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Cecilia Vicuña: De un cielo oscuro a un futuro iluminado

Proteger la oscuridad colectivamente para velar por nuestra integridad humana. La exhibición “Minga del Cielo Oscuro”, de Cecilia Vicuña, que estará hasta el 24 de enero en el Centro Cultural de España, en Santiago, es un encuentro de saberes en torno a la presencia del cielo oscuro en la construcción de un futuro iluminado.


Dedicada, paciente, silenciosa y coherente, su trabajo es trascendental, con una conciencia que desborda luz. Cecilia Vicuña, artista nacional radicada en Nueva York, alcanza con esta muestra quizás uno de los puntos más altos, casi cósmico, del ser en total armonía e interpretación con la urgencia que apremia a la humanidad.

Todo comenzó con su participación en noviembre de 2017 en el programa de residencia Quyllur, que tuvo como objetivo vincular la ciencia con las artes, creado por el Centro Cultural de España en Santiago de Chile (CCESantiago) en colaboración con el Observatorio Astronómico de La Silla – ESO (European Southern Observatory), en pleno desierto de Atacama.

Cecilia convocó a artistas y científicos a colaborar en esta minga, en esta muestra interdisciplinaria, pensada como un encuentro de saberes en torno a la presencia del cielo oscuro para la construcción de un futuro iluminado, en donde brillen por igual la sabiduría ancestral y la ciencia. Junto a ella están artistas y científicos como Paola González Carvajal, Francisca Gili, Maricruz Alarcón, Cecilia Sanhueza, Claudio Mercado, Benjamín Gelcich, Christian Chierego, Pierre Cox, Fernando Comerón, Pedro Sanhueza, Álvaro Boehmwald, Claudio Melo, José Pérez de Arce, Patricio López, Margarita Rebolledo, Ximena Albornoz, Luciana Quiroz, la Chimuchina y Sebastián Jatz.

¿Cómo plantearnos un futuro de luz en medio de una realidad sostenida por una sociedad que se enfrenta a momentos cada vez más duros? ¿Dónde está la esperanza para ti?
Creo que la única esperanza posible es la minga, cooperar compartiendo un propósito común. En mi viejo libro “Sabor a mí” (l973) escribí: “Socialismo y tierras salvajes (poesía) es lo único que nos puede salvar”. Actuar en defensa de los derechos de la naturaleza y los seres humanos por igual. Por eso busco la confluencia entre la ciencia, el saber ancestral y la poesía. Volver al rito como resistencia genera colectividad. Cuando esas tres formas de pensar interactuaron en los dos días de apertura, con las charlas de Cecilia Sanhueza, Claudio Melo, junto a los poemas, y luego al día siguiente con las charlas de Pedro Sanhueza y Álvaro Boehmwald seguidas de una performance colectiva, se produjo una energía inolvidable en la sala. Y más de alguien me dijo al salir “me ha dado algo parecido a la esperanza”. Y ahora que los bosques del círculo Ártico, de Siberia y de la Amazonía están en llamas, como anunciaron las profecías indígenas hace tiempo, por primera vez se ve el atisbo de una movilización en defensa de los pueblos indígenas que protegen estos territorios. Sin una movilización veloz y efectiva en defensa de los bosques que generan el agua, el horror nos envolverá a todos a corto plazo.

¿Qué dimensión nos da el cielo en este momento de la historia? ¿Estamos bajo un cielo diferente al que tú tuviste en tu niñez?
¡Sí, completamente diferente! Yo crecí en un universo en el que había noche oscura. Lo que descubrimos oyendo a Pedro Sanhueza y Álvaro Boehmwald es que la noche está desapareciendo en todo el planeta. En los gráficos globales construidos con imágenes de satélite se ve claramente: ya no hay casi zonas oscuras. Por eso el 60% de los niños chilenos no saben qué es la Luna. Tampoco han visto las estrellas. La contaminación lumínica, especialmente de la luz azul de las pantallas de la TV y el celular, altera los sensores del sistema nervioso humano, insensibilizándonos. También los altera en muchas especies, llevándolas al borde de la extinción. Proteger la oscuridad es proteger una porción fundamental de la sensibilidad humana que ha evolucionado durante millones de años, y que ahora podríamos perder en una sola generación.

Tu trabajo siempre se ha fundamentado en la sabiduría ancestral, ¿cómo debe actuar hoy la ciencia para poder construir una sociedad más conectada, sabia y trascendental?
La ciencia, como la poesía, actúa sobre sí misma, y de ahí viene la fuerza que al fin se impone a pesar del oscurantismo que la niega. La forma en que la ciencia afecta al mundo también es un campo de batalla, y en su interior se está generando una gran revolución, especialmente en la biología y la microbiología, liderada por las nuevas generaciones inspiradas en el trabajo de Lynn Margulis. Su investigación rompió con el conocimiento adquirido y se opuso a la idea de la evolución basada en la competencia. Su obra enfatizó en el cambio de rol de la cooperación y la simbiosis. Escribió: “La vida es una unión simbiótica y cooperativa que permite triunfar a los que se asocian”. También alertó sobre el nuevo darwinismo que distorsiona a Darwin, y que quizás, inadvertidamente, ha servido a los intereses de las corporaciones que buscan controlar la naturaleza sin considerar las consecuencias. Un ejemplo saliente es la idea del ‘gene egoísta’, que ha llegado a convertirse en un credo. Ahora, nuevos descubrimientos comienzan a desmontar esa perspectiva y le dan la razón a Margulis. Pero aunque la frase “la supervivencia del más fuerte” ya ha sido desacreditada por la ciencia, sigue siendo la idea dominante y aún se usa para justificar el avance arrasador del capitalismo, el lucro y la extracción que destruye bosques y glaciares. Pienso que el nuevo paradigma que está emergiendo, enfocado en la cooperación, el diálogo y la escucha mutua entre la ciencia y los otros saberes como la poesía, el arte y el saber ancestral, tiene una chance de llevarnos a otra cultura, no basada en la explotación brutal de los recursos, sino en el balance.

Una minga como trabajo colectivo… ¿dónde se funda la conexión que tiene cada obra y cuál es el fin último de todas ellas vistas desde lo gregario?
Se funda en la retroalimentación y en el deseo de conexión. Los artistas y científicos que he invitado vienen realizando una labor excepcional en cada uno de sus campos. Solo hacía falta reunirlos, poner uno al lado del otro para que saltara la chispa de la belleza y poder transformador de su trabajo. Cada una de sus obras me ha afectado e iluminado a lo largo de los años, y ese gozo del encuentro, de una nueva visión, una nueva idea, es contagioso. Para mí el deseo compartido de elevar y considerar al otro como tu igual es la base de la cooperación y el cambio social que necesitamos. Ese deseo incontenible de conexión existe en cada niño que nace, y en todas las especies. Al invitarlos a participar esperé que cada uno lo hiciera desde su diferencia, desde su sueño y visión, y así sucedió. Creo que en la minga todos terminamos influenciando, enriqueciendo y posibilitando la exploración del otro.

¿Cuál es la invitación que le haces a quien visite tu exhibición?
Creo que ha llegado el momento de unir el sueño y la acción, como decían los surrealistas. Ahora hay que movilizarse. La invitación es a sentir y pensar la belleza infinita del cielo oscuro, a proteger nuestra integridad humana y la de las miles de especies que necesitan guiarse por las estrellas para reproducirse y continuar existiendo en esta tierra. También llamamos a resguardar la pervivencia de la astronomía en el desierto de Atacama, acosada por la creciente contaminación lumínica, y los hallazgos arqueológicos que nos conectan con la belleza de la muerte como continuidad. Pienso en el gran cementerio diaguita de El Olivar que la muestra incluye. Ese cementerio y sus tesoros aún no explorados corren peligro y solo podrán ser protegidos cuando haya conciencia de su valor. Lo ideal sería que un sitio de esta importancia fuera preservado y que la comunidad contara con un espacio donde recordar a sus ancestros y aprender de su pasado.
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