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Con cancha

Dónde comer y tomar en esta primavera, y por supuesto con diversión. Distintas propuestas que revelan la nueva cocina, con corazón, que hablan de un Santiago más diverso y de paladares más sabios. Aquí cinco opciones coquetas, usted elija.


La Providencia. La decoradora y diseñadora de tipografías Paula Nazal y su marido, Daniel Hernández, hicieron un viaje a Europa y recorrieron lugarcitos para buscar referencias. ¿El motivo? Abrir un bar/restaurante en Santiago en un barrio entretenido, algo bohemio e intelectual. Así las cosas, dos años después dieron con el lugar perfecto para abrir La Providencia –hace solo dos meses–, un barcito de 80 m² de fachada continua y que da directo a la calle, ubicado en Bilbao con Infante, a un costado del famoso local Ostras Calbuco. Sus socios –y un tercero, Eduardo Cid– nos cuentan que se nota que al barrio le faltaba un lugar para salir de copas, con buena música y buen look, amistoso. “Por aquí viven actores, escritores y gente del rubro, y la verdad es que desde que abrimos esto siempre se llena. Antes era un local de sushi feo, las murallas tenían martelina, el piso era de cerámica color salmón. Pero escarbamos y sacamos todo el potencial”, dice Eduardo.  Fue así como echaron abajo todo, quedaron las mesas, que eran negras y se lijaron y apareció la madera, linda. Apareció el ladrillo en las paredes y se dejó al descubierto en algunos sectores. “Lo que queríamos lograr era que fuera una casa antigua, la belleza de lo deteriorado y encontrarse con lo elegante también, tirado para la onda más de cabaret”, detalla Paula. El sillón que rodea casi todo el sector del fondo es de capitoné y de terciopelo rojo italiano. Atiborrado de objetos graciosos, como lámparas, sillas, floreros: “Fue una búsqueda con pinzas, cada cosa que hay en este lugar fue elegida una a una. Espejos de época, encontrados en casas de restauradores, en la web; hay lámparas de lágrimas, encontramos una restauradora de lámparas antiguas que dejó las estructuras de bronce originales, y se encargó de cambiar el cristal por vidrio o bien por cristal. El papel mural es William Morris, el precursor del Art & Crafts”, continúa la decoradora.
¿Y para el hambre? Antes de comenzar a comer demos paso a la coctelería de autor, de la mano de Ignacio González, que ya ha sido un hit en las redes sociales por sus deliciosas rarezas. Recomendamos el “Berry tu madre”, hecho en base a tequila, con confitura de berries, ají putamadre macerado en tequila y un poco de jugo de limón.
La carta está a cargo del cocinero Rómulo Rodríguez, es venezolano, y es capaz de cocinar todas las versiones del cerdo. “Nos definimos como cocina callejera sabrosa, muy sencilla: costillas, alitas de pollo, vienen ahumadas con una tapa, vienen a la mesa y es toda una sorpresa”. Francisco Bilbao 944.

111: Bar y cocina. Este lugar respira onda. Una noche de invierno, mientras el frío acechaba la ciudad, el baterista del grupo neoyorquino Sonic Youth visitó el 111; fue a comer y luego se animó al carrete. El 111 abrió el 1 de junio de 2018, y se ha perfilado –casi de un modo anónimo– como un restaurante que burbujea bohemia, rock y buena cocina de la mano de su cocinero y socio Patricio Lehuedé.
Emplazado justo donde termina el pop de Bellavista y comienza el rock callejero de Loreto –a pasos del Bar Loreto, de hecho Andrés Soffia, otro de sus socios, es también socio de este conocido bar–, propone una cocina honesta, trabajada con productos naturales, que viene desde el corazón de sus creadores, de sus múltiples viajes y de la Patagonia chilena. “Trabajé en Italia y en España cocinando, estuve viajando en Marruecos e India, de esas influencias me nutro y con mucha humildad trato de hacer platos que me hagan sentido. Tengo también un restaurante en Puerto Natales, Aldea, de allá traemos cordero, guanaco y liebre de la Patagonia, además del ostión magallánico, que es endémico, no se cultiva sino que es silvestre y crece bajo los ventisqueros del Campo de Hielo Sur. Se dice que filtran un poco de agua salada y dulce, tienen una nota más dulce de sabor y tienen un calibre bastante más atractivo”.
Un proyecto de tres amigos –el último, Mauricio Rodríguez– que tomó una casa del barrio de 1903, de techos altos y vigas a la vista. ¿Y para tomar? Bárbara Castellón es la mixóloga que lidera la barra y, por supuesto, ricos vinos: “La Perla, es un tinto de la viña Bisogno, un viña pequeña de la cepa país carignang, un ensamblaje; ofrecemos por copa, abarca un espectro de comida bastante amplio, por eso lo recomendamos”, termina Patricio. Loreto 111.

el cóctel estrella de la casa: ‘Berry tu madre’, hecho en base a tequila, con confitura de berries, ají putamadre macerado en tequila y un poco de jugo de limón.

Restaurate: La Pulpería. Como en la casa de la abuela. Un restaurante que no tiene cartel afuera ni marketing usual, solo funciona con la ayuda del boca en boca y un poco de la voz de las redes sociales. Es una casa de fachada continua a puertas cerradas en el medio del barrio Matta; se toca el timbre, y solo se puede entrar viernes o sábado en la noche, con reserva previa. A su mando está el cocinero Javier Avilés, un viajero insaciable que acaba de llegar a Chile luego de un periplo de 15 años. Se instaló en Buenos Aires la mayoría del tiempo, donde aprendió, miró y experimentó en varios restaurantes; según él, la cocina no se estudia, se aprende haciendo. “Aunque suene cliché, me apasioné por la cocina por mi abuela. La Pulpería funciona como restaurante a puertas cerradas, y siempre será así. Somos un bistrot, una cocina de autor, donde trabajamos con productos de la zona y de estación, y también con algunos que me traigo de viajes o de pequeños productores que van ofreciendo sus cosas. Por ejemplo, si viene uno y toca mi puerta ofreciendo longanizas que están perfectas, las aceptamos y hacemos algo con ellas. Vamos cambiando los platos cada dos o tres semanas, estos constan de tres entradas, los principales siempre tratamos de que sean cuatro: una carne, un vegetariano, un pescado, una pasta u otra opción similar. Siempre hay una lógica, trabajo con muchos braseados, que son cocciones largas; trabajo con máquinas selladoras al vacío y también con un sous vide que es un proceso largo con una temperatura más baja de cocción”, detalla Javier.
Y el lugar, tal como lo dice Javier, es alborotado. Lleno de ‘cositas’, cachureos bonitos, colores brillantes y bien puestos. Un lugar con lo justo, que no pretende ser algo que no es. Una cocina simple, a la vista, una casa antigua de barrio que espera a sus comensales con alfombra roja, a la antigua usanza. “El lugar tiene una capacidad para 35 personas, que las hacemos rotar en dos turnos, uno a las 20 hrs. hasta las 22.30, y otro que comienza a partir de esa hora. La cocina es simple; hay un plato que es la polenta cremosa con osobuco braseado que la gente se chupa los dedos. Trabajamos con una bodega orgánica de vinos, Bendito Vino; tenemos cerveza artesanal llamada Raíces, infusiones de yerba mate y jugos naturales. Cuando llega la gente le damos regalitos, como por ejemplo una sopita de calabaza o tomate para que se sientan en casa”. Facebook pulperiasantaelvira

Jardín Mallinkrod. Notición. Los dueños del ya conocido Jardín Mallinckrodt –los ‘jardineros’, como se hacen llamar ellos– abren un nuevo local/espacio que sigue la misma línea del Jardín, esta vez con nuevas apuestas: el lugar es también galería de arte, sin fines de lucro, y además sus socios ponen hincapié en la música en vivo, sobre todo en las bandas emergentes. Queda en Bellavista, y esto es lo que nos dice al respecto Álvaro Fosk, uno de los socios: “El espacio es como los beergarden que existen en Miami. La decoración es llena de arte, potenciando el street art, mucho neón, mientras que el jardín se perfila como uno seco, con suculentas y cactus, todo como si fuera una fábrica antigua”. El espacio es un exlaboratorio abandonado, y la idea de ser galería de arte sin fines de lucro también es super interesante. “La idea es que nosotros prestamos el espacio a artistas emergentes que quizás no tienen la oportunidad de entrar a galerías más establecidas, y la venta va directamente al artista, no hay comisión de por medio. Por lo tanto el arte es más asequible para toda la gente, actúa como una nueva plataforma”.Y así, con varias cosas pasando al mismo tiempo en un mismo lugar, no podemos dejar de mencionar sus restaurantes: primero, Venice, de hamburguesas y hot dogs; el segundo, Sushi 170, de comida nikkei; el Wicked, de sándwiches gourmet; el Chorrillano, donde nos deleitarán con chorrillanas de distintas partes del mundo. Y por último, Chabuca, de comida peruana, además de su cafetería Nuna. Esta apuesta abrirá a partir del 9 de octubre. Dardignac 022.

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Bar Trafalgar. Con el desafío de darle nueva vida al bar que ya existía en el hotel Crowne Plaza, a pasos de Plaza Italia, la arquitecta socia de la oficina Alemparte, Barreda, Wedelez, Besancon Arquitectos y Asociados, Amalia Barreda, se encargó de su completa remodelación. En su oficina ella preside el área de arquitectura interior, por lo tanto tiene bastante experticia en interiorismo en hoteles, razón suficiente para tomar decisiones importantes, en un lugar importante. Entonces se propuso refrescar el espacio, darle una temática más moderna de líneas simples, con inspiración urbana, cálido, y romper así con la idea de que el bar era anticuado y de maderas oscuras. Otro punto importante es que cada día aquí se hacen sus famosos happy hours, conocidos ya por la gente que trabaja en los alrededores del hotel; existe un piano, desde hace años, y un cantante viene para tocar música en vivo diariamente. “Cuando hicimos el concepto del diseño el piano fue el punto central del layout. Le hicimos una pequeña tarima para darle importancia y sobre él cuelga una lámpara imponente. Lo demás quisimos hacerlo como si hubiese distintas ‘situaciones’ en el mismo bar; si quieres tomarte un trago en las mesitas del fondo con más intimidad, o también están los sofás más relajados, o la mesa central para grupos más grandes. Por otra parte, existe un mix de texturas y materialidades; por ejemplo, se trabajó con distintas cubiertas de madera que le dan distintos brillos al lugar, trabajando la opacidad y el brillo para darle calidez al espacio”, explica Amalia. En cuanto a la iluminación, se trabajó con luz cenital, y se trabajaron las gargantas del cielo que ya existían. Estas se reforzaron con led, y se cambiaron algunos de los focos. Av. Libertador Bernardo O’Higgins 136.

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