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Cocina con coraje

Una transformación hecha completamente por su dueño, un fotógrafo argentino sin conocimiento alguno de carpintería. Es pequeña, pero le sacó su máximo potencial. Fue cuestión de animarse, como nos contó. Y de coraje, por supuesto. Un ejemplo de que las buenas ideas sí pueden venir por casa, con poca plata y muchísima dedicación.


Fede Paul es un genio. Fotógrafo argentino de 33 años, trabaja como freelance en el conocido sitio web Apartment Therapy; hace fotos de life style y de interiorismo. Con su ojo afinado y un gusto que explota como una bomba decidió, un día de invierno de 2016, remodelar la cocina de su pequeño departamento alquilado de 56 m² en Vicente López, en Buenos Aires. Y pensarás que contrató maestros y que tenía presupuesto, pero no. Lo hizo todo él, con sus manos y su ingenio, desde la idea, los colores y la mano de obra. Todo durante 6 meses y con no más de 600 dólares. Un capo, como dicen por allá. Sus dos convivientes, su novio Luciano y su gato Juju, son los más felices con el resultado.

Todo a la juguera
Se trata de una cocina angosta tipo pasillo de 3 m x 1, 80. Era fea, con muebles viejos, pero según Fede tenía mucho potencial. Y así comenzó a googlear ideas, ver videos en YouTube y a documentar la transformación en sus redes sociales para compartir ideas con otras personas; siempre estuvo abierto a recibir sugerencias, pues era la primera vez que hacía este tipo de trabajo. “Conocimientos formales de carpintería nunca tuve, siempre me interesó, desde chico. En la casa de mi mamá pintaba muebles y cosía, y por eso pude hacer las cortinas (de la cocina) yo mismo, y siempre me intrigaron mucho los materiales y los productos que hay en el mercado, las pinturas, lo que solucionan y lo que dan”, dice Fede.
Los muebles los compró a unos fabricantes que los hacen de pino estándar: “Yo les pedí algunas modificaciones según las medidas de mi cocina, aunque nunca fueron exactas, por eso dejé un margen y luego les hice unas terminaciones yo mismo con madera para que justamente tenga ese aspecto de cocina hecha a medida. Por ejemplo, le agregué entre la cocina y el mueble de al lado un espacio para las bandejas y asaderas. Y esas cosas fueron como comodines, y así completé los espacios”.
Luego pintó los muebles, que él mismo instaló, de color azul oscuro grisáceo: “¿Qué pasa si exploramos por ahí por el medio en cuanto al color? Para las cubiertas busqué un lugar que vendían las maderas, fue difícil encontrar la madera de este espesor (4 cm), me fui hasta la otra punta de Buenos Aires, la zona sur, a buscarlas. Son de eucalipto, les puse un barniz mate para que sean suaves. Le di un montón de manos de barniz”.
El lavaplatos y la grifería los buscó por internet, siempre buscando precios baratos. Él mismo lo instaló, fue la primera vez que lo hacía. “Me animé, era cuestión de animarse un poco, como cuando uno mira una receta y lo hace aunque no resulte tan bien”. @fedepaul