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“A los dos nos gusta mucho la  arquitectura moderna y las Case Study Houses” dice Eloísa para fundamentar la idea del bajo costo de la casa y agrega que proyectan comprar el terreno lindero para construir una oficina sin paredes".

Casa galpón

La artista Eloisa Ballivian vive en esta casa junto a su marido, el fotógrafo de modas Pato Battellini y sus dos hijos: Aquiles y Junio.


La estética es fundamental para Eloísa Ballivian, una reconocida artista argentina, virtuosa de la pintura que estudió diseño gráfico, trabajó durante años en publicidad y un día decidió dejarlo todo para dedicarse al arte. Sus retratos, que desde el inicio supieron “captar el decadentismo contemporáneo en una galería de chicos lindos enfermos de fugacidad”, luego mutaron hacia una búsqueda histórica en la que aparecían resabios de “esculturas antiguas y tiempos perdidos” para culminar en minuciosas exploraciones de la flora que la rodea, o tal vez, la que determina esos paisajes que pintó con delicadeza extrema. Lo que está claro, es que para ella el arte es un estilo de vida y la casa que habita con el fotógrafo Pato Battellini y sus dos hijos, lo confirma.
Para construirla, apelaron a su gusto por la arquitectura moderna, buscaron un terreno baldío en la zona norte del gran Buenos Aires e inspirados en los estudios de fotografía diseñaron ellos mismos esta casa de estilo galpón, con ladrillo de hormigón portante y losetas para los pisos superiores. El techo de chapa, a dos aguas, está revestido con el clásico matelasseado que mantiene las temperaturas tanto en el frío como en el calor, y se divide por una inmensa lucarna que funciona como principal entrada de luz para toda la casa. “De este modo, el living comedor tiene luz cenital todo el día, cosa que es ideal para cuando pinto”, explica Eloísa, señalando su espacio de trabajo: una inmensa obra a medio terminar, la mesa baja repleta de acrílicos de colores, que mueve según el horario del día.


Otras de las condiciones fundamentales a la hora de proyectar la casa, fue mantener la vegetación intacta y el espacio abierto: “No quisimos tocar la higuera de atrás ni el abuaribai de adelante que tiene más de 100 años, y después agregamos otros arboles. Además, queríamos generar un espacio único para trabajar los dos aquí mismo. En ese momento, teníamos solo un hijo y creíamos que eso era posible”, cuenta, y agrega que al nacer el segundo hijo de la pareja, decidieron separar el espacio de trabajo de Pato, mediante una oficina vidriada con aislación acústica. “Yo, en cambio, me acostumbré a trabajar en medio del caos familiar y, aunque a veces me resulta difícil, lo disfruto muchísimo”.


En el segundo piso, el pasillo abierto que balconea sobre el living, separa los dormitorios en dos esferas bien definidas: a la derecha la de los niños y a la izquierda la de los adultos, de blancura total, invadida apenas por un inmenso televisor y una esquina con obras de Eloísa. “El piso de arriba está compuesto por dos entrepisos diferentes; de este modo, mantenemos los espacios necesarios para que cada integrante de la familia tenga privacidad, a pesar de la unidad del proyecto original de la casa”, concluye Eloísa.

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