora estamos asentados en Molino Viejo, casi llegando a Llanquihue”, cuenta La Chalota. El total son ya seis años.
Aunque en Santiago Josefina estudió Derecho, siempre se mantuvo haciendo “pololitos” culinarios. Cuando llegó al sur hizo andar la pyme “La Chalota”. Trabajaba medio día en un estudio de abogados en Puerto Montt y el otro medio día se lo dedicaba a Lucas y a La Chalota. “Entre el pique a Puerto Montt y todo lo que implicaba, el llegar a hacer hora para ir a buscar a Lucas al colegio, lo relativamente lejos que vivíamos y el despegue de La Chalota fue fácil darse cuenta de que ese ritmo era inviable, que estaba muy lejos de lo que vinimos a buscar al Sur. El primer cambio fue dejar la pega en Puerto Montt; luego el cambio de casa; y así, ahora puedo decir que estamos justo donde queremos”, cuenta Josefina.
Dedicada a la banquetería y los eventos, lo que más le gusta hacer a Josefina son matrimonios y eventos grandes. “Me gusta entregarles la confianza a los novios para que deleguen en nuestro equipo la cantidad de aristas que implica un matrimonio: la comida, la decoración, ambientación, iluminación, etc. Durante el año hago banquetería para celebraciones de grupos más pequeños, familias y empresas; también vendo platos preparados sellados al vacío, que entrego en distintos locales, que se calientan al horno o a bañomaría -dependiendo de la preparación- y quedan listos para servir”, cuenta.
Lo que La Chalota más valora de su vida sureña es el ritmo. “Dicen que en la Patagonia el que está apurado pierde el tiempo, y es verdad. Nadie está tan apurado como para dejar de sonreír o decir algo amable; si te tocan la bocina es para saludarte, no porque te quieren matar; a donde vayas la persona que te atiende te dedica tiempo o incluso te saluda por tu nombre. Eso me encanta. El que llega estresado se estresa solo y va a tener que saber desestresarse, porque nadie engancha con ese estrés”.
Disfruta la luz y las vistas, los caminos, “puedo ver las cuatro estaciones en un día, mis vecinos más cercanos son animales y plantas… y un poquito más allá, buenos amigos que están en la misma que uno. Tengo espacio y tiempo para dedicarle a mi hijo, a mi huerta, a mis perros, a mis amigos, a lo que me gusta”, dice Josefina.
Tiene la fortuna de trabajar con productos frescos y de buena calidad como pescados, mariscos, cordero, vacuno, cerdo, huevos de campo. “Soy bastante minuciosa para cocinar y para elegir los productos que utilizo y soy una convencida de que esos detalles marcan la diferencia. Entre los platos que más me gusta cocinar están los estofados, de todo tipo; sabrosos y caldúos, son ideales para la zona. Las sopas, caldillos y caldos también me encantan. Jugar con las especias orientales. En general me gusta la instancia que se genera alrededor de la cocina, el convocar, conversar, compartir un aperitivo, un buen plato, una copa de vino, terminar con algo dulce. Para mí es el mejor panorama. Creo que es la forma en que me resulta más fácil demostrar cariño”, concluye Josefina. @lachalota /Cuchillos y tablas @lucas_zegers

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