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Con acento oriental

China, Vietnam, Camboya, India, Turquía y Egipto fueron parte de los destinos que, durante 16 años, la dueña de esta casa visitó entre cuatro y cinco veces al año, por su trabajo. Su contacto permanente con esas culturas y su afición por el arte y las manualidades dieron como resultado una casa de espacios jugados y exóticos, donde la palabra minimalismo no tiene cabida.


“Mis amigas me dicen que esta casa es como entrar al juego Dónde está Wally”, cuenta la dueña entre risas, cuando intenta explicar la cantidad de objetos que ha ido sumando y coleccionando con el tiempo en los innumerables periplos por el mundo.
Encargada por más de 15 años de comprar vestuario para una multitienda, la dueña cuenta que fueron los pioneros en ir a Europa, China y la India. En ese entonces no existía la cantidad y variedad de productos de decoración que hay actualmente en Chile. “Todo ese mundo lejano, de objetos provenientes de culturas milenarias, era una novedad en nuestro país, por eso era impensable no traerme más de un recuerdo de cada viaje”. Fue así como fueron apareciendo las colecciones de hueso, las cajitas pintadas a mano chinas, los camafeos egipcios, los caftanes y las alfombras turcas, entre otras piezas.
Sobre su experiencia en el retail, la dueña cuenta que compraba para Chile en los mismos fabricantes de Anthropologie todos los accesorios. “Hace 20 años tenía que hacerse en los mismos pedidos de Europa, ya que no teníamos cantidad. Para hacer pedidos individuales solo era factible en India, en China era imposible, pero año a año fue abriéndose esa posibilidad”.
Entre todas las cosas que se trajo en sus manos en el avión durante esos años, en las condiciones más increíbles, estaban los soldados de terracota desde China. “Me compré un bolso especial, porque pesaban una tonelada, fue agotador… y seis meses después llegaron a las tiendas a Chile. Me quería morir. Era maravilloso descubrir cosas que aún no llegaban, pero duró poco, solo diez años, y de ahí nada nuevo. Internet facilitó todo. Hoy puedes traer lo que se te ocurra”, dice.
Agrega que las mejores experiencias de vida fueron con los proveedores indios. “Son gente de una calidad humana increíble, con los años alojaba en sus casas en vez de irme a hoteles. Tengo contacto con ellos hasta el día de hoy”.
Publicista de profesión, la dueña de esta casa confiesa que siempre ha tenido una clara inclinación por el arte, el diseño y las manualidades, que se ve reflejada en los distintos espacios. “Soy bien Handy Manny – dice–, de las que agarro el tarro de pintura, me pongo los guantes quirúrgicos y voy pintando todo sin ningún miedo”. Así fue como se decidió y pintó ella misma el muro del comedor negro. Me gusta ese color, porque es limpio, menos en el suelo. No se podría creer que los sillones tienen tres años gracias al negro”, afirma.

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