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Pizza de garbanzos, salsa de tomate casera y crema de cajú, camotes crujientes con ricota de almendras, palta y hojas verdes… Son solo algunas de las 152 recetas que se pueden descubrir en este libro. “La mesa” fue lanzado hace poco más de un mes y entre su concepción y llegada a este mundo pasó menos de un año. Un libro que, como dicen sus autoras, “fluyó” y que se basa en recetas vegetarianas, la gran mayoría a base de plantas, además, libres de gluten, azúcar refinada, químicos y procesados. Está divido en capítulos como “Cocina natural para todos”, “Batch cooking”, “Recomendaciones prácticas antes de empezar” o “Tablas de equivalencias, hidratación y cocción” de recetas dulces y saladas, entre otras.
Su lanzamiento fue especial, una mañana de domingo, en un lindo jardín con música y algunas delicias del libro para probar, pero había más, había una energía linda. Algo que no es que sea poco frecuente, pero en los nervios de los lanzamientos quizás se nota menos: buena onda. Aquí se respiraba. Algo pasa también cuando se ojea “La mesa”, hay amor ahí. Hay amistad y hay fuerza.
Y sí la hay porque es un libro de cocina natural, en base a plantas (exceptuando dos o tres recetas) que no busca ser dogmático ni mucho menos dueño de alguna verdad; por el contrario, que invita a aprender, que entrega herramientas, que integra a la familia, que se basa en productos en su mayoría fáciles de encontrar, es un gusto.
Augusta Alemparte, Antonia Cafati y Macarena Álvarez se cruzaron una con la otra y coincidieron. Coincidieron en cómo se vive, cómo se come y cómo se trabaja… y además en cómo debe hacerse un libro de cocina, cómo debe verse, cómo debe sentirse.
Augusta y Antonia se ‘cachaban’ porque en paralelo cada una había iniciado un camino de investigación y aprendizaje sobre cómo comer sano, se habían encontrado en algunos lugares y compartían algunos conocidos, pero el momento en que realmente se miraron y escucharon fue cuando Antonia empezó a averiguar sobre alergias alimentarias. “Las alergias de mi segundo hijo me hicieron buscar a otras madres, empecé a preguntar a buscar consejos… mujeres que hubiesen estado en la misma que yo, y entre ellas estaba la Augusta…”.
Decidieron juntarse, pero no sería una junta cualquiera, sería una junta con niños y con cocina, y ese mismo día (más o menos hace un año) pensaron por primera vez en que podrían hacer un libro. “Nosotros cocinábamos y los niños jugaban, todo fluía…”, recuerda Augusta. Ambas han recorrido un buen trecho en el conocimiento autodidacta, a uno más ‘profesional’ que más allá de la práctica permanente de un estilo de vida, suma estudios más formales en ambos casos. Ambas coinciden también en que es la llegada de los hijos lo que de alguna manera hizo evidente que este deseo de alimentarse más sano debe contagiarse. “Mover al entorno”, dice Augusta, para que sea más fácil. Y fue así que entre la primera junta en que compartieron recetas y lanzaron la idea, “podríamos hacer un libro”, llegaron a la segunda en la que armaron el índice, casi igual al final. Saliendo de esa segunda reunión contactaron a la Maca, fotógrafa que había trabajado con Antonia en la producción de otro libro de cocina y que se enusiasmó tanto como para ser parte del proyecto como socia.
Y partió el proceso de cocinar, sacar fotos, irse a la playa, cocinar y sacar fotos, volver, pasar tres días de la semana cocinando y sacando fotos. En agosto habían terminado y vino el momento de decidir dónde imprimirían. Lo hicieron en Chile, a pesar de que hacerlo en China era más barato, hacerlo aquí era lo correcto, lo elocuente.
El proceso fue entusiasta, jugado, decidieron no contar con auspicios o patrocinios, ni nada parecido que las ‘casara ’con alguna marca. Y salieron airosas.
Hoy este libro se puede comprar directo en su web librolamesa.cl y en algunos locales como Aldea Nativa, La Prensa, Alapa, entre otros.

Ser eficiente en la cocina
Hay un capítulo del libro que se llama ‘Batch cooking’, y que según sus autoras fue ‘un regalo’, un añadido que surgió cuando constataron el interés de muchas de sus seguidoras en este tema. Una metodología de cocina que apunta a usar de la manera más eficiente los recursos: tiempo, energía e ingredientes, y hacerlo para alimentarse bien. Antonia dice que la idea es cocinar una o dos veces a la semana un par de horas, o más cuando se parte, y hacerlo para toda la semana. Se pueden preparar bases para ciertos platos, o comidas enteras que se guardan y se van complementando con ensaladas frescas, por ejemplo, “organizarse es el modo de ser más eficiente y sostenible, ahorras tiempo y no botas comida, compras lo justo y cocinas lo preciso”.